Casi no pudo caminar por 30 años luego de un accidente, pero una llamada telefónica cambió su vida

Por La Gran Época
29 de Octubre de 2019 Actualizado: 29 de Octubre de 2019

Ann Teurlings, nació y creció en Halle, Bélgica; es madre de seis hijos y graduada en artes y diseño de interiores. Hace treinta años sufrió lesiones por un grave accidente automovilístico que la dejó con dolor crónico durante décadas. Aquí comparte cómo se recuperó de su dura experiencia y llegó a tener una vida productiva y saludable.

“¡Mi mamá puede correr! ¡Puede correr!”, gritó mi hija de 11 años, Ili.

Ili nunca me había visto correr. Mi hija de 28 años tampoco me había visto correr. No solo no podía correr, sino que ni siquiera podía caminar muy bien y era difícil para mí seguir el ritmo de los niños o jugar con ellos en el patio del recreo. Todas mis dolencias se debieron a un terrible accidente automovilístico que tuve hace 30 años.

Sin embargo, en julio de 2016, después de una experiencia que me cambió la vida, pude participar en un desfile en Berlín y caminé casi 9 kilómetros, algo que antes era impensable. Dos meses después, participé en otro desfile en Munich. Después de eso, de repente pude correr y por eso Ili estaba tan emocionada.

El accidente automovilístico y el sufrimiento que me provocó

A la edad de 24 años, me lesioné gravemente en un accidente automovilístico y permanecí en coma durante una semana. Mis piernas estaban gravemente lesionadas y los médicos del hospital pensaron que necesitaría una amputación. Pero eso se evitó, gracias a un cirujano que unió todos mis huesos con gran habilidad y paciencia.

Una fotografía después del accidente automovilístico en 1986, que dejó a Ann en coma por una semana y con dolor crónico durante décadas (Recorte de periódico, cortesía Ann Teurlings/La Gran Época).

Mientras estaba en coma, me moví varias veces entre la vida y la muerte; y una vez, vi algunas escaleras que llevaban a lo que yo sabía que era el Cielo.

Cuando salí del coma, me sentía como una mujer de 70 años, exhausta y con dolor por todas partes. Ya sea que me acostara, me sentara o me moviera, el dolor siempre estaba ahí. A veces lloraba solo de pensar en tener que hacer cosas tan básicas como ir al baño. Durante un año entero, no pude caminar sin el apoyo de muletas y cada paso fue muy duro.

De alguna manera, aprendí a vivir con el dolor constante, tratando de superarlo manteniendo mi pensamiento en un nivel más alto.

Mi experiencia mientras estaba en coma y el hecho de que no perdí mis dos piernas me dejaron la convicción de que debía existir un mecanismo de autocuración en el cuerpo humano y que, eventualmente, me recuperaría por completo. Con este pensamiento, rechacé cualquier forma de medicación, lo que hizo mi vida más difícil.

La gente a mi alrededor no podía entenderme y pensaba que era extraña. Poco a poco perdí la fe en la gente y me volví amargada, testaruda y solitaria. Era tan testaruda que cuando una conocida trató de darme una copia de “Zhuan Falun”, el libro que más tarde cambió mi vida, me negué a aceptarlo y la excluí, prefiriendo mi propio mundo cerrado.

30 años de dolor crónico curado en cuatro meses

Hace unos cuatro o cinco años, Ili, mi hija de 8 años, conoció a una niña llamada Lucía en la escuela y se hicieron mejores amigas. La madre de Lucía es practicante de Falun Dafa, también llamado Falun Gong, una antigua disciplina china de meditación. Ella escuchó sobre mi historia a través de Ili, y me llamó. Quería contarme en persona sobre el increíble poder curativo de Falun Dafa, pero yo no quería conocerla. Sin embargo, la madre de Lucía fue muy paciente. Durante un período de tres años, intentó varias veces presentarme a Falun Dafa, pero siempre la rechazaba.

Una tarde, Ili y yo fuimos a ver Shen Yun Performing Arts, un espectáculo de danza clásica china de Nueva York. Ili estaba tan fascinada que decidió aprender danza clásica china, así que se unió a un campamento de verano donde se estaba enseñando. Fui al campamento con ella y observé algunas cosas interesantes que sucedieron allí.

Ann Teurlings y su hija Ili, mostrando un certificado de finalización de estudios en un campamento de verano que enseña danza clásica china en Alemania (Cortesía Ann Teurlings/ La Gran Época)

Apenas parecía posible, pero poco tiempo después, Ili bailaba como una verdadera bailarina china y también estaba aprendiendo a dibujar arte chino. Eso me sorprendió mucho. Hablé con la maestra de allí, que era  practicante de Falun Dafa y me explicó la profundidad del libro Zhuan Falun, el libro principal de la disciplina, que tiene profundas enseñanzas basadas en Verdad, Benevolencia y Tolerancia.

