Científicos encubren origen de virus similar a COVID-19 almacenado en laboratorio de Wuhan

El virus denominado RaTG13 se descubrió en una mina abandonada en Mojiang, Yunnan, hace casi 10 años
Por Jeff Carlson y Hans Mahncke
29 de Junio de 2021
Actualizado: 29 de Junio de 2021

Análisis de noticias

Shi Zheng-li, directora del Instituto de Virología de Wuhan, es el hilo conductor a través del cual se conectan muchos proyectos de investigación clave y experimentos de ganancia de función sobre los coronavirus.

Su trabajo muestra un curioso patrón de engaño que se traza a través de sus publicaciones desde 2013 hasta 2020 en las que se ocultó una fuente clave para el coronavirus más estrechamente relacionado con el COVID-19.

En 2002, un brote de un nuevo coronavirus llamado SARS provocó la muerte de 774 personas en todo el mundo. Las investigaciones establecieron rápidamente que el virus se propagó de los murciélagos a las civetas y luego a las personas.

El brote de SARS marcaría la carrera de Shi, que pasó de la investigación de campo a trabajar en laboratorios de bioseguridad de nivel 2 antes de culminar con experimentos de ganancia de función en el primer y único laboratorio de nivel 4 de China, en Wuhan.

Su búsqueda del origen del brote de SARS comenzó en 2004, cuando se unió a un equipo internacional de investigadores para recoger muestras de murciélagos en el sur de China.

El laboratorio P4 en el campus del Instituto de Virología de Wuhan, en la provincia central de Hubei, China, el 27 de mayo de 2020. (Hector Retamal/AFP a través de Getty Images)

Las primeras investigaciones y trabajos de Shi se plasmaron en un artículo de 2005 en el que informaba de que “esa especie de murciélagos es un huésped natural de coronavirus estrechamente relacionados con los responsables del brote de SARS”.

Shi y su equipo seguirían buscando el origen del brote de 2002 durante años y las muestras que su equipo recogía se enviaban a Wuhan para su análisis y posterior experimentación.

El 12 de diciembre de 2007, Shi y su equipo publicaron un artículo en el Journal of Virology en el que mostraban cómo los virus podían ser manipulados para infectar y atacar células humanas utilizando un pseudovirus basado en el VIH. Este experimento, financiado por la Academia China de Ciencias, fue el primer indicio de que el laboratorio de Shi en Wuhan estaba adquiriendo las tecnologías y habilidades necesarias para manipular virus recogidos en la naturaleza.

En junio de 2010, Shi fue coautora de un artículo en el que mostraba que su equipo había ampliado los experimentos de 2007 manipulando otras muestras de virus de murciélagos y probando sus interacciones con las proteínas de espiga del SARS-CoV humanas. Descubrieron que “la alteración de varios residuos clave disminuía o aumentaba la eficacia del receptor ACE2 del murciélago”. El estudio fue financiado de nuevo por la Academia China de Ciencias.

En 2011 y 2012, Shi y su equipo llevaron a cabo un “estudio longitudinal de 12 meses” de una colonia de murciélagos de herradura “en una única ubicación en la ciudad de Kunming, provincia de Yunnan, China”. Este único lugar era la cueva Shitou.

Mientras Shi y su equipo realizaban su estudio en la cueva Shitou, un grupo no relacionado de seis trabajadores comenzó a limpiar los excrementos de murciélagos de un pozo de una mina de cobre en Mojiang, Yunnan —aproximadamente a 200 millas de distancia del grupo de Shi— según The Sunday Times.

En abril de 2012, según The Wall Street Journal, estos seis trabajadores enfermaron gravemente de una enfermedad parecida a la neumonía que provocó la muerte de tres de ellos. Cabe destacar que todos los reportes públicos afirman que el pozo de la mina estaba abandonado, pero ninguno de estos mismos reportes explica por qué los seis mineros estaban allí para limpiar el pozo.

Los medios de comunicación no mencionaron este extraño y aislado brote y, como señala el Sunday Times, “parece haber habido un apagón mediático” en torno a todo el incidente.

Shi y su equipo, que fortuitamente ya se encontraban en la región durante este nuevo brote, cambiaron bruscamente tanto su enfoque como su ubicación y pasaron los dos años siguientes recogiendo muestras de murciélagos localizados en la mina de la localidad de Mojiang.

Más tarde se reveló que un virus que supuestamente se encontró en una de estas muestras era el más parecido conocido al virus que causa el COVID-19.

Peter Daszak, miembro del equipo de la Organización Mundial de la Salud que investiga los orígenes del COVID-19, habla con los medios de comunicación a su llegada al Instituto de Virología de Wuhan, en Wuhan, en la provincia central china de Hubei, el 3 de febrero de 2021. (Hector Retamal/AFP vía Getty Images)

El hallazgo de esta muestra viral en particular parece haber sido similar a encontrar una aguja en un pajar. Aunque en la localización de Mojiang aparecieron grandes cantidades de coronavirus, solo uno de ellos se parecía al SARS y se encontró en una sola muestra fecal. El equipo de Shi denominó al virus RaBtCoV/4991.

Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, confirmó el fortuito hallazgo a The Sunday Times, afirmando que “era solo uno de los 16,000 murciélagos de los que tomamos muestras. Era una muestra fecal, la pusimos en un tubo, la metimos en nitrógeno líquido y la llevamos al laboratorio. Secuenciamos un fragmento corto”.

No se sabe con certeza si Daszak, que utilizó fondos de los Institutos Nacionales de la Salud para subvencionar al Instituto de Virología de Wuhan para investigar los coronavirus de los murciélagos, estuvo presente en el campamento de la mina de Mojiang, pero es coautor de un artículo que describe los hallazgos del grupo.

Los artículos científicos contradictorios de Shi Zheng-li

La historia más completa se desarrolla en un examen de cinco artículos en revistas científicas occidentales que Shi y sus colaboradores de investigación publicaron entre 2013 y 2020.

Un artículo del 30 de octubre de 2013, escrito por Shi y Daszak destacó el primer “aislamiento y caracterización de un coronavirus similar al SARS de los murciélagos que utiliza el receptor ACE2″.

Su documento señaló que sus “resultados proporcionan la evidencia más fuerte hasta la fecha de que los murciélagos de herradura chinos son reservorios naturales de SARS-CoV, y que los huéspedes intermedios pueden no ser necesarios para la infección humana directa por algunos SL-CoV [coronavirus similares al SARS] de murciélagos”.

En otras palabras, su artículo de 2013 señalaba específicamente la posibilidad de una transmisión directa a los humanos desde los murciélagos.

El documento también se refería al “primer aislamiento registrado” de un coronavirus vivo similar al del SARS conocido como WIV1, aparentemente una abreviatura de Wuhan Institute of Virology 1. El virus se aisló de muestras fecales tomadas de los murciélagos de herradura.

Para entonces, Shi había pasado casi dos años recogiendo muestras de murciélagos en la mina de Mojiang. En sus artículos científicos, en particular, no se menciona la mina, el brote de 2012, ni a los mineros o sus muertes.

Como se señala en su artículo de 2013, el grupo afirmó que todos sus resultados procedían de una “única ubicación en Kunming, provincia de Yunnan, China” —la ubicación de la cueva Shitou.

Más concretamente, el artículo de Shi de 2013, junto con un artículo de seguimiento en noviembre de 2015, parecía ocultar intencionadamente su trabajo de años en la mina de Mojiang junto con el hecho crucial de que la mina —no la cueva de murciélagos de Kunming— era la verdadera fuente de lo que se conocería como el pariente más cercano del virus que causa el COVID-19.

El artículo de 2015 escrito por Shi, junto con Ralph Baric de la Universidad de Carolina del Norte y otros, volvió a analizar la presencia del virus en los murciélagos de herradura. En particular, el artículo no especifica directamente el lugar donde se originó el virus, sino que utiliza una nota a pie de página para hacer referencia al artículo de 2013, en el que se afirmaba que la fuente procedía de un “único lugar de Kunming”, la ubicación de la cueva Shitou.

El artículo señalaba que “Un grupo de coronavirus de murciélago que circula, similar al SARS, muestra potencial para su aparición en humanos”. Los investigadores observaron que algunos de los virus que encontraron “se replican eficazmente en células primarias de las vías respiratorias humanas”.

Los investigadores afirmaron que su trabajo “sugiere un riesgo potencial de resurgimiento del SARS-CoV a partir de los virus que actualmente circulan en las poblaciones de murciélagos”.

Pero de nuevo, al igual que en su artículo de 2013, no se hacía referencia a la mina de Mojiang como la fuente real.

Sin embargo, en menos de tres meses, en un seguimiento del artículo de noviembre de 2015, Shi y su equipo reconocieron en un artículo de febrero de 2016 que habían “llevado a cabo una vigilancia de coronavirus en murciélagos en un pozo de mina abandonado en el condado de Mojiang, provincia de Yunnan, China, entre 2012 y 2013”.

En este mismo artículo, Shi admitió que obtuvo un virus llamado RaBtCoV/4991 a partir de 276 investigaciones en heces de murciélagos que “fueron muestreadas en un pozo de minas en Mojiang.” Como sabemos ahora, el virus RaBtCoV/4991 ha demostrado ser el más parecido conocido al virus que causa el COVID-19.

Shi, a principios de febrero de 2020, rebautizó este mismo virus como RaTG13, justo cuando comenzó la pandemia de COVID-19.

Murciélagos en una jaula en el Instituto de Virología de Wuhan, en la provincia central china de Hubei, en un vídeo de 2017. (Captura de pantalla)

Una base de datos de virus de murciélagos publicada por la Academia China de Ciencias —el organismo matriz del Instituto de Virología de Wuhan— confirma que el virus RaBtCoV/4991 fue “descubierto el 24 de julio de 2013, como parte de una colección de coronavirus que se describieron en el documento de 2016 sobre la mina abandonada”, reportó The Times.

