De las píldoras recetadas a la heroína y de ahí a ayudar a los adictos a opiáceos

Por Charlotte Cuthbertson – La Gran Época
17 de Abril de 2018 Actualizado: 08 de Julio de 2019

DAYTON, Ohio- Billy Brokschmidt no puede recordar el número de veces que tuvo una sobredosis y dejó de respirar, pero fueron “probablemente varias docenas”.

“Cuando estaba en Florida, me quedaba con una chica llamada Amy –que me dejaba dormir en su sofá- y en su casa tuve sobredosis muchas, muchas veces. Ella solo respiraba por mí por un par de minutos hasta que me recuperaba”.

Brokschmidt, que ahora tiene 40 años, relató sus 15 años de adicción a los opiáceos la que comezó en su casa hasta llegar hoy al sótano de la casa de su hermana en Dayton-Ohio -una de las zonas del país más afectadas por la crisis de los opiáceos-.

Todo comenzó cuando tenía 23 años, estaba casado y en la Fuerza Aérea, su trabajo soñado desde que era un niño. En ese entonces tuvo que someterse a una serie de operaciones en el riñón y estuvo convaleciente por unos 18 meses. Para el dolor, se le recetó percocet, un medicamento que contiene opiáceos y Tylenol.

“Recibía al menos 100 percocets al mes. Si se terminaban, simplemente iba y pedía más, y me las daban”, dijo Brokschmidt. “No lo están haciendo ahora porque les ha creado muchos problemas, pero en ese momento, esa era la solución”.

Esas percocets fueron la primera exposición que tuvo Brokschmidt a los opiáceos y a la adicción. “No estaba preparado para ello. No sabía nada sobre el síndrome de abstinencia”, dijo.

La primera vez que lo sintió, su esposa llamó a una ambulancia; ambos pensaron que estaba muriendo. Fue llevado al hospital de la base en Carolina del Sur y se sintió instantáneamente mejor cuando se le administró una inyección de morfina.

“Lo vi entrar y sentí que me reestablecía mientras me inyectaban”, dijo Brokschmidt. “Ese fue el momento en que supe lo que estaba pasando. Eso inició una adicción de 15 años”.

Con el tiempo, los percocets no fueron suficientes y la cantidad de aspirina en las píldoras hacía que Brokschmidt vomitara. Así que empezó a tomar otras píldoras como oxicodona, dilantina y otros opiáceos recetados. Llegó a un punto en el que no los tomaba para drogarse, sino solo para evitar el horrible proceso de abstinencia.

“Estuve unos siete u ocho años usando las píldoras hasta que finalmente empecé a usar heroína”, dijo. “Luego eso llegó a un punto en el que lo haces solo para salir de la cama y poder andar”.

Brokschmidt trató de describir el proceso de abstinencia, el cual es tan horrible que es el motivo por el que la mayoría de los adictos siguen consumiendo drogas.

“Hay náuseas, diarrea, sudores fríos, dolores musculares, dolores articulares, cosas así. Imagínate la peor gripe que hayas tenido y multiplícala por mil. Y no estoy exagerando. Cuando te atrapa, no puedes moverte. De hecho, te acurrucas, te quedas ahí y sigues sudando, todo tipo de cosas desagradables suceden”, dijo.

“Así que para evitarlo, los adictos desafían a la muerte. Estamos aterrorizados por esa enfermedad que consumiremos la droga aún sabiendo que es potencialmente fatal para evitar esa enfermedad”.

Billy Brokschmidt se ha recuperado de la adicción a los opiáceos. Durante dos años ha permanecido desintoxicado y ahora vive en el sótano de su hermana cerca de Dayton, Ohio, el 8 de diciembre de 2017. (Charlotte Cuthbertson/The Epoch Times)

Una existencia miserable

Cada día se convierte en una desesperada búsqueda de drogas para evitar los síntomas de la abstinencia, comúnmente conocido como “adicción”. Conseguir dinero para las drogas se convierte en una fuerza abrumadora que anula el razonamiento moral y así es como los adictos tienden a destruir sus relaciones y trabajos (si todavía tienen uno).

“Así que cada día, cada día, te despiertas y ya te sientes mal”, dijo Brokschmidt. La gravedad depende de cuándo fue la última vez que tomaste medicamentos y qué tipo de medicamentos eran. La heroína dura un poco más, pero el fentanilo, el opioide sintético que inunda Ohio, solo dura un par de horas.

“Así que de inmediato, tienes que empezar a pensar,’ ¿Cómo voy a conseguir más para dentro de unas horas cuando empiece a desintoxicarme de nuevo?'” dijo.

“Por lo general, yo robaba o inventaba algún tipo de mentira o plan para sacarle a la gente su dinero. Había un par de nosotros que lo hacíamos juntos todos los días. Nos hicimos muy buenos en eso. Íbamos a los centros comerciales, a las tiendas de comida y simulábamos algún tipo de situación que requería dinero inmediato.

“Teníamos una adicción que costaba $300 al día que conseguíamos principalmente usando ese método”.

