México: Cártel narco controlaba cárcel donde el motín dejó 49 muertos

12 de febrero de 2016 11:45 AM Actualizado: 12 de febrero de 2016 11:45 AM

El motín que dejó 49 muertos en el penal mexicano de Topo Chico se originó por el «autogobierno» que grupos de presidiarios vinculados al sanguinario cártel de Los Zetas ejercían dentro de la cárcel, consideró la Comisión Nacional de Seguridad.

Un encarnizado motín se produjo el jueves en la madrugada en el penal de Topo Chico, ubicado en la ciudad de Monterrey, en el que los reos se enfrentaron con palos y navajas e incendiaron bodegas durante una disputa intestina del cártel de Los Zetas dentro de esta prisión.

El enfrentamiento dejó 49 muertos y 12 heridos, entre ellos cinco graves, según datos oficiales. La pugna fue por «el autogobierno, que los criminales son los que tienen el control del centro penitenciario», dijo a Radio Fórmula Renato Sales, Comisionado Nacional de Seguridad, quien precisó que fue una rencilla «entre zetas y zetas».

El funcionario afirmó que las cárceles mexicanas enfrentan condiciones de «ingobernabilidad» y que en el 70% de las 389 prisiones del país hay hacinamiento y saturación. En Topo Chico la sobrepoblación alcanza un 100%, con 3.800 reos.

El gobierno de Nuevo León, cuya capital es Monterrey, informó que la «batalla campal» de la madrugada del jueves se desató por una disputa entre los grupos liderados por Jorge Iván Hernández Cantú, alias ‘El Credo’, y Juan Pedro Zaldívar Farías, alias ‘El Z-27’, ambos miembros de Los Zetas.

El «Z-27» llegó a la cárcel de Topo Chico hace apenas dos meses trasladado de una prisión de Tamaulipas y aparentemente quiso quitar el «control» del penal a ‘El Credo’.

«Te pica el alacrán»

En esta cárcel «nunca duermes bien porque si te quedas completamente dormido te pica el alacrán», dijo a la AFP Juan, un exreo de 28 años que hace un mes salió de ese centro de reclusión y que se refiere a que dentro del penal cualquiera puede ser víctima de un ataque.

Juan, quien por temor se identificó unicamente con su nombre de pila, esperaba el jueves por la noche noticias de su hermano, también preso en este centro penitenciario.

Con tatuajes hasta en la frente, este expresidiario asegura que Topo Chico está controlado por unos 50 reos del cartel Los Zetas, protegidos por autoridades penitenciarias «porque tienen mucho dinero» que cobran en cuotas a los presos.

Una multitud de personas, la mayoría madres, esposas o hermanas de los reos, se apostaron el jueves a las afueras del penal para saber el estado de salud de sus familiares.

Muchas de ellas, tras hacer largas filas, poco a poco fueron ingresando para poder verlos dos minutos y salir de la cárcel.

Por la tarde las autoridades pegaron una lista en una pared que daba a la calle con los nombres de 40 de los fallecidos.

Se veía venir

Muchas de las madres de los presos se enteraron de esta manera de la muerte de sus hijos. Una mujer se desmayó. Otra, fuera de sí, fue trasladada en una ambulancia al hospital.

Otras mujeres narraron que cuando pudieron ver a sus familiares presos, éstos estaban golpeados, con huesos fracturados y suturas.

«Esto ya se veía venir», sostuvo Linda, una secretaria de 25 años que estudia psicología cuyo marido está preso.

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(Foto: JULIO CESAR AGUILAR/AFP/Getty Images)

Su esposo, recluido por narcotráfico, le había dicho que se estaban «peleando el poder», y que en esas riñas «se llevan entre las patas a internos que no tienen nada que ver», agrega.

Linda dice que el jueves pudo ver a su esposo y cerciorarse de que no estaba entre los muertos, pero que tenía hinchada la cara y la ropa manchada de sangre.

Asegura que su marido, quien desde hace un año está amenazado de muerte, fue golpeado el jueves durante el día por internos que ostentan el poder dentro de la cárcel, después de que supuestamente el motín había sido controlado por las autoridades.

«Me dijo que anoche lo habían mandado matar, pero que él se escondió. Hoy tenía mucho miedo», señaló Linda, mientras esperaba con su cuñada en la parte trasera de la cárcel noticias sobre posibles traslados de reos a otros penales.

Topo Chico, ubicado en una transitada zona de Monterrey, estaba el jueves fuertemente custodiado por militares y policías.

«Adentro todo está bien feo», señala Linda. En la celda de su marido cohabitan ocho reos, «unos duermen en el piso, otros en colchonetas, la comida está pésima, las alcantarillas huelen muy mal y ves ratas pasar por ahí».

El motín ocurrió un día antes de la llegada del papa Francisco a México, quien durante su estancia en el país visitará una cárcel en Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos.

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