¿Continúa China siendo comunista?

12 de Enero de 2017 Actualizado: 24 de Febrero de 2017

China tiene la segunda economía más grande del mundo y una de las mayores bolsas de valores. Modernos y altos rascacielos salpican el horizonte de Beijing, Tianjin y Shanghai. Todas las marcas de carros se pueden encontrar en las vías públicas, y los ciudadanos chinos llevan el último modelo de teléfonos inteligentes.

¿Así que la República Popular de China es un estado capitalista moderno y meramente comunista en nombre?

El Partido Comunista Chino adoptó algunos aspectos del capitalismo, pero China sigue siendo un país comunista en el fondo: El Partido controla las “Directivas más altas en la economía” y todos lo concerniente a los terrenos; mantiene controles estrictos en el discurso, la asamblea, y la creencia; y la estructura política del régimen chino es una clásica dictadura leninista.

China no habría podido disfrutar de un crecimiento del PIB de dos dígitos en los últimos años si el Partido no se hubiera apartado del socialismo puro en 1978 bajo el liderazgo supremo de Deng Xiaoping, cuando experimentaron con las reformas económicas.

A lo largo de las décadas, el Partido renunció lentamente a cierto control sobre los medios de producción, y permitió empresas privadas y empresarios. Los principales dirigentes chinos ahora se refieren a sus planes a cinco años como “directrices” en el reconocimiento de que el Partido ya no supervisa una economía de mando clásico.

Deng Xiaoping, ex líder del régimen chino. (Wikimedia Commons)
Deng Xiaoping, ex líder del régimen chino. (Wikimedia Commons)

Pero el partido maneja lo que podría denominarse una “economía de neo-mando”.

Las empresas estatales sólo pueden representar el 3 por ciento de todas las empresas de China, pero producen aproximadamente del 25 a 30 por ciento de la producción industrial total. El Partido mantiene el mando sobre la economía al tener a altos funcionarios del Partido o miembros de la familia de ser los dueños de varias industrias claves. Por ejemplo, Jiang Mianheng, hijo del ex líder del Partido Jiang Zemin, es conocido como el “Rey de las Telecomunicaciones” de China debido a sus grandes intereses y el control sobre la industria.

Las impresionantes cifras de crecimiento del PIB de China son ampliamente conocidas por ser manipuladas. Li Keqiang, el actual primer ministro chino, le dijo a un funcionario estadounidense en 2007 que las cifras oficiales no son confiables y que en cambio el miraba el volumen de carga ferroviaria, el consumo de electricidad y los nuevos préstamos desembolsados por los bancos para calibrar mejor el crecimiento económico de China.

Muchos altos empresarios chinos son miembros del Partido Comunista que sirven a una simple formalidad en la legislatura del régimen o a su órgano consultivo político. Parte de la razón es una política del Partido para incorporar a las élites empresariales chinas, pero los empresarios se unen de todas formas porque la afiliación al Partido garantiza la ventaja en los negocios.

Y de acuerdo con las textuales enseñanzas marxistas, el Partido es el único verdadero terrateniente en China; el partido le alquila tierras al pueblo chino.

La sociedad china sigue siendo fuertemente controlada por el Partido.

El Partido emplea a más de dos millones de policías en Internet para censurar a la opinión pública y mantiene un poderoso cortafuego en esta para mantener afuera la Internet global dentro de las fronteras de China. Los oficiales de control de nacimiento obligan a las mujeres chinas a que cumplan el límite estatal obligatorio de nacimientos y realizan abortos forzados y esterilizaciones contra mujeres que no cumplen la norma.

Los disidentes del régimen, así como las comunidades religiosas y los miembros comunes de la sociedad civil, viven bajo la amenaza constante de ser declarados enemigos políticos por el Partido y luego “invitados al té”, código para ser interrogados por temidos agentes de seguridad pública. Los disidentes son abusados, torturados y frecuentemente obligados a realizar trabajos forzados en los centros de detención.

El régimen asegura una tasa de condenas casi perfecta contra sus enemigos políticos en los tribunales, a quienes controla. Los disidentes prominentes se encuentran bajo arresto domiciliario en el momento en que completan sus largos períodos de prisión.

Montaje de fotos mostrando a practicantes de Falun Gong siendo golpeados en la Plaza Tiananmen de Beijing. Durante los primeros años de la persecución a Falun Gong, los practicantes de la disciplina espiritual iban a la plaza para apelar a las autoridades. (Minghui.org)
Montaje de fotos mostrando a practicantes de Falun Gong siendo golpeados en la Plaza Tiananmen de Beijing. Durante los primeros años de la persecución a Falun Gong, los practicantes de la disciplina espiritual iban a la plaza para apelar a las autoridades. (Minghui.org)

La Constitución china afirma que garantiza la libertad de creencia, pero el Partido ignora sus propias leyes. Por ejemplo, el ex secretario general del partido comunista Jiang Zemin forzó la impopular persecución a la práctica espiritual Falun Gong en 1999 y creó una organización extralegal para asegurar que la ley del régimen y el aparato de seguridad cumplieran la política de Jiang.

Políticamente, China está todavía dirigida por un partido leninista obsesionado con el control.

El Partido Comunista Chino ha sido el único partido político gobernante desde 1949; otros partidos existen bajo un “frente unido”, pero no son independientes de los comunistas.

El líder o secretario general del Partido no dirige un gabinete, sino que es parte de un Buró Político, un grupo de altos funcionarios que toman todas las decisiones más importantes en el país. También es seleccionado por los ancianos y las élites del Partido, no elegidos democráticamente.

En estos días, los líderes de China pueden haber comerciado en sus trajes grises de cinco botones Maoistas para sus oscuros negocios. Pero mientras el martillo y la hoz permanezcan en el Gran Salón del Pueblo, el comunismo aún no ha sido relegado a un montón de polvo en la historia de China.

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