Beijing instrumentaliza el sistema de la ONU

El régimen incrementa la influencia antiliberal a nivel mundial a través de pequeñas donaciones
Por Anders Corr
21 de Noviembre de 2021
Actualizado: 21 de Noviembre de 2021

Análisis de noticias

Beijing aprovecha hábilmente las organizaciones internacionales para maximizar su creciente influencia, según un nuevo estudio. Las contribuciones financieras del régimen a estas organizaciones son pequeñas, selectivas y dirigidas a obtener el máximo beneficio.

Sin embargo, el régimen de Beijing busca presentarse como un integrante responsable de la comunidad internacional. Incluso cuando comete múltiples genocidios, según la definición de la ONU, y amenaza con la guerra a Estados Unidos y a sus aliados, Beijing instrumentaliza las estructuras de votación democráticas en las organizaciones internacionales mientras niega esas estructuras a sus propios ciudadanos.

El análisis a un nuevo informe publicado por el Centro para el Desarrollo Global (CGD) revela que las contribuciones de China están estrictamente controladas y son selectivas para que generen un máximo rendimiento, en contraste con las donaciones mucho más grandes y menos estratégicas de las democracias globales que se basan en los objetivos más amplios de la comunidad internacional.

Si bien el sistema de la ONU supuestamente busca promover los derechos humanos y la democracia, Beijing lo usa para negar la soberanía al Taiwán democrático, junto con otros objetivos antiliberales bajo la apariencia de la “paz y el desarrollo”.

Paz para Beijing significa continuar con los abusos contra los derechos humanos y la toma de territorio de sus vecinos sin provocar la autodefensa de las democracias del mundo. El desarrollo significa aumentar el poder económico de China, especialmente a expensas de sus principales competidores geopolíticos, Estados Unidos, Europa, Japón e India.

Como señalaron los autores de CGD, China “se ha convertido en uno de los principales donantes a instituciones multilaterales y fondos dedicados a la infraestructura y la agricultura, pero sus contribuciones a los fondos centrados en bienes públicos como el clima y la salud mundial siguen siendo desproporcionadamente bajas”.

China es la segunda economía más grande del mundo, pero por lo general se ubica entre el décimo y el trigésimo lugar en el financiamiento a instituciones multilaterales. Beijing tiene una participación cada vez mayor de votos en estas organizaciones, pero a menudo asigna contribuciones para permitir que el Partido Comunista Chino (PCCh) utilice sus “donaciones” y préstamos dirigidos a operaciones de influencia global o metas de exportación.

“Las empresas chinas, muchas de las cuales son especialmente competitivas en sectores de infraestructuras de alto valor, han tenido especial éxito en las licitaciones de los BMD [bancos multilaterales de desarrollo]”, según Scott Morris, Rowan Rockafellow y Sarah Rose, coautores del informe.

La creación en 2015 por parte del líder del PCCh, Xi Jinping, del Fondo de Asistencia para la Cooperación Sur-Sur, de USD 3000 millones, se compromete con los actores multilaterales a implementar la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Pero entre 2013 y 2018, el 91 por ciento de sus proyectos terminados fueron en infraestructura pública y económica, de la cual Beijing se beneficia debido a su Iniciativa La Franja y la Ruta (BRI) que exporta el exceso de producción industrial de China.

El líder chino Xi Jinping y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, asisten a una cumbre para la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en el Centro Internacional de Conferencias, al norte de Beijing, el 15 de mayo de 2017. (Lintao Zhang/AFP/Getty Images)

Las contaminantes y subvencionadas industrias chinas del hierro, el acero y la construcción prefabricada están produciendo en exceso, y las Naciones Unidas, en contradicción con su propia Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) están ahí para ayudar al régimen de Beijing a encontrar más mercados.

En 2017, el Ministerio de Finanzas de China firmó un acuerdo con cinco bancos multilaterales de desarrollo para promover la conectividad y la infraestructura, que se adapta a sus intentos de controlar el despliegue de la infraestructura 5G que Beijing usa para el espionaje.

En lugar de prometer donaciones de dinero y vacunas anti-COVID al sistema COVAX, como lo han hecho muchos países, las compañías farmacéuticas chinas se han beneficiado de los acuerdos COVAX para vender 550 millones de vacunas de China hasta mediados de 2022. Esto, a pesar de la culpabilidad del PCCh en la propagación inicial de COVID-19 debido a su encubrimiento inicial al brote de Wuhan en 2019, y a pesar de la mediocre efectividad de las vacunas fabricadas en China en comparación con sus contrapartes occidentales.

En resumen, China se benefició de manera desproporcionada a través del compromiso multilateral en comparación con sus contribuciones financieras, a pesar de ser la segunda economía más grande del mundo. El Banco Asiático de Desarrollo (BAD), por ejemplo, ha comprometido USD 43,300 millones para el desarrollo de China, pero Beijing solo cofinancia proyectos del BAD por valor de USD 6100 millones (más las suscripciones de capital que rondan los USD 9850 millones).

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ayudó a China en su adhesión a la Organización Mundial del Comercio en 2001, lo que facilitó su explosión económica y su modernización militar. En 2010, el PNUD también apoyó la “cooperación” Sur-Sur de Beijing, que facilita el dominio de los votos del PCCh en la Asamblea General de la ONU. En 2016, el PNUD apoyó la BRI, que promueve las exportaciones de China y los intentos de controlar los puertos que sirven a la expansión naval global de Beijing.

Dado el genocidio en curso del régimen contra los uigures, tibetanos y los practicantes de Falun Gong, así como su creciente beligerancia militar contra las democracias, cualquier persona que apoye la democracia y los derechos humanos debe tomar una posición en contra de que Beijing aproveche las organizaciones internacionales del mundo para su propio beneficio.

Para poner fin a la influencia maligna global del régimen, las entidades líderes en el sistema internacional, incluidos Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y la India, deben poner fin a su aceptación tácita a Beijing como un jugador legitimo en el campo internacional.

Lo que solía ser un gesto amistoso de inclusión y compromiso con China es ahora una complicidad inaceptable que abre las puertas para que el régimen de Beijing se aproveche de las instituciones internacionales democráticas con propósitos malignos y en contra de los valores democráticos.

Las opiniones expresadas en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de The Epoch Times.


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