Cooperación de China con Rusia pone en duda el control de las armas nucleares en el futuro

El arsenal nuclear del régimen chino crece rápidamente
Por Joseph V. Micallef
22 de Enero de 2022 8:31 PM Actualizado: 22 de Enero de 2022 8:31 PM

Análisis de noticias

Desde la década de 1960, Estados Unidos y la Unión Soviética, y más tarde Estados Unidos y Rusia, se han esforzado por limitar tanto el número total de armas nucleares como el tipo de armas nucleares que despliega cada parte. Los avances han sido constantes, aunque a menudo se han caracterizado como dos pasos adelante y uno atrás.

La preocupación de Estados Unidos por el cumplimiento de los acuerdos de control de armas anteriores por parte de Rusia, los planes de China de ampliar sustancialmente su arsenal nuclear, el desarrollo de una alianza cuasi militar entre Rusia y China y el desarrollo de la tecnología de misiles hipersónicos amenazan ahora con cambiar drásticamente los acuerdos pasados y harán mucho más difícil la negociación de futuros tratados de control de armas nucleares.

Acuerdos de control de armas nucleares entre Estados Unidos, la Unión Soviética y Rusia

Entre 1972 y 2011, Estados Unidos negoció ocho acuerdos de control de armas nucleares con la Unión Soviética y, después de 1989, con Rusia. SALT I y START I limitaron el número de vectores de ojivas nucleares que cada parte podía desplegar.

El SALT I también limitó el número de misiles antibalísticos que cada parte podía tener, aunque Estados Unidos se retiró del Tratado ABM en 2002. El tratado SALT II propuesto nunca fue ratificado, pero ambas partes se ajustaron en general a sus términos.

Comenzando con el START I y continuando con el START II, Estados Unidos y la Unión Soviética también se esforzaron por limitar el número de ojivas. El número máximo de ojivas se redujo progresivamente a 6000 y luego a entre 3000 y 3500 en el START II. Se preveía que el acuerdo START III propuesto reduciría el número de ojivas desplegadas a entre 2000-2500, pero las negociaciones nunca se produjeron.

Los acuerdos SORT y New START, negociados por las administraciones Bush y Obama, respectivamente, tenían como objetivo reducir aún más el número de sistemas de vectores estratégicos a 700 vehículos y reducir el número de ojivas a 1550. El 3 de febrero de 2021, la Administración Biden acordó prorrogar el nuevo tratado START por cinco años más, hasta el 5 de febrero de 2026.

Además, en 1987 los dos países acordaron eliminar todos los misiles balísticos y de crucero de alcance intermedio lanzados desde tierra y con armas nucleares (Tratado INF), con un alcance de entre 300 y 3300 millas. Además de Estados Unidos y Rusia, los antiguos estados soviéticos de Bielorrusia, Kazajistán, Ucrania, Turkmenistán y Uzbekistán también fueron parte del acuerdo INF.

La Administración Trump puso fin a la participación de Estados Unidos en el Tratado INF el 2 de febrero de 2019, y se retiró formalmente el 2 de agosto de 2019, basándose en acusaciones sobre el incumplimiento de Rusia, por ejemplo, hacer trampa, así como en la preocupación por la acumulación de armas nucleares de alcance intermedio de China.

Específicamente, los críticos alegaron, el misil de crucero de alcance intermedio lanzado desde tierra 9M729 (designación de la OTAN SSC-X-8 “Screwdriver”), que Rusia comenzó a probar en 2014 y desplegar en 2018, tenía un alcance de entre 300 y 3400 millas. El misil podía llevar ojivas convencionales o nucleares. Desde entonces, Moscú ha anunciado que está desarrollando un misil de crucero de propulsión nuclear y con armas nucleares, designado como 9M730 Burevestnik (Petrel en ruso), de alcance prácticamente ilimitado.

En julio de 2021, el presidente estadounidense Joe Biden ordenó al Departamento de Defensa que realizara una Revisión de la Postura Nuclear (NPR). La práctica de encargar estas revisiones comenzó con la Administración Clinton y ha continuado con los presidentes posteriores. La revisión tarda aproximadamente un año en llevarse a cabo y está presidida por el secretario de Defensa. El resultado de la NPR de la Administración Biden se espera en breve. Mientras tanto, el equipo de Biden se ha visto sometido a una presión cada vez mayor para que renuncie al primer uso de las armas nucleares y redoble sus esfuerzos con Rusia para seguir reduciendo el armamento nuclear.

