Cuatro tribus amazónicas se unen para luchar contra la construcción de represas hidroeléctricas que arrasan sus habitats

25 de Mayo de 2015 Actualizado: 25 de Mayo de 2015

Semanas atrás representantes de las tribus Munduruku, Apiaká, Kayabi y Rikbaktsa, habían emitido un primer comunicado conjunto donde aseguran que de no detenerse la construcción de cuatro represas hidroeléctricas, en el Teles Pires, sus lugares de vida común quedarán arrasados. Los indígenas habían consultado a distintos técnicos de grupos ambientalistas, que respaldaron la iniciativa de unión para la labor.

“El Gobierno construye presas sin realizar estudios ambientales, sin tratar de comprender las consecuencias de la destrucción de la naturaleza en nuestras vidas. Se autoriza el funcionamiento de las presas sin dar una respuesta a los pueblos indígenas y dejando sus vidas sin peces, sin agua, sin caza. Tratan de ocultar los impactos negativos sobre nuestras vidas, nuestros ríos y nuestros territorios”, decía el comunicado que apostaba a una última posibilidad de conciliación.

“Las presas de Teles Pires y Colider ya mataron a toneladas de peces y miles de animales. Por debajo de las presas los peces también están muriendo en nuestro territorio debido a las inundaciones repentinas y a la bajada incontrolada del río”, concluían.

Camino de ocupar las áreas de construcción

Uno de los dirigentes indígenas, Valdenir Munduruku, confirmó ahora que las tribus se preparan para “ocupar los sitios de construcción: no pueden seguir haciendo lo que hacen sin ni siquiera escucharnos”, advirtió a las autoridades.

Las tribus de los Munduruku, Apiaká, Kayabi y Rikbaktsa, son conocidos del hombre blanco desde el siglo XIX, cuando –tras luchar entre ellas desde tiempos inmemoriales- formaron una primera alianza con la que enfrentaron la ocupación de tierras y el secuestro de indígenas para usarlos como esclavos. La tribu de los Munduruku, la mayor del grupo, es la más afectada ya que los proyectos hidroeléctricos, avanzan hasta la zona del bajo Tapajós, incluyendo el área de San Luis, donde viven cientos de aborígenes de la etnia, que no saben lo que se viene.

Además, los enfrentamientos ya han comenzado más allá de los discursos, desde que  los obreros para comenzar la construcción están ya a menos de medio quilómetro de áreas pobladas por los indígenas, y el asentamiento para comenzar a erigir el complejo se está desarrollando en un área se sitios considerados sagrados por los habitantes del lugar.

Artículo original, aquí.

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