Cuando el nuevo papá carga a su hijita adoptiva, ¡recuerda que ya la había visto en sus sueños!

Por La Gran Época
21 de Abril de 2019 Actualizado: 09 de Mayo de 2019

Walt y Annie Manis eran amigos de la infancia, crecieron uno frente a la casa del otro y se la pasaban todo el tiempo juntos

“Toda mi vida decía ‘Creo que Walt Manis es increíble’, dijo Annie riendo. “Siempre pensaba ‘Cuando crezca, quiero encontrar a alguien como él’.

Pudo haber sido el destino o mera coincidencia, pero al comenzar la universidad, Walt y Annie se encontraron de nuevo, e inmediatamente conectaron.

Empezaron a hablarse, y antes de darse cuenta pasaban cada vez más tiempo juntos.

Annie recuerda que un día ambos estaban  sentados en el automóvil de él, compartiendo sus sueños y esperanzas. Ella confesó sentirse destinada a ser madre.

“Sentía como si de repente Dios me hubiera hecho ser una mamá, lo que más quería era ser madre”, dijo.

Ella llegó a contarle que ya había escogido un nombre para quien imaginaba sería su primera hija. Entonces, para su sorpresa, Walt dijo “¡Yo también!”.

“Pensé que era extraño, porque los chicos no hacen eso”, dijo Annie.

Walt le preguntó ¿Bueno, cuál es el nombre?”, a lo que Annie contestó: “Chloe”.

Walt estaba anonadado. Cuando tenía 12 años tuvo una visión de él mismo en el futuro, jugando con una niña, y Dios diciéndole que era su hija. La niña tenía ojos color café y piel color de oliva, y Walt sabía que su nombre era Chloe.

Durante toda su vida Walt se aferró a esa imagen y sabía que eventualmente sería el padre de esa pequeña niña. Lo que no sabía era que Annie tuvo el mismo sueño, y que ambos deseaban más que nada ser padres, especialmente de esta pequeña que parecía les estaba destinada.

Sin embargo, ni Annie ni Walt tenían ojos oscuros o la piel color oliva, por lo que el sueño de Walt le resultaba un misterio, pero de todos modos la pareja estaba feliz.

“Creo que sabíamos desde el principio que íbamos a casarnos”, dijo Annie. “La mejor forma de describirlo es que con Walt es como estar en casa”.

Cuando se casaron, la pareja eligió no tener hijos inmediatamente. Primero querían viajar, y pasaron un par de años haciendo trabajo humanitario alrededor del mundo.

Entonces, decidieron que era el momento adecuado. Dijeron que iban a comenzar su familia sin pensar que les fuera a tomar mucho tiempo.

“Los meses se convirtieron en años, y pronto se encontraban tras cuatro años tratando sin resultado”, dijo Annie.

Esto se volvió un golpe devastador para la joven pareja. “Yo siempre me apegué a esa promesa que Dios me había hecho”, dijo Walt.

Eran una pareja devota, que siempre había creído que lo que los había unido era el destino o algún plan superior, y que realmente estaban destinados a ser padres. Y les era muy difícil entender la situación en la que se encontraban.

“Fue sumamente difícil para nosotros como individuos, como matrimonio, y en la forma en que nos relacionábamos con Dios”, dijo Annie.

Todos sus amigos estaban comenzando sus familias y teniendo bebés, y la pareja solo tenía que fingir una sonrisa y decirles qué tan felices estaban por ellos mientras sus corazones estaban destrozados.

“Escuchábamos sobre alguien que estaba embarazada y nos quedábamos desolados, porque decíamos “esto nunca nos va a suceder, somos unos tontos””, dijo Walt. “Somos unos tontos que quieren hijos y nunca va a suceder”.

Pasaron más de cuatro años en este suplicio, cuando Annie sintió que algo cambiaba dentro de ella.

Suena simple, dijo, pero su perspectiva cambió y se dio cuenta de que podía vivir una vida realmente plena y feliz, incluso si nunca podía llegar a ser madre. Podría “estar satisfecha de la forma más profunda que un ser humano puede estarlo con un hijo”, dijo Annie.