China no participó en las negociaciones para el control de las armas nucleares llevadas a cabo por Estados Unidos con la Unión Soviética y luego con Rusia. Hasta hace unos 10 años, según un informe de la Federación de Científicos Americanos, se estimaba que China tenía alrededor de 200-250 ojivas nucleares; de las cuales entre 75 y 100 estaban en misiles balísticos de alcance intercontinental, la mitad de los cuales podían llegar a Estados Unidos, y el resto en misiles balísticos de corto alcance destinados a ser utilizados como armas nucleares de teatro. Estos misiles se desplegarían principalmente contra objetivos en las regiones del Pacífico y Asia y, en particular, contra las fuerzas navales estadounidenses en el Pacífico occidental, especialmente en los mares de China meridional y oriental.

Cuando la Administración Trump se retiró del Tratado INF, dejó claro que cualquier otro tratado que limitara las armas nucleares de teatro tendría que incluir también a China. China, a su vez, declaró que no tenía interés en participar en tales negociaciones.

El creciente arsenal nuclear y las armas hipersónicas de China

A lo largo de los últimos años, se han ido acumulando pruebas de que Beijing está orquestando una importante expansión del arsenal nuclear chino. El año pasado, las imágenes por satélite revelaron que China estaba construyendo aproximadamente 250 nuevos depósitos de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) en tres nuevos lugares: 229 nuevos silos en Yumen y Hami, en el noroeste de China, y otros 29 nuevos silos en Hanggin Banner, en Mongolia Interior.

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Los misiles balísticos intercontinentales con capacidad nuclear DF-41 de China se ven durante un desfile militar en la Plaza de Tiananmen en Beijing, China, el 1 de octubre de 2019. (Greg Baker/AFP vía Getty Images)

Según las últimas estimaciones del Pentágono, China probablemente tiene alrededor de 100 misiles balísticos intercontinentales (ICBM,en inglés), algunos de los cuales son capaces de llevar vehículos de reentrada múltiple e independiente (MIRVs). La fuerza de misiles balísticos intercontinentales existente se encuentra en silos y es móvil. Según fuentes del Pentágono, China podría duplicar su fuerza de misiles balísticos intercontinentales para 2025 y podría tener 1000 cabezas nucleares para 2030.

Aún más preocupantes son las recientes pruebas chinas de un arma hipersónica de planeo. En julio de 2022, China puso en órbita un planeador hipersónico con capacidad nuclear que posteriormente reentró en la atmósfera viajando a una velocidad cinco veces superior a la del sonido, aproximadamente 3800 millas por hora, y fue capaz de maniobrar en su camino hacia el objetivo designado. Rusia ha probado un vehículo de reentrada similar, el Avantgard. El programa estadounidense está aún en fase de pruebas y está diseñado para ojivas convencionales.

A pesar de su nombre, los vehículos hipersónicos de reentrada no viajan mucho más rápido que un ICBM convencional. La amenaza que suponen es que son mucho más maniobrables y pueden eludir mejor los sistemas de defensa contra misiles balísticos. Esencialmente, combinan la velocidad de los misiles balísticos con la maniobrabilidad de los misiles de crucero.

Además, al entrar primero en órbita terrestre baja y luego reentrar en la atmósfera, los planeadores hipersónicos podrían atacar en cualquier trayectoria. La mayoría de los sistemas estadounidenses de defensa contra misiles balísticos suponen que un ataque con misiles contra Estados Unidos vendría del norte, sobre el Polo Norte, y están orientados en consecuencia.

Cooperación militar entre Rusia y China

Rusia y China no han firmado una alianza formal de defensa y es poco probable que lo hagan. No obstante, sus políticas exteriores y militares están demostrando un creciente grado de coordinación y cooperación.

En 2018, China participó en el ejercicio anual de defensa de Rusia. En 2019, realizaron patrullas conjuntas con bombarderos cerca de Japón y de la península de Corea. Ese mismo año, sus dos armadas realizaron ejercicios navales conjuntos en el mar de Japón. Desde entonces, el ritmo de las maniobras militares conjuntas ha seguido aumentando.

