Actualización sobre las vacunas: Por qué el “Partido de la Ciencia” desprecia la inmunidad natural

Por Roger Simon
13 de Noviembre de 2021 2:40 PM Actualizado: 13 de Noviembre de 2021 4:51 PM

Opinión

Los demócratas, también conocidos como “El Partido de la Ciencia”, seguramente no reprobaron biología en la escuela secundaria.

Eso genera muchas preguntas sobre por qué ellos, e incluso el aclamado Dr. Anthony Fauci, actúan como si la inmunidad natural no fuera la mejor inmunidad contra el COVID-19, una inmunidad eficaz contra muchas enfermedades, incluidas las infantiles.

En caso de que se haya perdido la biología de la escuela secundaria y haya estado viviendo bajo una pila de rocas del tamaño del Everest, la inmunidad natural son las defensas que genera el cuerpo después que vence por primera vez un agente patógeno y que evitan que se contraiga esa enfermedad de nuevo.

Si esto es un regalo de Dios, un producto de la evolución para la supervivencia de las especies, o ambos, eso no lo determino yo. Sin embargo, la inmunidad natural funciona, y hay muchas pruebas de que funciona varias veces mejor que las vacunas, incluidos, más recientemente, estudios de esos adversarios de siempre, Israel y Qatar. También es algo de puro sentido común.

Ese momento, hace unos meses, cuando se le preguntó a Fauci sobre la posible superioridad de la inmunidad natural y fingió no haberlo pensado, se sentía en el aire que era una mentira tan peligrosa como sus muchas evasivas sobre su colusión con China para hacer la investigación de ganancia de función, lo que posiblemente es aún peor.

Para los niños en particular, cuya tasa de muerte por COVID roza lo inexistente, los riesgos de efectos secundarios (miocarditis, pericarditis) de las vacunas eclipsan los riesgos del propio COVID.

Esos niños, si llegaran a tener COVID, tendrían los síntomas más leves, si los hubiera, y terminarían con una inmunidad natural que a menudo dura toda la vida.

Y, sin embargo, mientras escribía este artículo, un amigo de la ciudad de Nueva York envió lo siguiente a Signal: “Los padres hacen fila alrededor de la cuadra para vacunar a sus hijos. Particularmente en los barrios blancos, en el Upper West Side, etc. Dado que hay escasez de vacunas para niños, algunos han esperado hasta seis horas, por lo que no pueden vacunarse lo suficientemente rápido. Desinformados, tontos”.

Ciertamente desinformados, y tontos también, pero también sumamente influenciables por ciertas corrientes. Estas personas no querían escuchar, se negaban a escuchar información que les hiciera ver otra perspectiva, agregó mi amigo en una llamada telefónica. También dijo que a los padres se les llenaron los ojos de lágrimas cuando, pasadas las seis horas, sus hijos finalmente fueron vacunados.

Al mismo tiempo, me han informado que aquí, en Nashville, las enfermeras del hospital St. Thomas fueron expulsadas (es decir, despedidas) en la noche, sin duda para que la prensa no se diera cuenta que tal acto ocurrió porque no estaban vacunadas. Todas estas enfermeras han tenido COVID-19 y, por lo tanto, tienen inmunidad natural.

Esto es una locura aquí, en Tennessee, Nueva York y también en gran parte del país. ¿Qué pasa? ¿Qué hay detrás de todo esto?

Da la casualidad de que el miércoles por la mañana tuve el placer de hablar durante unos 20 minutos con una mujer muy cuerda: La representante Diana Harshbarger, que es la congresista del primer distrito de Tennessee.

Recién llegada al Congreso, la Sra. Harshbarger pasó décadas como farmacéutica -de hecho, farmacéutica de compuestos, lo que requiere una amplia formación y licencia- y es miembro del grupo de médicos de la Cámara de Representantes, por lo que sabe de qué habla en materia de tratamiento farmacológico.

Ella ha liderado la lucha a favor de los anticuerpos monoclonales, que son uno de los tratamientos más exitosos contra el COVID, pero que, sin embargo, es fuertemente opacado por la administración Biden.

En octubre, también presentó un proyecto de ley en la Cámara para requerir que las agencias federales reconozcan la inmunidad natural al COVID-19, la acertadamente llamada Ley de Inmunidad Natural.

El bagaje de Harshbarger me hizo preguntarle ¿por qué el “Partido de la Ciencia” ignora la inmunidad natural y favorece la orden de vacunación?

“Cuando se trata de los derechos individuales de las personas para controlar lo que ponen en su cuerpo, nadie debería decir que tienes que hacer eso. Esa es su libertad individual la que le están tratando de quitar. Es lo que le está sucediendo a nuestro país en la pérdida de nuestros derechos durante los últimos nueve meses, sin mencionar este mes”, respondió la diputada Harshbarger.

“Están tratando de dominarnos, de quitarnos el acceso a la energía. Ya no somos independientes en términos energéticos. Dependemos de países extranjeros. Estamos dejando entrar a los ilegales a montones. Y ahora se van a empezar a racionar las cosas”.

Y luego la congresista llegó al quid de mi pregunta: “Todo lo atribuyo al control. La orden es solo una parte del proceso de controlar la narrativa de la forma en que nuestro país va. Todo se trata de control”.

En efecto, lo es. Le dije a la congresista Harshbarger que no podía estar más de acuerdo. Todo tiene que ver con el control. Tiene poco o nada que ver con la medicina o la salud, aunque esas personas que hacen cola en el Upper West Side no se den cuenta.

Y hablando del control, la manipulación de la ciencia con fines políticos no es nada nuevo. En particular, Stalin lo hizo, llamando a la genética occidental una “pseudociencia burguesa” y encarcelando a 3000 científicos por cuestionar el trabajo de su leal científico comunista, Trofim Lysenko.

¿Podría suceder algo así aquí? Cerca de 3000 médicos en este momento, en oposición a la línea del partido de los CDC sobre el COVID ya han sufrido profesionalmente, aunque, que yo sepa, no han ido a la cárcel.

Una vez más, tengo que estar de acuerdo con la representante Harshbarger, quien terminó nuestra conversación telefónica con una nota más optimista diciendo: “¡No puedo esperar hasta las elecciones del próximo año!”

APÉNDICE: Hablando de los héroes del nuevo año de la peste, como muchos otros, he estado siguiendo las publicaciones de Alex Berenson, que ya saben que son perspicaces, tanto que ha sido vetado en Twitter. Ha tenido la gentileza de enviarme un ejemplar anticipado de su próximo libro “Pandemia”, que reseñaré para The Epoch Times cuando se publique a finales de mes.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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