Paradójicamente y a pesar de ello, su deseo de tener un hijo iba siendo más fuerte al mismo tiempo.

Walt y Annie compartieron su historia y su periplo con amigos y gente que conocían, recibiendo apoyo de todas partes del mundo. La gente les decía que les apoyaba desde sus corazones, que rezaban por ellos, o que se encontraban disponibles por si los necesitaban.

Entonces, Annie empezó a considerar la adopción.

Walt se molestó al principio.

“Annie decía: ‘Quizás debemos adoptar’, y yo estaba rotundamente en contra”, dijo Walt. “Lo llamaba ‘un bebé Curitas’, porque estábamos luchando, hiriéndonos y yo no quería simplemente un remedio. Yo quería el bebé que se supone debíamos de tener”.

A pesar de ello, Walt se fue haciendo a la idea y apoyó a Annie en su búsqueda de adopción e hicieron todo el papeleo. Él la apoyaba pero carecía de convicción.

Poco más tarde, Annie recibió un correo electrónico.

¡“Es una niña”!, decía el encabezado. Era de la agencia de adopción de Annie, qué le escribió diciéndole que habían encontrado una madre biológica que deseaba conocer a la pareja.

Para entonces, Annie y Walt ya habían decidido descartar el nombre de “Chloe”. Había sido solo una coincidencia que a ambos les hubiera gustado tanto ese nombre, pero se habían rendido ante ese sueño y estaban listos para seguir con sus vidas. La niña que iban a adoptar no sería “Chloe”.

Entonces, conocieron a la madre biológica.

“Cuando abrió la puerta se veía como la versión adulta de esta pequeña niña que siempre había tenido en mi cabeza y me dije ‘¡Por Dios, ¿qué está pasando?’”!, dijo Walt. “En un instante, en mi cabeza, el nombre había regresado a la mesa”.

Alison, la madre biológica, empezó a hablar con la pareja y le agradaron realmente. En pocas horas, la trabajadora social dijo: “Muy bien, hay que hablar de nombres”.

Antes de que Alison supiera que Walt y Annie existían, ella sabía que iba a tener una pequeña niña y quería llamarla Chloe. Cuando la trabajadora social preguntó, ella mencionó el nombre, sin saber si les gustaría o no.

“Nos quedamos simplemente estupefactos”, dijo Walt. “Sólo sentí escalofrío en todo el cuerpo”.

“Solamente sabía que estaba llorando profundamente”, dijo Annie.

Alison también estaba sorprendida, pensando en que los padres adoptivos odiaban el nombre. Se disculpó rápidamente y dijo que tan solo era una idea, y no tenían que cumplirla.

“Nos encontrábamos lloriqueando y ella decía ‘¡Oh, odian el nombre!’, Por Dios, no, amamos el nombre”, dijo Walt.

Parecía que su historia había cerrado el círculo.

Para Walt y Annie, esta había sido una gran prueba de fe y un enorme signo de amor.

Incluso antes de que naciera la bebé, “en un instante, me convertí en padre”, dijo Walt.

“Me di cuenta qué tonta había sido, qué tan distorsionada estaba a mi perspectiva hacia mi propio dolor”, dijo Annie. Sintieron como si la historia hubiera estado escrita desde hace muchos años y no fue sino hasta ese momento que se empezaban a dar cuenta qué tan cuidadosamente arreglado estaba todo.

Los pocos meses que siguieron estuvieron llenos de expectativa, porque para el mes de febrero o marzo serían padres de una niñita llamada Chloe.

“Yo solo estaba locamente nerviosa esa mañana, y de repente sucedió. Todo fue una locura y entonces ¡Chloe estaba ahí!”, dijo Annie.

Annie la abrazó por primera vez y le dijo en voz baja: “Hola, soy tu mami”, y fue casi irreal.

“Ella ha sido parte de mi vida por tanto tiempo, y ahora está aquí”, dijo Walt.

“Estoy extremadamente feliz y asombrado”.

“No es una casualidad”, dijo Walt. “Es maravilloso, es un milagro”.

“La gente puede decir que solo es una coincidencia, pero no pueden convencerme de ello”, dijo.

Mira la anhelada espera y llegada de Chloe:


Chica conoce a su padre biológico

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