El arte ancestral de la escritura de Lu Ji: emblema de verdad y sabiduría que trasciende el tiempo

Por alejandra.palacios
10 de Septiembre de 2019 Actualizado: 10 de Septiembre de 2019

La civilización china se ha caracteriza por su antigua cultura inspirada en lo divino y en cada dinastía un hombre sabio dejó un legado de enseñanzas. En el caso de Lu Ji, su sabiduría se manifestó en la escritura, en la belleza de su trazo y en cada poema y poesía. Sus entendimientos sobre cómo debe  ser cada verso y cada prosa, superan la escritura y gramática convencional.

El “Arte de la Escritura” o “Wen Fu” de Lu Ji, obra maestra del autor chino en el siglo III, considera a la literatura como una expresión de retorno al origen de la verdad y al legado dejado por sus ancestros, que puede no solo ser transmitido a través de las palabras escritas sino también usando los vocablos de la música, la pintura, la danza y el teatro.

En efecto, el término wen en chino, según el traductor del libro Sam Hamil, tenía un significado muy amplio, que comprende desde el arte de la literatura hasta el arte plástico y figurativo, todo como una expresión integral.

Lu Ji pone al autor de una obra en el centro del Universo, que va “nutriéndose” de las obras del pasado a las que llama “tesoros”. Destaca que recitando los clásicos logra hablar con la “clara virtud de los antiguos maestros”.

“El poeta que está al centro del Universo contempla el enigma y se nutre de las obras maestras del pasado”, escribió Lu Ji en el capítulo “El primer Impulso”.

“Cuando estudio las obras de los maestros”, dice el primer verso. Manifestando la importancia de la preparación. “Solo entonces la voz interior puede aclararse”, continúa. “Es como ir a la deriva en un lago celestial”.

La función es “reportar palabras vivas” y es de allí donde proviene la inspiración, explica. A su vez agrega que los escritores “metemos imágenes y palabras” y entre ellas van aquellas “ que no son cosechadas por las generaciones precedentes”.

“Grullas en otoño e hibisco, dinastía Ming”, de Lu Ji. (Museo del Palacio Nacional, Taipei/Wikimedia Commons/ Dominio Público)

La literatura china se destaca por el estudio de las obras maestras del pasado académico de cada erudito. Su minucioso aprendizaje era necesario para incluso ser parte de la corte del emperador. Pero  con el tiempo y a medida que los altos cargos eran ocupados por personas sin conocimientos, de dichas obras maestras, dejó de ser una exigencia para ocupar los altos cargos en los palacios y la escritura clásica china fue decayendo.

Por ejemplo, en la poesía, los antiguos sabios chinos aprendieron la rima y sus combinaciones para enaltecer las palabras en un sonido perfecto que llegaba al alma de quienes las escuchaban.

Las siguientes generaciones usaron la poesía en prosa con métrica irregular y fueron perdiendo el hábito de su estudio original y práctico. El mismo Lu Ji escribió poesía en prosa.

“Cuando se talla el mango de un hacha con un hacha el modelo está a la portada de la mano”, exclama Lu Ji, en una de sus frases más citadas, al considerar los antiguos libros como fuentes de todo conocimiento.

Él además resaltó la “lengua eficaz”, para tener un real efecto en el lector. “Ya que lo bello se distingue siempre de lo banal y lo bueno de lo mediocre”. Habló de las palabras activas y vivas, así como también describió los cinco criterios de una buena obra.

El arte de la escritura. (Crédito: SM Yang/ La Gran Época)

En su libro, Lu Ji dio una serie de pautas para que el lector pueda transportarse en su viaje por la escritura.

“Solo escribiendo y revisando y revisando otra vez se logra el discernimiento necesario”, considera Lu Ji, reconociendo que “comprender eso puede ser fácil, pero corregirse en la práctica es difícil”.

Seleccionando las palabras

Lu Ji ofrece primero “elegir las palabras ordenando los pensamientos y las ideas”, y asegura que  cada elección “es hecha con cuidado y está dotada de sentido a la medida”.

