Cuatro horas de espléndido aislamiento en Pascua

Por Mark Hendrickson
11 de Abril de 2020 7:00 PM Actualizado: 11 de Abril de 2020 7:00 PM

Comentario

Una pregunta para aquellos de ustedes que están en cuarentena o en gran parte autoaislados: ¿Han aprendido ya algo significativo?

Aún estamos en las primeras etapas de una nueva y más limitada vida diaria, pero sospecho que a millones de ustedes ya les ha llamado la atención la bendición de haber tenido la libertad de ir y venir como deseábamos.

La libertad es realmente preciosa. Tendemos a darla por sentada, pero ahora que ha sido restringida, ya sea por orden externa o por elección interna, sospecho que los americanos saldremos del modo pandémico con un renovado entusiasmo y apreciación de la importancia central de la soberanía individual para nuestro sentido de plenitud, felicidad y autorealización.

El aislamiento nos proporciona la oportunidad de introspección y reflexión. ¿Qué es lo verdaderamente importante para nosotros? ¿Qué hace que la vida tenga sentido? ¿Hemos hecho un trabajo satisfactorio para mantenernos en contacto con la familia y los amigos?

He disfrutado hablando a distancia con más seres queridos ya este mes que en muchos meses anteriores, y ha sido un placer. Al mismo tiempo, no pude evitar detectar una sensación subyacente de que muchos de nosotros ya nos estamos volviendo locos, especialmente los que no están criando a sus hijos o trabajando desde casa. El desafío se convierte en: Cómo llenar las horas de trabajo con actividades que valgan la pena, actividades que equivalgan a algo más que a matar el tiempo.


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Cada uno de nosotros tendrá que encontrar sus propias respuestas a ese desafío. Para algunos de ustedes, la sensación de tiempo bien empleado será el resultado de leer un libro o ver una película que les hable al corazón y a la mente. La mayoría de los libros y películas proporcionan poco más que una leve diversión, agradable tal vez, pero superficial y olvidable.

Sin embargo, de vez en cuando, una historia contada en un libro o en una película trasciende lo ordinario, eleva el espíritu, impacta en la vida y, en última instancia, afecta a nuestra forma de ver el mundo.

Una de estas películas será televisada este domingo, en Pascua. Como suelen hacer cada Pascua, Turner Classic Movies (TCM) emitirá la versión de 1959 de “Ben-Hur”. La emisión de esta epopeya de casi cuatro horas, ganadora de 11 premios de la Academia, comienza al mediodía. Este clásico ciertamente ocupa un lugar en el panteón de las diez mejores películas de todos los tiempos. Debería ser especialmente significativa durante este año del virus del PCCh, incluso si la han visto antes.

La mayoría de la gente piensa que “Ben-Hur” es un clásico conflicto tipo bueno/malo. Eso es exacto, pero está muy lejos de hacer justicia a la película. ¿Y qué desencadenó el conflicto entre el próspero ciudadano judío, Judah Ben-Hur (Charlton Heston), y su íntimo amigo de la infancia, el ambicioso romano, Messala (Stephen Boyd)? La política, por supuesto. ¿Cuánto más contemporáneo puede ser?

“Ben-Hur” también es particularmente relevante hoy en día porque es la historia de una familia inocente cuyas vidas felices les son arrebatadas de repente e injustamente. Eso ciertamente describe a miles de americanos que han sido víctimas del virus.

Lo que encuentro más interesante es que la mayoría de los americanos han olvidado que hay otro personaje significativo en la historia. De hecho, ese personaje se menciona en el título completo de la película, pero parece que 9 de cada 10 estadounidenses, incluso profesores cristianos amigos míos, no saben que el título completo de este clásico es “Ben-Hur: Una historia de Cristo”.

Sí, Jesús de Nazaret entra en la trama, y se ve (aunque nunca se oye, no tiene líneas) en varios puntos de la película. El hecho de que la película comienza con la Natividad de Jesús en Belén y que el clímax de la trama es su crucifixión, haría aparentemente imposible que los espectadores no reconocieran su papel en esta historia, sin embargo muchos pierden la conexión.

Quizás este punto ciego se debe a un par de factores: Primero, como la MTC usualmente comienza la transmisión al mediodía, para cuando la gente llega a casa de la iglesia, se han perdido la primera media hora o la hora. Segundo, la famosa escena de la carroza es tan memorable que la gente ha llegado a verla como el clímax de la película en lugar del evento más impactante que sigue, quizás incluso desconectandose de la última media hora, que es el segmento más glorioso de la película.

La historia de “Ben-Hur” es digna de mención. Publicada por primera vez como una novela por Lew Wallace, “superó a todos los libros excepto a la Biblia hasta que salió “Lo que el viento se llevó“, según la National Endowment for the Humanities. A pesar de que no se publicó hasta 1880, “Ben-Hur”—no “Moby Dick”, “Aventuras de Huckleberry Finn” o “La letra escarlata”—fue “la obra de ficción número uno en ventas del siglo XIX en Estados Unidos“, según un artículo de opinión del Christian Post.

El propio Wallace fue una figura histórica fascinante: general de la Guerra Civil, gobernador de Nuevo México, embajador en Turquía. Fue un hombre del renacimiento que creía que “el verdadero americano” debía producir arte, música, literatura e inventos. Fiel a sus propias normas, Wallace “fabricaba y tocaba sus propios violines, dibujaba y pintaba con destreza y era titular de ocho patentes”, según la National Endowment for the Humanities, y escribió varios otros libros además de su obra maestra.

“Ben-Hur” habla a los cristianos con su inspirador retrato de la misericordia de Dios y la promesa de redención y salvación. Pero la película también puede incitar a los no cristianos a contemplar cuestiones como si hay una dimensión espiritual en la vida que ofrece la cesación y la liberación de los males terrenales y si el amor y el perdón son posibles (¿o necesarios?) en este mundo a veces sombrío nuestro.

Independientemente de la dimensión espiritual, “Ben-Hur” cuenta una historia apasionante con la mayor destreza y magia cinematográfica. Probablemente todos estaremos atascados con algún triste tiempo de inactividad durante la crisis de salud, pero este domingo al mediodía tiene la oportunidad de disfrutar de cuatro espléndidas horas en un reino mental donde se olvidará temporalmente de su aislamiento.

Lo que sea que elija hacer, que lo encuentre satisfactorio y que valga la pena.

Mark Hendrickson, es un economista recientemente retirado de la facultad de Grove City College, donde permanece como becario de política económica y social en el Instituto para la Fe y la Libertad.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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