Caso de traición resalta la historia de espionaje militar de China contra Rusia

Por Frank Fang - La Gran Época
13 de Noviembre de 2018 Actualizado: 13 de Noviembre de 2018

Durante mucho tiempo, China ha considerado a Rusia como su aliado clave. Pero la aparente amistad no impidió que Beijing recurriera al espionaje industrial y al robo contra su vecino del norte.

Recientemente, un caso de traición que involucra a aviones de combate pone de relieve la larga historia de robo de tecnología militar rusa por parte de China.

Team29, una asociación sin ánimo de lucro de abogados y periodistas con sede en San Petersburgo, publicó en su sitio web un artículo en el que se detallaba el caso contra Roman Dmitriev, un técnico aeronáutico de una fábrica dirigida por el fabricante de aviones ruso SC Sukhoi Co. en Komsomolsk-on-Amur, una ciudad del Extremo Oriente de Rusia.

La planta, anteriormente una compañía independiente llamada Komsomolsk-on-Amur Aircraft Production Association (KnAAPO) antes de consolidarse con Sukhoi en 2013, está a cargo de la fabricación de diferentes modelos de aviones de combate Sukhoi, incluyendo el Su-27, el Su-33 y el Su-35 y el Su-57, que es el último modelo disponible en el mercado conocido por su capacidad de sigilo.

Dmitriev, de 27 años, fue declarado culpable de traición y condenado a cuatro años y medio de prisión por un tribunal ruso en Khabarovsk en octubre de 2017. Ha estado arrestado y detenido desde abril de 2016.

Dmitriev fue encontrado culpable de filtrar información clasificada sobre los aviones de combate Su y otros “secretos de Estado” cuando dejó comentarios en un foro en Internet de la aviación rusa Airforce.ru. En uno de sus comentarios, escribió sobre los acuerdos de Rusia para vender aviones de combate, incluido el Su-35, a China entre 2016 y 2020, así como sobre las compras previstas de aviones Su-35 por Indonesia y Pakistán.

Team29 no indicó quién o qué país podría haberse beneficiado de la información que Dmitriev publicó en Internet.

China compró aviones de combate Su-35 por lo menos desde 2014, cuando Beijing compró 24 por 2500 millones de dólares, según la revista bimensual estadounidense National Interest. China recibió hasta ahora 14 aviones de ese pedido inicial, mientras que Sputnik News, respaldado por el Estado ruso, informó el 6 de noviembre que el resto de los aviones se entregarán para 2020.

Según el artículo de Team29, la ley rusa estipula que la información sobre la cooperación técnico-militar con otros países –en este caso, la venta de aviones a China– se considera un secreto de Estado. Cualquier revelación antes del anuncio oficial, como de lo que se acusa a Dmitriev, podría perjudicar la seguridad nacional de Rusia. Si se le declara culpable de traición, la pena máxima es de 20 años de prisión.

El tribunal también acusó a Dmitriev de entregar información sobre el desarrollo del Su-57 en Rusia a una persona identificada por el tribunal como agente de inteligencia israelí.

Dmitriev comenzó a trabajar en KnAAPO como mecánico antes de ser ascendido a tecnólogo en el departamento de fabricación. Según el artículo de Team29, Dmitriev no tenía la autorización necesaria para acceder a los documentos secretos de la empresa, sino que los obtuvo a través de una red corporativa. Otro empleado puso esos documentos en la red.

El Team29 observó que otros dos usuarios del foro online fueron detenidos por traición en 2018.

Espionaje militar chino

Aunque no hay indicios de que el último caso de traición haya sido dirigido por el régimen chino, Beijing tiene un historial bien documentado de robo de tecnología militar de Rusia desde la década de 1990.

El robo más notable involucró al Su-27, cuyos derechos de producción fueron vendidos por Rusia a China en 1996. Sin embargo, desde entonces, los rusos afirmaron que Beijing violó el acuerdo de licencia para producir versiones sin licencia, falsificadas, mediante ingeniería inversa y modificación del hardware original. Eso incluye el J-11 de China, cuyo diseño se basa en el avión de combate ruso, según National Interest.

Recientemente, también se acusó a China de copiar aviones civiles rusos. La empresa conjunta detrás del avión de pasajeros CR929, un modelo construido mediante una cooperación conjunta entre China y Rusia y presentado en el Zhuhai Airshow, en la provincia de Guangdong, en el sur de China, el 7 de noviembre, fue acusada de plagio por la empresa rusa de diseño OKB Atom, según el periódico en línea ruso Vzglyad. Si bien United Aircraft Corp. de Rusia y la estatal Commercial Aircraft Corp. de China establecieron una empresa china para el proyecto, OKB Atom alegó que el diseño CR929 de la empresa fue robado de sus propios planos, que habían sido presentados para otro proyecto de avión de pasajeros chino en 2016.

También hubo algunos casos de espionaje descubiertos por las autoridades rusas que beneficiaron a Beijing.

En junio de 2012, un tribunal de San Petersburgo condenó a dos profesores, Svyatoslav Bobyshev y Yevgeny Afanasyev de la Universidad Técnica Estatal del Báltico, a 12 años y medio y 12 años de prisión, respectivamente, según el sitio ruso de noticias Gazeta. Bobyshev fue encontrado culpable de “cometer alta traición en la forma de dar secretos de Estado” a China; Afanasyev fue su cómplice.

Los profesores fueron acusados de dar a los oficiales de inteligencia chinos información sobre el sistema de misiles balísticos Bulava de Rusia, que es utilizado por submarinos rusos, a cambio de 7000 dólares. Ellos transmitieron la información durante sus viajes a China para dar conferencias en la Universidad Politécnica de Harbin entre 2007 y 2009, ubicada en la provincia de Heilongjiang, en el norte de China. Comenzaron a dar conferencias en Harbin en 2003 y fueron arrestados en 2010.

En octubre de 2011, el servicio de seguridad ruso FSB reveló que había arrestado a un presunto espía chino llamado Tun Sheniyun un año antes, por haberse hecho pasar por traductor para obtener información sobre el sistema de misiles antiaéreos S-300 de Rusia, según The Guardian. Rusia había vendido y entregado 15 sistemas S-300 a China en 2010.

Ruslan Pukhov, analista de defensa y director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías con sede en Moscú, informó a The Guardian que el caso de Tun fue probablemente el resultado de que Beijing tuvo dificultades para clonar el S-300 y quiso conseguir más documentos sobre el sistema de misiles.

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