“Los pensamientos oscuros se presentan a la luz de la razón, sus ecos son seguidos hasta la fuente”, indica el poeta. Es así que cada idea viene analizada con esmero y pasa por un estricto escrutinio. Para el escritor chino ninguna idea surge al azar, todas luego son elegidas por el autor.

Lu Ji habla de dar entonces “el justo nombre a las cosas”, asegundando que “la verdad es el tronco del árbol, el estilo da el buen follaje”. El poeta además denota que “emoción y razón no son dos, se necesita leer cada esbozo del sentir”.

Para esto Lu Ji recuerda además que para expresar en palabras “la verdadera felicidad” se deben resaltar las risas y “en el dolor”, se debe identificar cada suspiro”. Sin embargo, reconoce que muchas veces los escritores “nos quedamos en silencio, mordiendo el lápiz”.

(Wang Shuang-K’uan/La Gran Época)

El autor cuando realiza su obra, comienza “desde un pequeño ángulo”, de lo que se está observando y de donde nos encontramos con lo que él llama, el “espacio infinito” y “un diluvio de palabras”, que “son vivaces”, son “fragantes” e “ilustran siempre más al fondo” de la cuestión a tratar.

“De no ser, nace el ser, del silencio, el escritor genera una canción”, manifiesta.

Lista de géneros

En el siglo III, y mucho antes, los diversos géneros literarios estaban muy definidos y es así que Lu Ji mencion que “un escrito puede asumir cualquiera, entre las miles de formas”.

“Frases y palabras se entrecruzan entre ellas, pero la mente es quien manda”, destaca el autor chino. Esto lo menciona en diversas partes de su obra, observando que las ideas y sentimientos que surgen pueden venir de cualquier lado y estas deben pasar por el filtro de la mente del escritor, quien las controla.

Para cualquiera de los géneros elegidos, Lu Ji ofrece algunas pautas:

  • Cualquiera que sea la forma, todas se oponen al mal, ninguna ofrece esta licencia al escritor.
  • Otra pauta que da Lu Ji es que “para articular la razón”, se debe hablar con la “esencia de la lengua” y evitar la verbosidad que puede significar falta de virtud.
  • “Obligado a estar entre lo que vive y lo que no ha nacido, el escritor lucha por conservar profundidad y superficie”.
  • “La gran escritura colma de esplendor los ojos de quien lee y rinde límpidos los valores”.
  • “Si la palabra es confusa, aquello no se logra, solo una mente clara moviliza la lengua”.
  • “La lírica (shi) articula la muda emoción, las prescripciones requieren simplicidad, la elegía contiene tramas de dolor, los poemas ming deben ser simples, pero de grandes significados, los tratados (lun) deben ser sutiles, fluidos y cuidados, los memoriales (zou) simples y con fina elegancia y la disertación (shio) debe ser fulgida”, aseguró el autor chino.
Caracteres chinos: un ejemplo de un shell de Oracle con inscripciones de los primeros caracteres chinos. (Wikipedia/Dominio Público)

Armonía y revisión

Lu Ji estima que el escritor debe captar el arte de lo sutil, el lenguaje bello y lo verdadero: “Si es verdad que las emociones son a menudo caprichosas, la indulgencia es autodestructiva”.

Según el autor, “Reconocer las ondas es como abrir el bloqueo de un río”, y asegura que “No conocerlas es como aferrar la cola para gobernar la cabeza de un dragón”.

Lu Ji además de escritor y poeta fue un soldado y las revisiones de sus textos las comparaba con la inspección de un general a sus tropas, “en los particulares más detallados”, explícita. “Solo si la revisión es precisa la construcción logra ser sólida”.

La clave y originalidad

Si bien la lengua puede ser bella y el razonamiento recto, las ideas pueden revelarse insignificantes. Si las frases son extensas, el autor chino recuerda que las palabras deben ser muy bien seleccionadas, los verbos muy bien controlados y se tiene que mantener la estructura. Si es necesario, recomienda revisar y nuevamente revisar y rehacer.

