Un profeta chino predijo el colapso de un reino cuyos gobernantes solo acumulaban riquezas

Por La Gran Época
20 de Octubre de 2019 Actualizado: 21 de Octubre de 2019

Una persona respetada es aquella que conserva su virtud y no desea lo que no le pertenece. Quien es codicioso finalmente perderá lo que tiene, porque la codicia y la búsqueda no traen bendiciones. Estas antiguas declaraciones, pertenecientes a la dinastía Han (206 a. C. – 220 d. C.), provienen de un escrito que marcó el sendero de los funcionarios más rectos de China.

Una persona de bien preserva lo que tiene y no persigue lo que no tiene. Si uno persigue lo que no tiene, entonces lo que uno tiene desaparecerá. Si uno cultiva lo que uno tiene, entonces lo que uno quiere aparecerá de manera natural
— Fragmento del Volumen 41 del texto “El Huainanzi”

El profeta Dou Qie, que vivió bajo el Estado de Chu (722 – 481 a. C.), conocía muy bien esta enseñanza y por eso pudo anticipar el colapso del reino por la baja moralidad de sus gobernantes.

En un mensaje que bien podría servir a nuestros políticos de la actualidad, y la moraleja podría ser: el que viola la ley y acepta sobornos perderá sus bendiciones. Sin embargo, si cultiva la virtud, entonces aquello que quiere vendrá naturalmente, porque la virtud posee poderosa sabiduría y se puede transformar en bendiciones.

El profeta Dou Qie y su mensaje de abandonar la codicia

Hace unos 2500 años, en el territorio que hoy ocupa la provincia de Hubei, en el centro de China continental, existió el Estado de Chu. Allí vivía un funcionario llamado Dou Qie.

Según consta en un antiguo libro chino escrito durante la dinastía Tang (llamado Qunshu Digest), Dou Qie era una persona sabia y prestaba mucha atención a las enseñanzas del pasado.

Hombre noble, resultados nobles, cultura china. (La Gran Época)
Hombre noble, resultados nobles. (La Gran Época)

Un día tuvo la posibilidad de conversar con el “lingyin”, es decir, con la persona que ocupaba el rango más alto del gobierno (lo que sería hoy en día un primer ministro o presidente).

Este gobernante, llamado Zi Chang, le consultó sobre ahorros y también acerca de caballos.

Luego de ese encuentro, Dou Qie volvió a casa y le adelantó a su hermano menor que el Estado de Chu se iba a derrumbar “porque el lingyin no puede evitar los desastres”.

“Cuando visité al lingyin, me preguntó acerca de cosas materiales y su expresión parecía la de un lobo hambriento”, expresó Dou Qie con preocupación.

“Me temo que el Estado de Chu está condenado a derrumbarse”, predijo acerca de lo que sucedería en este período llamado Primavera y Otoño y la era de los Reinos Combatientes.

Recordando las enseñanzas del pasado

Dou Qie tenía muy presente la historia de uno de los antepasados del actual gobernante Zi Chang. Esa persona tenía mucha virtud ya que no perseguía las cosas materiales y siempre pensaba en el pueblo.

Ese antiguo gobernante se llamaba Zi Wen y había renunciado tres veces al cargo de lingyin.

“Cada vez que el rey Cheng del Estado de Chu le ofrecía un salario más alto que el habitual de ese rango, él se negaba a aceptarlo”, explicó Dou Qie. “Él no volvía al cargo hasta que el rey Cheng dejaba de hablar sobre aumentarle el salario”, afirmó.

El profeta añadió que Zi Wen “nunca tuvo ahorros porque él tomó en consideración las necesidades de las personas”.

Dou Qie contó que mucha gente del Estado de Chu no entendía la actitud de Zi Wen. ¿Por qué un gobernante no quería aceptar un salario más alto si ni siquiera tenía ahorros?

Un día, alguien le preguntó a Zi Wen: “La gente persigue tesoros y riquezas en la vida, pero usted se mantiene alejado de estas cosas. ¿Por qué?”.

Él respondió: “Los funcionarios del gobierno deben proteger a la gente común. En este momento, la mayoría de la gente es pobre. Si persigo y obtengo riquezas, entonces, lo que yo gano es en realidad algo que les fue quitado a otros. Si hiciera eso, entonces yo sufriría. Por lo tanto, estoy haciendo esto para evitar la muerte, no la riqueza”, explicó el funcionario con sabiduría.

Las predicciones se hicieron realidad

A diferencia de Zi Wen, la línea familiar de Ruo’ao —durante el período del rey Zhuang—, no cultivó la virtud y se dejó llevar por las riquezas materiales. Finalmente se extinguió.

Imagen Ilustrativa (PeteLinforth/Pixabay)

Sin embargo, la línea de la familia de Zi Wen “persiste porque son buenos funcionarios”, explicó el sabio Dou Qie.

¿No se debe esto a que él veía a la gente como su prioridad y ponía su propia riqueza en segundo lugar?

Sin embargo, la situación con los años había cambiado y sus descendientes, en especial, el lingyin’ Zi Chang se había desviado de las enseñanzas de sus antepasados y en lo único que pensaba era en su propio bienestar, olvidando a su pueblo.

Dou Qie continuó diciendo: “Hoy la reputación de Zi Chang (descendiente de Zi Wen y ayudante del rey Chu) es mala en todo el Estado de Chu”.

El profeta describió que toda el área a cargo de Zi Chang estaba rodeada de paredes. “La gente no tiene comida y muchos han muerto de hambre”, lamentó el sabio chino intuyendo cuál sería el triste desenlace.

Luego de aquella charla con el alto funcionario, Dou Qie dijo que el gobernante no se preocupaba por su pueblo, sino que en su lugar, acumulaba riqueza y tesoros.

“La gente no deja de quejarse de él. ¡Cuanto más riquezas acumula, más profundo es el odio y mayores son las quejas!”, expresó con preocupación.

“¿No está el Estado de Chu cerca de su último aliento?”, se preguntó Dou Qie, sabiendo por dentro que la respuesta era lamentablemente afirmativa.

Un año después, se desató la guerra de Baiju entre el Estado de Wu y el Estado de Chu.

Como lo había predicho Dou Qie, el Estado de Chu fue derrotado. Zi Chang tuvo que escapar hacia el Estado de Zheng y lo propio tuvo que hacer el rey Zhao, quien escapó al Estado de Sui.

Si los gobernantes actúan con virtud, pensando en el bienestar de su pueblo, este le será fiel y sentirá que los están cuidando. Por el contrario, si quienes gobiernan solo persiguen acumular riqueza material, a cualquier precio, solo estarán sentando las bases de su triste final.

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