Esto me intrigó, así que visité la casa de Lucía un día y su madre me dio una copia de Zhuan Falun. Empecé a leerlo y enseguida me di cuenta de que era exactamente lo que necesitaba. Seguí leyendo y leyendo. Lo leí una y otra vez. Cuando la madre de Lucía me recomendó que lo leyera más de una vez para entender todos los principios profundos, ya lo había leído varias veces.

Eso fue solo el principio

Cuatro meses después, todo mi dolor desapareció. Apenas podía creerlo. Me sorprendió tanto que 30 años de dolor crónico desapareciera con tan solo leer un libro. Me hizo sentir más curiosidad por Falun Dafa, así que empecé a hacer los ejercicios y la meditación también. Para mi deleite, pude aprender los cinco ejercicios sin mucho esfuerzo, como si los hubiera practicado previamente.

Otra cosa asombrosa era que según podía interpretar, ¡Zhuan Falun hablaba sobre las escaleras al Cielo que había visto cuando estaba en coma!

Ann muestra su obra de arte (Cortesía Ann Teurlings/La Gran Época)

Ahora puedo correr

Un tiempo después, mientras estaba en otro campamento de verano en Alemania con Ili, me preguntaron si me gustaría unirme a un desfile en Berlín. No sabía de qué se trataba el desfile: pensé que era algo para los niños, así que dije que sí.

Mucha gente participó en el desfile y descubrí que su propósito era crear conciencia sobre la brutal persecución contra los practicantes de Falun Dafa en China y también mostrar la belleza de la práctica. Esto me motivó a pedir justicia para estas personas inocentes que sufren en China frente al mal.

Decidí ubicarme al final del desfile, por si no podía seguir el ritmo, para no molestar a nadie. Resultó que fue un largo desfile. Seguí a los que caminaban delante de mí, sintiendo mi equilibrio otra vez y antes de darme cuenta, habían pasado unas pocas horas. Me sorprendió haber caminado tan lejos.

Entonces llegó un hombre y me dijo que caminaba muy despacio y necesitaba moverme más rápido o me quedaría atrás. Inmediatamente sentí que estaba perdiendo el equilibrio y cada paso se hacía más difícil. Mi amiga me animó a fortalecer mi voluntad. Entonces el hombre volvió y me pidió que caminara aún más rápido. De repente me sentí exhausta y necesitaba descansar. Vi el desfile cada vez más lejos de mí.

Entonces, pensé en las enseñanzas de Zhuan Falun y me acordé del propósito del desfile. Con ese pensamiento, mi energía comenzó a retornar, así que empecé a caminar de nuevo y, poco a poco, la distancia entre el desfile y yo se acortó y finalmente fui capaz de seguir el ritmo.

¡Ese hombre vino por tercera vez y me dijo que me moviera más rápido! Pero aún quedaban 500 metros por recorrer y cada paso era tan pesado que me costaba mucho terminar y necesitaba ayuda para los últimos metros.

Sin embargo, la experiencia entera pareció beneficiarme en un nivel más profundo. Antes del desfile, aunque el dolor se había ido, siempre sentía algo de presión. Después del desfile, la presión había desaparecido.

Poco después, Ili y yo participamos en otro desfile en Munich. En ese desfile me sentí muy cómoda y caminé hasta el final sin ningún problema. Ili iba caminando a mi lado y se sorprendió de que pudiera caminar tan rápido.

En el camino de regreso al hotel después del desfile necesitábamos alcanzar al grupo con el que estábamos. Estaban muy por delante de nosotros, así que empecé a correr sin pensar. Fue entonces cuando Ili gritó: “¡Mi mamá puede correr! ¡Puede correr!”. Estaba más que encantada.

Viendo los cambios en mí, Ili también comenzó a practicar Falun Dafa. Entiende muy bien las enseñanzas de Zhuan Falun y se comporta basándose en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia en su vida diaria.

Ann (atrás a la derecha) y su hija Ili (centro), practican los ejercicios de pie de Falun Dafa con el grupo local (Cortesía Ann Teurlings/La Gran Época)

Estoy llena de gratitud por esta experiencia que renovó mi vida y por ver a mi hija crecer saludablemente. Quiero compartir mi historia con quienes son como mi “viejo yo” y espero que más personas se beneficien de esta maravillosa práctica de autocultivación.

Nota del editor:

Falun Dafa (también conocido como Falun Gong) es un sistema de autocultivación de la mente y cuerpo  que enseña los principios universales de Verdad, Benevolencia y Tolerancia como una forma de mejorar la salud y el carácter moral, alcanzando la sabiduría espiritual. Fue presentado al público por el Sr. Li Hongzhi en 1992 en China y actualmente lo practican más de 100 millones de personas en más de 114 países.

Para más información sobre la práctica o para descargar el libro “Zhuan Falun“, visite: www.falundafa.org Todos los libros, música de ejercicios e instrucciones están disponibles completamente gratis.

Esta práctica pacífica está siendo brutalmente perseguida por el régimen comunista chino desde 1999. Para más información, por favor visite: Minghui.org y Faluninfo.org 

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