Cuba, Che y la influencia soviética

Por Ronald J. Rychlak
22 de Enero de 2019 Actualizado: 22 de Enero de 2019
Comentario

Enero de 2019 marca el aniversario Nro. 60 desde que Fidel Castro tomó el poder en Cuba. En ese momento, la revolución inspiró movimientos de izquierda a lo largo de América Latina, y comenzó una tendencia a largo plazo en esa dirección.

No obstante, hoy en día gran parte de la región está virando hacia políticas más conservadoras, lo cual es necesario durante crisis económicas como las de Venezuela y Nicaragua, y se ve reflejado en las políticas de los líderes recientemente empoderados en Chile, Brasil y Argentina.

Al momento de la revolución, Cuba era uno de los países más ricos de la región. Aún tiene un alto nivel de alfabetización y baja mortalidad infantil en comparación con muchos de sus vecinos, pero la economía no ha estado bien. Por décadas dependió de la ayuda de la Unión Soviética. Luego del colapso de esa nación, el PIB de Cuba bajó un 33 por ciento a lo largo de tres años (entre 1990 y 1993), principalmente debido a la pérdida de subsidios y a una caída en los precios mundiales del azúcar.

Por un tiempo, Venezuela apoyó la economía cubana, pero con la crisis dejó de hacerlo.

Cuba es ahora una de las naciones más pobres de la región. No reporta sus estadísticas financieras, pero se estima que su PIB per cápita está por debajo de Argentina, Brasil y Chile. En 2017, incluso estaba por debajo de Venezuela.

Los apologistas de Cuba culpan el embargo comercial de Estados Unidos por el sufrimiento económico que enfrenta. Esas sanciones fueron impuestas por el gobierno de Kennedy en 1962. (Horas antes de entrar en efecto, Kennedy hizo arreglos para conseguir 1.200 cigarros cubanos para él y sus amigos). El gobierno cubano afirma que su economía perdió alrededor de U$S 1.126 billones durante los 50 años posteriores debido a estas sanciones. La nación también perdió la capacidad de importar muchos productos nuevos. (Un episodio de 2016 de “Los Simpson” representa Cuba sin autos posteriores a 1950).

Durante años, muchos estadounidenses tenían la esperanza de que el comunismo cubano caiga con la muerte de Fidel Castro; sin embargo, cuando falleció en 2016, fue sucedido por su hermano Raúl, que permanece como jefe del partido y comandante en jefe de las fuerzas armadas. Miguel Díaz-Canel sirve como presidente de Cuba. Ambos hombres han sido inflexibles en cuanto que el sistema político y económico estalinista de Cuba no es negociable.

Che Guevara

Demasiados estadounidenses tienen una impresión falsa e idealista de Cuba bajo el mando de los Castro. Es una nación gobernada por la amenazas de violencia sin respeto a los derechos humanos. El control central significa no solo de negocios, sino también de las comunicaciones y de las opiniones. En determinados momentos de la historia de la Cuba de Castro, si una persona celebraba la religión podía ser enviada a un campo de trabajo. Era, y en muchas formas sigue siendo, un régimen tirano.

Años atrás, un colega de la facultad de derecho tenía un póster de Ernesto “Che” Guevara en su pared. Ciertamente Usted habrá visto la imagen en pósters, camisetas y demás. La imagen fue tomada el 5 de marzo de 1960 en un funeral de 136 personas que fueron asesinadas cuando se hundió un barco francés que llevaba armas a La Habana. Alberto Korda, un fotógrafo cubano del periódico cubano Revolución, tomó la foto que muestra a un Che rebelde de 31 años con cabello largo, barba y boina. Korda la llamó Guerrillero Heroico y luego se convirtió en el rostro de revolución y una de las fotografías más reproducidas de todos los tiempos.

Por supuesto, ésto no sucedió sin planearse, y no sucedió rápido. La foto inicialmente no fue publicada. Korda cortó a otra persona que quedó en el marco e imprimió una copia para decorar su estudio. Quedó colgada allí por varios años.

A mediados o fines de los años 1960, el Kremlin era menos popular que nunca. La represión soviética de la revolución húngara en 1956 y su instigación a la crisis de los misiles en Cuba en 1962 había cambiado la opinión del mundo, y los líderes comunistas alrededor del planeta intentaron mantener las apariencias mientras se distanciaban de su reciente historia.

En Checoslovaquia, Alexander Dubček lanzó el “socialismo con rostro humano”. El líder polaco Władysław Gomulka usó el eslogan “dejen a Polonia ser Polonia”. Nicolae Ceauşescu de Rumania anunció su independencia de Moscú y se representó como un disidente entre los líderes comunistas. Incluso Nikita Khrushchev reemplazó la “inmutable” teoría marxista-leninista de la revolución proletaria mundial con una política de coexistencia pacífica.

En Cuba, Castro no quería tener nada que ver con liberalizar la política. Decidió que sería más simple cubrir el comunismo cubano con una fachada revolucionaria romántica.