Ahora, Brokschmidt se queda atónito cada día cuando despierta sintiéndose tan bien.

“No tengo que sentarme ahí y pensar en las cosas horribles que voy a tener que hacer para conseguir dinero para poder comprar la droga”, dijo.

“Tengo la percepción de que la gente que nunca ha consumido drogas tiene la idea de que todos los adictos se divierten en algún lugar. … Por lo general, no es así. Es una existencia bastante miserable”.

Brokschmidt terminó viviendo en su auto, durmiendo en el asiento trasero bajo una manta. Tuvo una sobredosis en el auto y los bomberos habían roto un par de ventanas para entrar. Lo salvaron, pero el desolado invierno en Ohio empeoró las cosas aún más.

“Sabía que era una mala situación, obviamente, pero no dejé que esa situación me impidiera encontrar droga todos los días”.

Pero su terrible situación de vida lo guio a desintoxicarse. Brokschmidt había intentado desintoxicarse unas 11 veces durante sus 15 años de adicción, pero nada parecía funcionar.

“Fui a tres centros de tratamiento diferentes. Viajé por todo el país tratando de escapar de ello. Una vez fui a Wichita, en el maldito Kansas. Literalmente en medio de la nada. Pensé que estaría a salvo allí. Encontré droga en tres días.”

Había tratado de desintoxicarse yendo solo o con personas que se encontraban en una situación similar. “Pero fue solo una receta desastrosa”, dijo.

“En ningún momento durante este tiempo quise ser adicto”, dijo. “No creí que tuviera elección. Lo intenté una y otra vez. Fui a tres centros residenciales de tratamiento diferentes. Probé un par, lo que ellos llaman, enfoques holísticos, también. Ninguno de ellos funcionaba para mí. No creí que algo pudiera funcionar para mí”.

Por fin el éxito

Dos grandes diferencias destacan sobre el último y exitoso intento de tratamiento de Brokschmidt. Uno, sus condiciones de vida eran lo suficientemente extremas como para desear cambiar, y dos, no trató de hacerlo solo.

“Tenía que tener a la gente adecuada a mi alrededor para hacerlo. Eso incluía desconectarme básicamente de todos los que conocía. Después de 15 años, todos los que conozco, socialmente son adictos. Así que tuve que cortar esa parte de mi vida. Tuve que borrar todos los números de mi teléfono”.

Además de su familia, Brokschmidt encontró una gran cantidad de apoyo entre el grupo local de las Familias de Adictos de Dayton (FOA). FOA es un grupo de apoyo sin fines de lucro fundado en 2013 por Lori Erion, una madre que estaba tratando de orientarse en el sistema de adicción y recuperación mientras su hija estaba enganchada con la heroína.

Las reuniones son semanales y a diferencia de AA, no son anónimas. Los adictos y cualquier persona afectada por la adicción son bienvenidos a asistir. Seis personas asistieron a la primera reunión en 2013 y el grupo ha crecido desde entonces a cerca de 90 en una semana promedio.

Una de las nuevas pasiones de Billy Brokschmidt es el ciclismo, después de una adicción de 15 años que comenzó ingiriendo pastillas para el dolor después de una cirugía. Vive cerca de Dayton, Ohio, 8 de diciembre de 2017. (Charlotte Cuthbertson/The Epoch Times)

Fue durante su primera reunión de FOA que Brokschmidt en la cual le ocurrió algo que le cambió la vida.

“Cada semana, cerca de la mitad de las personas son miembros de la familia que nunca han tocado una droga. Simplemente no saben cómo lidiar con lo que está sucediendo con sus seres queridos”, dijo.

“Así que esta madre me hizo una pregunta de la que yo sabía la respuesta. No puedo exagerar lo importante que fue ese momento. Fue la primera vez que me sentí útil a la sociedad en 15 años”.

Brokschmidt dijo que responderle a esa pregunta fue tan importante para él como el momento en que nació su hijo.

“Fue absolutamente decisivo para que mi recuperación progresara tan bien como lo ha hecho hasta ahora”, dijo.

Brokschmidt se lanzó a ayudar a FOA y no ha mirado atrás desde entonces. En marzo cumple dos años desintoxicado y lo atribuye a su trabajo voluntario ayudando a otros adictos.

“La mayoría de las personas que están en recuperación con las que hablé dicen que luchan con ello, si no todos los días, al menos de forma regular. Por alguna razón, no tengo ese problema. Realmente creo que es por el trabajo voluntario”, dijo. “La constante exposición a ella de alguna manera hace que no tenga una lucha diaria para mantenerme desintoxicado”.

Es un defensor de los compañeros que intentan incansablemente ayudar a los adictos que ingieren una sobredosis y de los que quieren estar limpios.

El Departamento de Policía de Dayton imprime semanalmente una lista de personas que han tenido sobredosis en la última semana y a menudo, Brokschmidt viaja con un agente para visitarlos.

“Vamos a esa dirección… y les ofreceremos tratamiento. Mientras hacemos eso, cuando asistimos ala sobredosis en directo –permanecemos unos ocho días visitándolos en Dayton- así que cuando ocurren sobredosis así, dejamos de llamar a la puerta y vamos directo a atender la sobredosis”, apuntó Brokschmidt.