En agosto de 2021, por ejemplo, las tropas rusas y chinas realizaron ejercicios conjuntos en la región de Ningxia, en el centro-norte de China, bajo una estructura de mando y control conjunta ruso-china. En las maniobras participaron más de 13,000 soldados, miles de vehículos y cientos de aviones y artillería móvil. En octubre, ambos países llevaron a cabo ejercicios navales conjuntos en la costa rusa del Pacífico.

Rusia ha sido el principal proveedor de armamento de Beijing. Desde 2014, China ha comprado el último sistema de defensa antiaérea S-400 de Rusia. China también ha pedido cazas de defensa aérea SU-35 (designado por la OTAN como Flanker-E) de fabricación rusa.

Según un reporte del Wall Street Journal, el presidente ruso Vladimir Putin ha confirmado que Rusia está ayudando a China con un sistema de alerta temprana antimisiles y que los dos países estaban colaborando en el diseño de un submarino avanzado.

A su vez, China se ha convertido en el principal proveedor de Rusia de chips informáticos avanzados, tras la imposición de sanciones económicas a Moscú por la toma de Crimea. En octubre de 2021, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, anunció, tras años de cuidadosa neutralidad sobre el tema, que “Taiwán era parte de China”.

El espacio se ha convertido en otro ámbito de floreciente cooperación, en parte con ramificaciones militares, entre Rusia y China. En 2019, la Administración Espacial Nacional de China (CNSA) y Roscosmos, la Agencia Espacial Rusa, anunciaron que coordinarían las misiones lunares de Chang’e y Luna-Resurs-1.

La tecnología espacial rusa es cada vez más obsoleta, y Moscú ha recurrido a Beijing para que le ayude a modernizarla. Los dos países están trabajando conjuntamente en el desarrollo de una nueva tecnología de cohetes pesados. También están cooperando en el desarrollo de armas antisatélite, a pesar de que dichas armas amenazan las redes de satélites de cada uno.

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Un cohete Long March 3B que transporta el satélite Beidou-3GEO3 despega del Centro de Lanzamiento de Satélites de Xichang, en la provincia suroccidental china de Sichuan, el 23 de junio de 2020. (STR/AFP vía Getty Images)

El Beidou chino y el Glonass ruso son muy complementarios y juntos forman un sistema con 59 satélites capaz de competir con el Sistema de Posición Global (GPS) estadounidense.

Hay muchos puntos de discordia entre Moscú y Beijing. Rusia es uno de los principales proveedores de armas de India y Vietnam, dos países cada vez más enfrentados a China. Los esfuerzos de Beijing por ampliar su influencia en Asia Central y atraer a esos países a su órbita económica son contrarios a los objetivos políticos y económicos de Moscú en la región. No obstante, Estados Unidos no puede descartar la posibilidad de que los movimientos militares rusos en las repúblicas bálticas o en Ucrania se coordinen con acciones chinas comparables en el mar del Sur de China o contra Taiwán.

El futuro de los acuerdos de control de armas

La evolución de los vehículos de reentrada hipersónicos erosionará las capacidades de los sistemas de defensa antimisiles en un momento en que la amplitud del arsenal nuclear al que se enfrenta Estados Unidos es mayor de lo que ha sido en una generación.

Aunque Beijing y Moscú no son formalmente aliados entre sí, ambos están tratando de aumentar su influencia contra Estados Unidos haciendo hincapié en su voluntad de cooperar militarmente y apoyarse mutuamente en el plano político y económico. No está claro si esta cooperación llegará al nivel de coordinar acciones militares, pero bien podría hacerlo.

Desde el punto de vista del control de las armas nucleares, Washington tendrá que considerar cada vez más el dilema de que la paridad nuclear con Rusia y China le pondría en clara desventaja si esos dos países actuaran en conjunto, por muy improbable que este escenario parezca en este momento.

Es probable que ni Rusia ni China acepten un acuerdo que otorgue a Estados Unidos la paridad frente a sus fuerzas nucleares combinadas. Asimismo, Estados Unidos no abandonará el objetivo de la paridad nuclear, que ha sido la base de sus anteriores acuerdos de control de armas nucleares, permitiendo que Rusia y China tengan colectivamente una fuerza nuclear mayor que la de Estados Unidos. En estas condiciones, es difícil ver cómo es posible avanzar en la reducción de las armas nucleares.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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