Comenzó en 1967 cuando el agente de la KGB Régis Debray publicó el libro “Revolución en la revolución”, un manual básico para la insurrección de la guerrilla comunista. En el libro abundan elogios al Che, que estaba liderando la banda de guerrilleros de la que Debray era parte. Habían estado en Bolivia solo unos meses cuando fueron capturados por una unidad de la Fuerzas Especiales de Bolivia entrenada por Estados Unidos. El Che fue sentenciado a muerte y ejecutado por terrorismo y asesinatos masivos.

Los hermanos Castro luego optaron por la santificación del Che a toda máquina, y la fotografía de Korda se convirtió en el centro de esta campaña. Dado que Bolivia era aliada de Estados Unidos, Guevara podía ser mostrado como una víctima del imperialismo americano. La KGB ofreció apoyo, y se lanzó la “Operación Che”.

Diarios

El cabello largo y rizado de Guevara, así como sus ojos penetrantes, hicieron muy atractiva la fotografía de Korda para la juventud estadounidense de los años 1960 y 1970. Aparecía en pósters, camisetas y demás. Las autoridades comunistas alentaron su uso rehusando regalías. Fidel dijo que especular sería “no revolucionario”. Eso ciertamente ayudó a difundir la imagen y el mensaje.

La revista Ramparts, originalmente católica que se convirtió en portavoz de la propaganda soviética en los años 1960, negoció un trato con el gobierno cubano para publicar los diarios del Che (que habían sido producidos por la maquinaria de desinformación del Kremlin, dato desconocido por la revista). Según el ex editor de Rampart, Sol Stern, el acuerdo “requería que publiquemos las vociferaciones Fidel Castro, llenas de propaganda comunista y denuncias del ‘barbarismo’ estadounidense”.

Stern explicó: “Creíamos que la revolución era un gran paso hacia adelante para la causa socialista. Seguimos el liderazgo de uno de nuestros héroes intelectuales, el sociólogo C. Wright Mills de la Universidad de Columbia, al argüir que Fidel Castro era una nueva estirpe de líder revolucionario -más humanitario, más abierto, incluso más moderno que los comunistas burócratas del viejo estilo. En efecto, imaginamos a Fidel y al Che como compañeros de la Nueva Izquierda”.

Grove Press publicó los diarios del Che en forma de libro, con una introducción de Fidel. También fueron publicados por entregas en Evergreen Review. Ambos eran propiedad de Barney Rosset. En una entrevista de 2006, se le preguntó a Rosset sobre su religión. Él respondió que nunca tuvo religión: “Así que me convertí en comunista. Como religión. Y más te vale que lo creas”.

Los agentes de inteligencia extranjera del bloque soviético también lograron poner a Guevara en una obra de Broadway en 1970. La revista Time reportó en octubre de ese año: “Actualmente, el Che aparece cada noche en una nueva obra, ‘Las Guerrillas’, del dramaturgo alemán Rolf Hochhuth”. En la obra, “un joven senador de Nueva York, que también es líder de un movimiento clandestino en EE. UU. al estilo del Che, le suplica a Guevara que abandone su batalla boliviana. El Che se rehúsa. ‘Mi muerte aquí- de forma calculada- es la única victoria posible’, dice. ‘Debo dejar una señal'”. Hochhuth en ese tiempo ya había sido identificado por la inteligencia británica como un posible agente de influencia de la KGB.

En realidad, como un estudiante cubano de derecho le explicó a mi colega que había colgado el póster del Che en la pared, Guevara era un asesino sádico. Estableció campos de trabajo modelados como los gulags soviéticos y ordenó la ejecución de cientos de miles de cubanos, entre ellos niños de 14 años de edad.

Ernest Hemingway, que entonces vivía en Cuba, invitó a su amigo George Plimpton a presenciar el asesinato de los prisioneros condenados. Vieron hombres siendo cargados en furgonetas, descargados, fusilados y llevados. Aparentemente, ésto sucedía todos los días, y no queda claro que todos hayan sido culpables. Guevara, según se informa, escribió: “Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, es innecesaria la prueba judicial… Éstos son procedimientos del detalle burgués. ¡Ésto es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivada por odio puro”.

A pesar de todo ésto, a la gente aún le gusta pensar en Guevara como un ícono de rebeldía juvenil, de teología de liberación e incluso de empoderamiento racial. Como una vez alardeó Raúl Castro al exjefe de la inteligencia extranjera de Rumania, Ion Mihai Pacepa: “El Che es nuestro gran éxito público”.

Es tiempo de ver a través de la desinformación. Inconmesurable sufrimiento tuvo lugar en la Cuba comunista. En los primeros 40 años luego de la revolución, el régimen de Castro llevó a cabo aproximadamente 16.000 ejecuciones. Alrededor de 2 millones de cubanos escaparon de ese “paraíso socialista”, y unos 30.000 otros murieron intentando hacerlo. Los perpetradores de estas atrocidades deberían ser condenados, no celebrados.

Ronald J. Rychlak es catedrático en derecho y gobierno para Jamie L. Whitten en la Universidad de Mississippi. Es autor de varios libros, entre ellos “Hitler, la guerra y el Papa”, “La desinformación” (en coautoría con Ion Mihai Pacepa) y “La persecución y el genocidio de los cristianos en Oriente Medio” (coeditado con Jane Adolphe).

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no necesariamente reflejan los puntos de vista de La Gran Época.

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