“La mayoría de las personas con las que hablo no aceptan mi ayuda ni me escuchan, pero algunas sí la aceptan. Y si puedo mantenerme en contacto con ellos, es agradable observar su progreso. De hecho, puedes ver los cambios en su personalidad”.

Brokschmidt comentó que un médico le dijo que toma hasta un año, después de una larga adicción, para que los químicos cerebrales de un adicto a las drogas regresen a un nivel que sea saludable y normal para un humano.

“Y si observas a alguien en ese proceso, puedes ver de qué está hablando, cómo reacciona ante las cosas”, dijo.

Resolver la crisis

El ochenta por ciento de los nuevos consumidores de heroína inician su adicción a través de pastillas recetadas.

“Eso significa que el 80 por ciento de la heroína [adicción] se puede prevenir”, dijo Brokschmidt. “Así que si podemos frenar especialmente a las compañías farmacéuticas y a los médicos que las prescriben, eso literalmente elimina al 80 por ciento de los adictos que existen en la calle hoy en día. Así que ahí está la parte principal de lo que hay que hacer”.

Pero en la recuperación es donde se gasta tiempo, y eso es una bestia compleja.

En base a sus propias experiencias, el deseo de Brokschmidt sería tener servicios de recuperación disponibles inmediatamente para los adictos.

En cierta ocasión a Brokschmidt le llevó dos meses entrar en un centro de tratamiento residencial, no porque no hubiera camas disponibles durante esos dos meses, sino por problemas de seguro.

“Pude haber muerto durante el tiempo de espera. ¿Entiendes lo que digo? Porque me drogué todos los días de esos dos meses, esperando”, dijo.

En 2016, más de 64.000 estadounidenses murieron por causa de sobredosis de drogas y casi dos tercios de esas muertes involucraron un opiáceo. Asimismo, el cuarenta por ciento de todas las muertes por sobredosis de opiáceos involucraron un opiáceo recetado.

“Así que creo que cuando alguien llama pidiendo ayuda y le dices que tiene que esperar, estás apostando. Estás jugando con la vida de esa persona”.

Existe una necesidad real de centros de desintoxicación de ayuda inmediata las 24 horas, tanto para los pacientes de sobredosis como para los adictos que quieren desintoxicarse, apuntó Brokschmidt.

“Tiene que ser tan fácil conseguir la ayuda como conseguir la droga. Puedo llamar a un traficante ahora mismo y hacer que me la entreguen en mi casa y me la traen más rápido de lo que una pizza podría llegar”, dijo.

“Cuando alguien sufre una sobredosis, la ambulancia no lo lleva al hospital, sino al centro de desintoxicación”.

“Tiene que ser asistido médicamente o la gente no irá”.

La versión más popular utilizada del tratamiento es la suboxona, que es una combinación de buprenorfina (un opiáceo) y naloxona (que bloquea los efectos de los opiáceos).

La suboxona se viene utilizando para la adicción a los opiáceos desde el año 2002, y el otro tratamiento principal asistido por medicamentos,y que ha existido durante décadas es la metadona.

Vivitrol es un medicamento relativamente nuevo. Es una inyección de naltrexona que bloquea los receptores opiáceos en el cerebro durante un mes.

Brokschmidt dijo que de todas las personas que ha conocido, solo una persona ha dicho que dejó de consumir drogas de golpe la primera vez que lo intentó.

“Para el otro 99,99% de nosotros, es un proceso. Se necesitan varios intentos. Creo que si se hacen suficientes intentos, se llegará allí con el tiempo”, dijo.

“El problema es que la mayoría de la gente muere o acaba en la cárcel antes de que eso ocurra”.

Un Futuro Brillante

Brokschmidt está recuperando el tiempo perdido y aunque su sueño de la Fuerza Aérea se ha ido, ahora está trabajando para obtener más conocimiento en el campo de la recuperación.

“En realidad, después de 15 años, eso es lo único en lo que ahora soy un experto”, dijo.

Ha logrado reparar las relaciones con los miembros de su familia y está agradecido de vivir en el sótano de su hermana, que está adornado como una cueva de hombre con una mesa de billar, una tabla de dardos y su bicicleta, su preciada posesión.

El verano pasado, Brokschmidt finalmente le contó a su hijo, que ahora tiene 14 años, sobre su adicción y recuperación.

“En realidad se lo escondí toda la vida. Nunca lo supo. Vive con su madre, y esa es la razón por la que pude ocultárselo”, dijo. Está deseando visitar a su hijo en Florida este año.

“Ya no tengo días malos. Los últimos dos años han sido súper geniales. Me he estado divirtiendo mucho más de lo que merezco”, dijo.

“Todas las mañanas, me despierto y estoy feliz”.

Para obtener ayuda

Si usted o alguien que usted conoce necesita ayuda por una adicción a los opiáceos, llame a la línea de ayuda nacional:

1-800-662-AYUDA (4357)

O encuentre recursos en línea en SAMHSA.gov

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