Antigua China: cuando la sociedad se regía por la música y los rituales

Por Leo Timm
06 de Marzo de 2020
Actualizado: 06 de Marzo de 2020

Una de las primeras piezas registradas por la literatura china es el “Clásico de Poesía”, una colección de canciones y versos de la dinastía Zhou de 3000 años de antigüedad. Compilado por Confucio, es considerado uno de los cinco grandes trabajos eruditos chinos.

El primer poema, “Grito de las águilas pescadoras”, describe el matrimonio del rey Wen, el primer gobernante Zhou, con la reina Tai Si. Flautas, tambores y campanas guían a la pareja real hasta su casamiento, que se entiende ha sido ordenado por Shang Di, el emperador de los cielos.

Confucio admiraba los primeros tiempos de Zhou (1046 a. C. – 770 a. C.) por su gobierno virtuoso y cultura recta, expresados en el mantenimiento del ritual o de la formalidad, conocido en chino como “li”. Para los chinos tradicionales que veían a la familia como la unidad básica de la sociedad, la prosperidad de una casa Real o Imperial dependía de su matrimonio. Se decía que un sabio gobernante semidivino de leyenda china, Fu Xi, había establecido la civilización mediante la creación de ritos matrimoniales.

El libro de los ritos. (snowyowls/CC BY-SA 2.0/WikimediaCommons)

El término “Li”, que abarca el ritual, la formalidad y la etiqueta es la tercera de las cinco virtudes cardinales enseñadas por Confucio. Este ideal se ve a menudo examinado junto con la teoría musical china, según consta en los textos conversacionales compilados por los discípulos del sabio.

Las otras cuatro virtudes cardinales son la benevolencia, la rectitud, la sabiduría y la fe. Lo que diferencia a li de las demás, es su énfasis en la conducta humana, comparándola con la cultivación de las virtudes más abstractas o intrínsecas.

El cimiento de li, así como el de la piedad filial, se encuentra en la veneración de los cielos. Desde la dinastía Zhou, unos 500 años antes de Confucio, los chinos adoraban a Shang Di, una deidad del cielo cuyo título se traduce como Señor en lo Alto y al que algunos misioneros cristianos en China llaman simplemente Dios.

Guiando al pueblo por medio del ritual y la música

Conjunto femenino de instrumentistas tradicionales. Antiguo grabado de la dinastía china. (Dominio Público/WikimediaCommons)

Igual que el teatro occidental se desarrolló a partir de las antiguas fiestas griegas celebradas en honor de los dioses; la etiqueta y la música de China, se originaron en los ritos religiosos destinados a preservar los lazos entre el reino humano y el divino.

La música jugaba un papel central en los ritos religiosos chinos preimperiales, así como en la cultura popular. Mientras que en el idioma chino vernáculo moderno de hoy, li se utiliza como un término general que se refiere a la etiqueta y los modales, en la comprensión clásica abarcaba todo el panteón espiritual del cual la música era una parte.

En la dinastía Zhou los sistemas individuales de los ritos y la música habían adquirido una importancia propia, pero se mantenían vinculados.

Confucio concibió la compilación del “Clásico de Poesía”, para enseñarle a sus contemporáneos las tradiciones y la forma de pensar de la gente y de los gobernantes de Zhou, por medio de sus versos y baladas. En la aristocracia de Zhou, la cultivación por medio del dominio de las artes escénicas, era parte de la vida de la alta sociedad. Los hijos de la realeza y los nobles estaban obligados a estudiar música clásica y danza desde una edad temprana.

Las elites gobernantes, dijo Confucio, harían bien en gobernar a su pueblo por medio de li y así mitigar la necesidad de leyes duras y vigilancia policial. La música, con su sentimiento indescriptible y profundo, podría ser utilizada para inculcar y reforzar los ritos entre la gente de forma natural.

La palabra “Liyue”, es decir ritos y música es un término común que se encuentra en el canon confuciano y refleja el papel que cada uno de ellos juega en una cultura equilibrada y armoniosa.

Reflexiones para el presente

En el “Clásico de los Ritos y Música”, se dice que una vez que las personas fueran atraídas por la riqueza material y la ganancia perderían su naturaleza compasiva y albergarían pensamientos de codicia, crueldad, fraude y así sucesivamente. Fue por esta razón que los antiguos reyes cultivaban la música y el ritual para regular el corazón. “Por medio de los rituales la naturaleza humana se preserva, y a través de la música se mantiene la armonía”.

En la China moderna, el el régimen unipartidario promueve oficialmente la ideología comunista. Solo bajo el Partido Comunista fueron perseguidas simultáneamente las tres escuelas espirituales del budismo, el taoísmo y el confucianismo. Aún hoy, en nombre de la “armonía social” y “el mantenimiento de estabilidad”, la represión espiritual y cultural son impuestas por una amplia gama de agencias de policía y son justificadas por voceros de la propaganda del Partido Comunista.

El precio de esta represión es la bancarrota ideológica. El ateísmo y la identidad materialista del Partido, rompen con miles de años de herencia tradicional china. Pensando en los ritos y en las odas que Confucio había admirado, recuerdo las palabras de George Orwell, quien los describió una vez como “una vitalidad que el Partido no compartía, pero que nunca podría aniquilar”.

Como se lee en una línea de la novela “1984” del autor británico: “Los pájaros cantaban; las proles cantaban también, pero el Partido no cantaba”.

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