El capitalismo con características chinas: reforma de las empresas estatales a través de robo masivo

08 de Agosto de 2016 Actualizado: 08 de Agosto de 2016

El proceso de privatización de las empresas estatales (SOE) de China ha sido un proceso de construir un sistema económico capitalista. Diferentes métodos de privatización conducen a diferentes formas de capitalismo. A finales de 1997, Zhu Rongji puso en marcha las reformas SOE. Esta política se llamaba “Aprovechando lo grande y soltando lo pequeño”.

“Aprovechando lo grande” significaba mantener el control sobre las empresas estatales dueñas de activos a gran escala y las relacionadas con intereses nacionales en finanzas, energía, electricidad, telecomunicaciones, transporte, etc. Después de la reestructuración, a estas empresas se les autorizó a que cotizaran en la bolsa de valores, y podían vender parte de sus acciones a los ciudadanos chinos y a la inversión extranjera. Sin embargo, el estado aún poseía la mayoría de acciones, lo que significaba que el gobierno se mantenía “apoderado” de estas empresas.

“Soltando lo pequeña” significaba permitir la privatización de las pequeñas empresas de propiedad estatal y aquellas con graves pérdidas, con el fin de librar al gobierno de la carga. La consideración de la privatización de las empresas estatales pequeñas y medianas era quién iba a comprarlas y de qué manera. En esos días, los salarios medios mensuales de los directores y gerentes de empresas estatales eran sólo unos pocos cientos de yuanes. Incluso la élite roja y sus parientes no tenían activos financieros significativos.

El enfoque del Partido Comunista Chino (PCCh) fue de ordenar a los gerentes de empresas estatales para obtener créditos bancarios, y usar las empresas de propiedad estatal como garantía para “comprar” propiedad del Estado. A continuación, les permitió a los gerentes volver a registrar las empresas estatales con sus nombres o con el nombre de un miembro de la familia. Luego, como propietarios de negocios, utilizarían los fondos de negocios para devolver los préstamos privados.

Otro enfoque utilizado era que los administradores de las empresas estatales obligaban a los empleados a adquirir una parte del negocio. Los empleados tenían que utilizar sus ahorros familiares para comprar a la empresa con el fin de mantener sus puestos de trabajo. Pero a los empleados no se les permitió participar en la transferencia de activos de la empresa. Fueron obligados a suministrar fondos para que los gerentes pudieran obtener propiedad del negocio.

Al mismo tiempo, las autoridades permitieron que las familias de aquellos en el poder adquirieran acciones en grandes empresas que cotizaban en la bolsa a través de sus redes personales. Ellos recibieron acciones gratuitas e hicieron enormes ganancias cuando los precios de las acciones subieron.

Dos Fases de privatización

La privatización de China se inició en la segunda mitad de 1997 y básicamente se completó en 2009. En 1996 China tenía 110.000 empresas estatales, y a finales del 2008 quedaban 9.700, incluyendo grandes empresas estatales privatizadas parcialmente, con el gobierno siendo el dueño de la mayoría de las acciones. La privatización se dividió en dos fases.

La primera fase, de 1997 a 2001, fue la privatización de pequeñas y medianas empresas de propiedad estatal. La mayoría de estas empresas fueron privatizadas por los directores y gerentes de empresas estatales.

He analizado 130 casos de privatización de 29 provincias y resumo varios trucos típicos y la oscuridad del proceso como parte de la investigación para mi tesis. Su enfoque era por lo general subestimar deliberadamente los activos netos de la empresa. Los gerentes luego compraban el negocio, utilizando los fondos de negocios o préstamos de los bancos o prestatarios privados y registraban la empresa con su propio nombre o el nombre de un familiar. Por último, con la identidad del nuevo propietario de la empresa, pagarían de vuelta los fondos prestados con los ingresos de la empresa. Básicamente pagan poco o nada por estas empresas estatales.

Una vista general de la abandona planta de acero Qingquan, la cual cerró en 2014 y se convirtió en una de las llamadas empresas 'zombi' en Tanghsan el 26 de enero de 2016. (Kevin Frayer / Getty Images)
Una vista general de la abandona planta de acero Qingquan, la cual cerró en 2014 y se convirtió en una de las llamadas empresas ‘zombi’ en Tanghsan el 26 de enero de 2016. (Kevin Frayer / Getty Images)

La segunda fase, de 2002 a 2009, fue la privatización parcial de las empresas estatales de tamaño mediano y grande. El método incluía cotizar en la bolsa con las empresas estatales después de la reestructuración, la transferencia de propiedad directiva, la desmutualización de los trabajadores, además de las empresas mixtas extranjeras y las empresas conjuntas con las empresas privadas. Debido a que estas empresas poseían activos a gran escala, la administración no podía permitirse el lujo de adquirir la propiedad por sí mismos. Por lo general, utilizaban los fondos de negocios para comprar acciones y distribuir las acciones a los cuadros de gerencia, así como a funcionarios y a familias que ayudaban a aprobar la cotización en la bolsa, formando un grupo de interés común. Estos cuadros de SOE y funcionarios del gobierno se convirtieron en propietarios, gerentes generales o miembros de la junta en compañías medianas y grandes que cotizaban en la bolsa sin ningún costo para ellos, y se hicieron ricos.

