Danzando a través de la oscuridad de la China maoísta

Reseña: el camino de dolor y triunfo de Tia Zhang es relatado brillantemente en el libro “Danzando a través de la sombra”
Por Ryan Moffat
08 de Noviembre de 2019 Actualizado: 08 de Noviembre de 2019

A veces el impacto de una enorme tragedia se pierde en las estadísticas. Cuando el número de muertos alcanza las decenas de millones, un sufrimiento a tan gran escala se vuelve remoto e intocable. La capacidad humana para la empatía tiene su límite.

Por otro lado, los relatos personales de aquellos que soportaron atrocidades arrojan más luz sobre el asunto que cualquier estadística estéril. Una historia así es contada por Agnes Bristow en “Danzando a través de la sombra”, un relato en primera persona sobre vivir en la China de Mao Zedong.

Tia Zhang (Handout/La Gran Época)

El libro cuenta la historia real de Tia Zhang, una bailarina de ballet que creció durante la época en que Mao estaba estrangulando lentamente al país. Los simples anhelos y enredos de la niñez, adolescencia y maternidad están entramados a la perfección con el trasfondo de la brutalidad totalitaria. Es una novela extraordinaria que humaniza los aprietos de una nación a medida que asume su nueva realidad como estado socialista.

Los comunistas tomaron el poder en China en 1949, finalizando una guerra civil de varias décadas que había dejado al país agotado y en busca de cambio. Al principio había esperanzas de que el nuevo gobierno mejorara la vida del ciudadano promedio.

En cambio, China, bajo el liderazgo de Mao, comenzó un descenso hacia la revolución violenta que resultaría en uno de los desastres humanitarios más grandes del siglo. Las estadísticas son abrumadoras. Según estimaciones conservadoras el número de muertos fue de 65 millones. El Gran Salto Adelante, el intento de Mao de colectivizar la agricultura, resultó en la peor hambruna de la historia. Cuarenta y cinco millones de personas fueron apaleadas, desnutridas u obligadas a trabajar hasta la muerte.

Éste es el mundo en el que Tia Zhang tuvo que hacerse camino.

De la prosperidad a la miseria

El padre de Tia era un funcionario de alto rango en el Kuomintang, el partido gobernante en ese entonces, y proveía a su familia con toda clase de lujos en su residencia en el corazón de Beijing. Tenían una existencia armoniosa lejos de los peligros que rondaban justo a la vuelta de la esquina. Como hermana mayor, Tia fue mimada y disciplinada siguiendo las estrictas tradiciones chinas; su madre la preparó para ser una dama y estaba destinada a una vida de privilegio y obediencia.

Dicho destino quedó irreparablemente alterado cuando los comunistas llegaron a Beijing y el Kuomintang, de modo repentino e inesperado, cedió el poder. La esperanza de que los comunistas ofrecieran un alivio temporal a la guerra y trajeran la utopía prometida fueron rápidamente arruinadas cuando se tornó aparente que cualquier persona que había sido leal al Kuomintang estaba condenada a sufrir por ello.

En un desesperado afán por la libertad, Tia (de 10 años) y su familia intentaron mudarse al refugio seguro de Taiwán. Pero un desgarrador viaje al borde de la muerte destrozó ese futuro, la familia fue obligada a reubicarse en Qingdao y eventualmente de nuevo en Beijing, donde su vida de privilegio se convirtió en una de miseria.

Se volvió cada vez más evidente que no había escape al Partido Comunista, especialmente para una familia como la de Tia, que había tenido una posición privilegiada en los ámbitos del Kuomintang.

La esperanza a través de la danza

No obstante, la vida sigue, e incluso cuando el Gran Salto Adelante ocasionó que millones alrededor del país murieran de hambre, la familia de Tia encontró una forma de sobrevivir. La lucha diaria para cubrir las necesidades básicas afectó a toda la nación, y su familia no fue la excepción.

A través de trabajo duro y talento, Tia se aseguró un lugar codiciado en la Academia de Ballet de Beijing, repleta de profesores de danza de la Unión Soviética. La escuela operaba más como una academia militar que como un estudio de danza, pero aún así Tia recibió educación de primera clase en danza.

La danza era usada como una herramienta de propaganda comunista y, debido a que la escuela era la favorita de la esposa de Mao, Jiang Qing, Tia tuvo la oportunidad de dar un espectáculo para Mao y sus dignatarios. El marcado contraste entre los lujosos banquetes del Partido Comunista y la población hambrienta dejó una impresión duradera en Tia, y auguró su desilusión con el partido y el comunismo.

Para cuando Tia se había convertido en instructora asistente en la academia, Mao había desatado a sus Guardias Rojos. Como una plaga, el frenético grupo de estudiantes e hijos de funcionarios del Partido trajeron caos al país en una ola de revolución y violencia. A los Guardias Rojos les habían lavado el cerebro desde la niñez para ser devotos servidores de Mao. Eran el vehículo perfecto para su Revolución Cultural, dado que marchaban por las calles, reprendiendo y golpeando a cualquiera sin miedo a las repercusiones.

En un momento, la academia de ballet fue tomada por los estudiantes que pertenecían a los Guardias Rojos, quienes golpeaban brutalmente a los profesores más antiguos y reprendían a los asistentes, castigándolos severamente por sus métodos de educación, obligándolos a limpiar letrinas y a efectuar las tareas más degradantes.

Tia sufrió en silencio, acatando las exigencias de sus estudiantes. Les habían lavado el cerebro. Como muchos otros, ella se vio obligada a enterrar su empatía y a enfrentar al mundo con toda la indiferencia posible.

Durante todos los tumultos encontró el amor, pero tuvo que enfrentar la desaprobación de su familia y de su conservadora madre, que quería que ella tuviera un matrimonio concertado.

Esto ya sería lo suficientemente difícil si obviamos las políticas de Mao y la amenaza siempre presente de ser enviada a un campo de trabajo forzado, o peor. El amor era un asunto arriesgado en la China de Mao, y tanto Tia como su esposo pasaron tiempos difíciles en el sistema de campos de trabajo forzado.

La novela sigue a Tia a lo largo de cada etapa de su vida, pasando por la maternidad, el matrimonio y una huida del país controlado por el régimen comunista. Todo mientras Mao está presente como una sombra en el trasfondo, dictando los términos y condiciones mediante los cuales Tia debía seguir su camino.

Enseñanzas de las sombras

El camino de Tia es uno de dolor, triunfo y un verdadero testamento al espíritu humano. Sensible, traumática y aterradora al mismo tiempo, la historia atrapa lo suficiente como para garantizar el nivel de detalle que Bristow usa, al tiempo que combina habilidosamente la experiencia de Tia con suficiente análisis político, arrojando luz sobre la vida bajo el régimen de Mao y sobre cómo sus políticas resultaron en tantas muertes. Es difícil comprender la desesperación de una población obligada a reaccionar con miedo a casi todo lo que ocurre.

Para aquéllos que se entretienen con nociones románticas sobre el comunismo y el marxismo: vale la pena leer este libro. Con ideologías extremas en alza en Occidente, la historia de Tia sirve como recordatorio del costo humano detrás de las estadísticas. Muchos chinos de esa generación serán capaces de identificarse con su sufrimiento.

En última instancia, el libro es sobre amor, pérdida, coraje y las complejidades de la vida amplificadas por la desesperación de las circunstancias. La historia de Tia es verdaderamente un hermoso vehículo para explorar el costo humano de las ideologías políticas llevadas al extremo, donde el espíritu humano es puesto a prueba.

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