Abuelito inseparable de su esposa pasó 20 días afuera del hospital esperando que venza al Covid-19

Por Romina Garcia
22 de septiembre de 2020 3:04 PM Actualizado: 18 de noviembre de 2020 11:19 PM

Un abuelito de 73 años, de Medellín, Colombia, lleva 20 días afuera de la Clínica León XIII esperando poder ver a su querida esposa, quien fue diagnosticada con el virus del PCCh (Partido Comunista Chino), también conocido como el nuevo coronavirus y se encuentra internada en la unidad de cuidados intensivos.

El abuelo llamado Alonso Bustamante estaba muy angustiado cuando se enteró de que su esposa Rosalía, de 68 años, contrajo el virus del PCCh.

“Aquí le hicieron una prueba a los ocho días y dizque era positiva”, dijo el esposo de la paciente a RCN.

Al 26 de agosto, fecha en que se dio a conocer su historia a través de dicho medio, Bustamente había permanecido 20 días, aproximadamente 8 horas diarias rezando afuera del hospital esperando novedades acerca de su compañera de vida, quien se encuentra en la unidad de cuidados intensivos.

(Pixabay/Mishelved)

Alonso Bustamante dijo que ella “siente su presencia, aunque no se puedan abrazar”. Únicamente pueden comunicarse a través de un servicio de video llamadas del Hospital, pero eso no es suficiente para el devoto esposo.

«Debe creer que yo me mantengo aquí, diario, cerquita de la clínica esperando la reacción de ella, que ella salga bien”, comentó.

“Dan ganas de llorar a veces… por la angustia que esto te da, pero bueno, todo va pasando con la ayuda de Dios. [Yo la quiero] (sic.) tener otra vez en la casa”, dijo el abuelito con los ojos llenos de lágrimas.

La pareja lleva 55 años junta, formaron su familia en la localidad de Valdivia, conformada de 4 hijos, 11 nietos y 7 bisnietos.

Con el apoyo y al amor de su esposo, Rosalía se está recuperando, según los informes.

“Espero en Dios y María santísima, que ella vuelva a mi casa a estar juntos otra vez”, expresó Bustamente.

Sobreviviente de COVID-19 dice que recitar estas palabras le ayudó a recuperarse

Osnat Gad, residente de Long Island , sufrió síntomas de COVID-19 durante más de un mes.

Ella recibió la visita de algunos miembros de su familia, de Manhattan y se fueron de excursión. Una semana después de la visita, comenzó a sentirse increíblemente enferma.

El primer síntoma extraño que notó fue perder el sentido del gusto y el olfato. Dos días después, ni siquiera podía levantarse de la cama. Gad tuvo la sensación de que había contraído el virus.

Al día siguiente, sintiéndose aún peor, Gad solicitó atención urgente de un hospital. Allí, dio negativo por gripe estacional y le dijeron que se fuera a casa, se pusiera en cuarentena durante dos semanas y tomara Tylenol cada cuatro horas. Aunque los médicos y enfermeras aun no realizaban pruebas para COVID-19 le dijeron que era probable que lo tuviera.

Gad realizó un seguimiento de sus niveles de oxígeno y temperatura, que se mantuvieron en niveles normales. Después de una semana, pensó que había mejorado. Entonces, un día, se levantó para lavar la ropa y comenzó un “segundo ataque”.

“No podía moverme”, dijo Gad. Después de un tiempo, se recuperó y tuvo una videoconferencia con su médico, quien le dijo que había otros pacientes con COVID-19 que también tuvieron un segundo ataque después de una semana de retroceso de los síntomas.

“[El COVID-19] se quedó conmigo más de un mes, tal vez seis semanas. Si no respiraba, tal vez no podría mejorar”, dijo.

Gad se sentía profundamente sola. Aislada en casa sin nadie para acompañarla, se dio cuenta que, si dejaba de respirar por completo, ni siquiera podría pedir ayuda. No había nadie que pudiera llamar por ella.

Llamó a sus amigos para pedirles consejos. Algunos le aconsejaron respirar vapor. Nada funcionó. Entonces, una de sus amigas, Anna, le dijo algo en chino y la cabeza de Gad estaba tan borrosa que no pudo escuchar ni recordar la explicación.

Osnat Gad de Long Island pasó casi seis semanas sufriendo los síntomas de COVID-19. (NTDTV)

Anna le dijo que simplemente repitiera estas palabras: «Falun Dafa Hao. Zhen Shan Ren Hao».

¿Qué tenía que perder? Ella dijo las palabras y sintió que el oxígeno volvía a entrar en su sistema.

“Estaba muy enferma e indefensa. Confié en que mi amiga Anna tenía el mejor interés en su corazón. Sé que ella se preocupa por mí y quería que sanara. Su pasión y fuerza fue la razón por la que comencé a recitar [esas palabras]”, dijo.

Nunca imagino que recitar simplemente tres palabras salvaría su vida. Gad dijo que era como si estas palabras le enseñaran a su cuerpo a respirar de nuevo y cuanto más las decía, mejor se sentía.

Las palabras están formadas por nueve caracteres en chino que se traducen como “Falun Dafa es bueno. Verdad, Benevolencia y Tolerancia son buenas”.

Ella comenzaba sus mañanas con las palabras y las decía antes de quedarse dormida. El efecto había sido inmediato, pero ella quería seguir diciendo las palabras.

Después de lo que pareció un milagro, Gad tenía que saber qué era exactamente Falun Dafa. Así que llamó a Anna para saber más al respecto.

“Tengo que estar muy agradecida con Falun Dafa”, dijo. “Puedo decir que me salvó. Me enseñó a respirar”.

La cultura tradicional china tiene una larga historia de sistemas de “autocultivación”, o prácticas de mente y cuerpo. Falun Dafa es una práctica espiritual que se introdujo al público en China en la década de 1990, promueve ejercicios suaves, meditación y vivir según los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia para superarse a sí mismos.

Gad se dio cuenta y sintió que decir esas palabras como un mantra era una forma de “autoayuda”.

“[Decir esto] cambió completamente mis niveles de energía. No sé si está asociado o no, no soy médico, pero sé que esto me salvó, porque aprendí a respirar diciendo el mantra, ¿entiendes lo que digo? Fue increíble”, dijo.

Gad investigó más sobre Falun Dafa y se interesó por aprender los ejercicios y la meditación.

“Estoy leyendo sobre la fuerza interior que tenemos dentro de nosotros y solo depende de nosotros usarla siendo buenos humanos”, dijo Gad. “Espero poder estudiarlo profundamente”.

Gad continuó diciendo las frases todo los días y, poco después, decidió comenzar a practicar Falun Dafa: «Estoy extremadamente feliz de practicar e incorporar Falun Dafa a mi vida», dijo.»Me ha mostrado una nueva manera de ver la vida».

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