De acuerdo con información de dos encuestas a nivel nacional, alrededor del 50 al 60 por ciento de las empresas privatizadas o semiprivatizadas de China son propiedad de los equipos de gerencia de las empresas. Aproximadamente el 25 por ciento de los compradores fueron inversores que estaban afuera de las empresas; menos del 2 por ciento de las acciones son propiedad de la inversión extranjera; y menos del 10 por ciento de las empresas, son propiedad de la gerencia y los trabajadores. La gerencia no permite que los empleados accionistas participen en gestiones de activos y en transferencias.

Este tipo de privatización es equivalente a que los trabajadores paguen a la gerencia para que sean dueños de las empresas. Esta “reforma de empresas estatales” se podría llamar robo público y distribución de los bienes entre la directiva empresarial, las autoridades locales del gobierno y los hijos de los funcionarios públicos. En cualquier caso, las autoridades no pueden justificar legítimamente esta abusiva práctica. Divulgarlo abiertamente daría lugar a la indignación pública. Por lo tanto, el gobierno no permite que los medios de comunicación nacionales discutan la privatización y a los académicos chinos no se les permite investigar el proceso de privatización.

Quitan beneficios sociales a los trabajadores

De 1998 a 2003, cuando la élite roja se apropió indebidamente de los PYME a gran escala a través de la privatización, las autoridades cerraron deliberadamente la Oficina Administrativa de la Propiedad Poseedora del Estado durante seis años durante el crucial clímax de la privatización, para proporcionar mayor comodidad a la élite roja. A pesar de que en 2003 la oficina fue restaurada, rara vez investiga la apropiación indebida de activos de propiedad estatal.

Entre 1997 y 2005, los conflictos laborales a gran escala acontecieron por toda China provocado por la apropiación indebida de bienes públicos relacionados con la privatización. El gobierno, básicamente, apoyó a las directivas, porque los funcionarios también se beneficiaron de la privatización. Durante la privatización de China, el sistema de las prestaciones sociales originalmente basado en las empresas estatales se derrumbó. Muchas compañías le dieron a los trabajadores muy poco dinero y los alejaron. En ese momento, el PCCh utilizó propaganda diciendo que el despido de trabajadores de empresas estatales era un sacrificio necesario de la reforma. El gobierno no quería construir un sistema unificado de prestaciones de desempleo para aquellos trabajadores y arrojó el problema a los grupos directivos. Si el jefe de la empresa no quería pagar, el gobierno no intervenía. De esta manera, el PCCh eludió descaradamente su responsabilidad de proporcionar bienestar social a los trabajadores.

Los trabajadores de demolición toman un descanso después de la limpieza de un edificio abandonado en la Planta de Hierro y Acero Shougang Capital en Beijing el 28 de mayo de 2015. (Greg Baker / AFP / Getty Images)
Los trabajadores de demolición toman un descanso después de la limpieza de un edificio abandonado en la Planta de Hierro y Acero Shougang Capital en Beijing el 28 de mayo de 2015. (Greg Baker / AFP / Getty Images)

Por el contrario, durante el proceso de privatización de Rusia, el sistema de bienestar social siguió funcionando, y algunos trabajadores desempleados fueron capaces de recibir una cantidad mínima de bienestar social. El gobierno ruso nunca implementó la política de despidos forzados y utilizó incentivos fiscales para alentar a las empresas a retener a los trabajadores. Los empleados poseían alrededor del 40 por ciento de las empresas privatizadas.

En comparación con la privatización de los países de Europa Central y Rusia, la privatización en China fue el más injusto y el más despiadado. Claramente, la reestructuración económica bajo una autocracia puede prescindir de la justicia social, sin temor a la presión electoral. Para la élite, este modelo es, naturalmente, más deseable, pero el sentimiento entre el público en general es probablemente lo contrario.

Algunos estudiosos occidentales son de la opinión de que los regímenes comunistas autoritarios eran buenos para la reestructuración económica y el desarrollo económico, ya que fueron capaces de vencer la resistencia de las personas, y a China a menudo la citaron como su mejor ejemplo. Sin embargo, el proceso de privatización en China demuestra que un gobierno totalitario tiende a ignorar la justicia social, priva a las personas de sus derechos e intereses, y hace arreglos a favor de la elite gobernante.

El doctor Cheng Xiaonong es un estudioso de la política y la economía de China con sede en Nueva Jersey. Es graduado de la Universidad Renmin, donde obtuvo su maestría en economía, y la Universidad de Princeton, donde obtuvo su doctorado en sociología. En China, Cheng era un investigador de política y asesor del ex líder del Partido Zhao Ziyang, cuando Zhao era jefe de gobierno. Cheng ha sido profesor que visita la Universidad de Göttingen y Princeton, y se desempeñó como jefe de redacción de la revista Modern China Studies. Sus comentarios y columnas aparecen regularmente en los medios de comunicación chinos en el extranjero.

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