Carácter chino para Poesía: Shī (詩)

Respecto a esto, Lu Ji enseñó que “la composición debe conmover al corazón como la música de un instrumento multicuerdas”, ya que es la clave para la originalidad. “No existen ideas nuevas, solo ideas en que usamos de lo clásico”.

Lu Ji compara esto a un tejido que sigue un mismo orden que el de los antepasados, continuando la misma trama, pero agrega, entonces debo. “renovar mi tela”.

“Allí donde la verdad y la virtud son amenazadas, debo estar pronto a renunciar incluso a mis joyas preferidas”, resaltó el poeta.

Los cinco criterios

Para Lu Ji los cinco criterios de una obra son: la música, la armonía, la verdadera emoción, la medida y el cuidado particular. Ninguno por si solo de estos criterios puede lograr una buena obra.

“Si se compone con flojera o indulgencia sobre sí mismo la música será, pero ninguno la encontrará bella”. Para el autor la nota desarmónica resuena desentonada.

“Se puede hacer música y faltar de cualquier armonía”, pero no es lo que se busca.

A su vez puede haber música y armonía sin tener una dirección, definición y entonces “fallar en la propia misión”.

Otras veces sucede que “el mal músico suena más fuerte para esconder las imperfecciones”. Contra ello, Lu Ji propone la justa medida, argumentando que “falsos sentimientos son una bofetada a la gracia, en plena cara”, advierte.

“Ni siquiera el sentir disciplinado conduce a alguna parte, si no es acompañado además del cuidado particular”, afirma como quinto criterio.

Lu Ji, “El arte de la escritura”. (Crédito: Wikimedia Commons/ Dominio Público)

Pero esto no basta para el autor del siglo III, todo debe ser en “la justa medida”.

“Solo cuando la poesía sea libre de las falsas emociones y de la confusión las pasiones entrarán en la justa prospectiva”. “Solo con la justa medida, las manos de las danzadoras se mueven con la melodía y las voces se alzan o bajan con la música”.

Finalmente Lu Ji destaca cómo utilizar la gramática:

“Tomo las reglas de la gramática las guío hacia una buena lengua, las tengo estrechas en el corazón y en la mente”, y recomiendaba saber qué cosa es y no re trata de “una simple moda” y qué cosa los antiguos maestros “tenían en gran estima”.

Cangjie fue enviado a China desde los cielos para crear la escritura china. Nació con cuatro ojos. Este retrato de Cangjie. (Crédito: Biblioteca Nacional de Francia/Dominio Público)

Obras maestras

Mientras las obras brillantes en su época eran comunes, expresa Lu Ji, las obras maestras no lograban “colmar la pequeña cuenca de mis manos”.

“Infinito como el espacio, un buen trabajo reúne Tierra y Cielo proviene de la nada, como aire a través del manto.

“En el deseo de hacer cantar cada palabra, el escritor se angustia, nada es nunca perfecto, pero ningún poeta puede permitirse quedar como satisfecho”, decía Lu.

El texto Lu Ji, Wen Fu, fue traducido por Sam Hamil y publicado en 1991 y 2000 por la Edición Milkwood de Estados Unidos. La editora italiana Ugo Guanda publicó la traducción de Anna Rusconi en 2002. Puede haber muchas otras traducciones en diversas lenguas.

Sam describió que Lu Ji después de su vida como soldado, ante la invasión del norte, junto a su hermano menor se refugió en Hua Ting donde dedicó 10 años al estudio de los clásicos chinos de línea taoísta y budista.

Lu Ji escribió el texto “Dialéctica de la destrucción”, ilustrando las causas del colapso del Imperio Wu, evaluando una incompetencia e indulgencia generalizada en la clase del poder como posibles causas. A pesar que le podía costar la vida, para Lu Ji, la verdad estaba ante todo, expresada en “la justa medida”.

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