La base de datos china hace referencia específicamente al artículo de Shi del 18 de febrero de 2016, en el que se menciona el pozo de la mina en Mojiang, junto con el descubrimiento de múltiples coronavirus —incluyendo la nueva cepa similar al SARS— pero no menciona el brote respiratorio de 2012, ni las muertes resultantes de los mineros.

En 2017, Shi y su equipo volverían a desviar el foco de atención de la mina Mojiang a la cueva Shitou, afirmando que “Hemos llevado a cabo una vigilancia longitudinal de cinco años (de abril de 2011 a octubre de 2015) sobre los SARSr-CoVs en murciélagos de un único hábitat en las proximidades de la ciudad de Kunming, provincia de Yunnan, China”, la región donde se encuentra la cueva Shitou.

Por razones que aún se desconocen, cualquier mención a la mina de Mojiang, donde Shi y su equipo pasaron dos años recogiendo muestras de murciélagos que culminaron con el descubrimiento del pariente más cercano conocido del COVID-19, fue omitida una vez más de forma notable.

Uno de los coautores de Shi en los artículos de 2017 y 2013, Lin-Fa Wang, se ha destacado desde entonces como defensor de la teoría de los orígenes naturales. Wang, miembro del Comité de Emergencias de la OMS sobre el COVID-19, discutió el tema de la financiación con National Geographic en junio de 2020, señalando que cuando se trata de enfermedades infecciosas, “la gente nunca se da cuenta de que hay un gran retorno”. Wang continuó afirmando que “cuando hemos prevenido pequeños brotes, a la gente no le importa. No recibe la atención de los medios”.

Wang, que lleva colaborando con Shi desde al menos 2005, terminó con una pregunta que hizo recordar el brote de 2012 en la mina de Mojiang:

“En Wuhan, si murieran tres personas y estuviera controlado, ¿lo sabríamos? No. Esto sucede todo el tiempo, es solo que en pueblos remotos donde la gente muere. Se les entierra y fin de la historia, ¿no?”.

De los muchos artículos escritos sobre su trabajo de varios años, solo el de 2016 reconoce la existencia de la mina de Mojiang. Y, de nuevo, en ninguna parte Shi o su equipo mencionan el brote real y la muerte de tres de los seis mineros infectados.

La posesión por parte de Shi durante años del virus encontrado en la Mina Mojiang fue repentinamente destacada el 3 de febrero de 2020, cuando Shi y sus colaboradores publicaron un nuevo artículo, afirmando que los científicos del laboratorio de Wuhan tenían una coincidencia cercana con el virus que causa el COVID-19.

Personal de seguridad hace guardia fuera del Instituto de Virología de Wuhan mientras los miembros del equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que investigan los orígenes del coronavirus COVID-19, realizan una visita al instituto en Wuhan, en la provincia central china de Hubei, el 3 de febrero de 2021. (HECTOR RETAMAL/AFP vía Getty Images)

Shi llamó a este virus RaTG13, un nombre que no había aparecido anteriormente en ninguno de sus artículos. El artículo de 2020 era notablemente vago sobre los orígenes de este nuevo virus, afirmando simplemente que “fue detectado previamente en Rhinolophus affinis de la provincia de Yunnan”. Mientras que investigadores independientes descubrieron más tarde al comparar las secuencias del genoma de las bases de datos chinas archivadas que el virus al que Shi se refería en 2020 era en realidad el RaBtCoV/4991, el virus que se extrajo de la mina Mojiang allá por 2012 y sobre el que se escribió en 2016.

En noviembre de 2020, a medida que se descubrían más datos en relación con el origen del virus, Shi añadió repentinamente un apéndice a su artículo de febrero de 2020, admitiendo finalmente que el pariente más cercano conocido del COVID-19 procedía de la mina de Mojiang. Sin embargo, Shi se refirió a la mina de Mojiang como “cueva de la mina” y “cueva”, difuminando una vez más la diferencia entre la mina de Mojiang y la cueva Shitou, situada a 200 millas de distancia.

En este apéndice, Shi reconoció que había cambiado el nombre del virus de RaBtCoV/4991 a RaTG13, supuestamente para “reflejar la especie del murciélago”. Sin embargo, tanto la designación anterior como la nueva llevan las letras “RA”, que significan Rhinolophus affinis, el término latino para los murciélagos de herradura intermediarios.

En particular, el artículo de Shi de 2020 también afirmaba que la pandemia había “empezado en un mercado local de mariscos”. Esa falsa afirmación, que ha sido desmentida, no se abordó en el apéndice de Shi.

Aunque todavía no se sabe con exactitud por qué Shi ocultó los verdaderos orígenes del RaBtCov/4911 y ofuscó su descubrimiento de 2013, es innegable que Shi mantuvo en silencio al pariente más cercano conocido del COVID-19 en su laboratorio de Wuhan durante al menos siete años y no abordó los verdaderos orígenes de su descubrimiento.

Jeff Carlson y Hans Mahncke son copresentadores del programa Truth Over News en EPOCH TV.


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