Edipo y la plaga: La voluntad de perdurar

Por James Sale
03 de Mayo de 2020
Actualizado: 03 de Mayo de 2020

Edipo es uno de los más famosos héroes de la mitología griega, inmortalizado en lo que se considera la más importante tragedia griega: ‘Edipo Rey’ de Sófocles. Un momento de reflexión nos revela que él era diferente a la mayoría de los otros héroes de la antigua Grecia. Edipo no poseía la fuerza y el poder de Heracles o Teseo, ni tampoco las astutas habilidades guerreras de Odiseo, o menos aún el encanto de la poesía y música de Orfeo, quien descendió incluso más profundamente en el Hades (el inframundo) que Heracles. ¿En qué sentido, entonces, fue un héroe?

Aunque él fue un héroe porque venció a un monstruo, la Esfinge, esto no fue a través de la fuerza o los engaños, sino a través de la perspicacia y la inteligencia. Cuando Edipo respondió correctamente al enigma de la Esfinge, la Esfinge se desesperó y se suicidó. Vale la pena notar esto, porque aquí está la primera pista de por qué Edipo es un héroe: a lo único que él se niega es escapar. Como veremos, cuando Edipo se enfrenta a sus crímenes no se rinde. En una búsqueda incansable, enfrenta la verdad sin vacilar para luego asumir las consecuencias.

Edipo responde a la pregunta de la Esfinge. Cerámica pintada con figuras rojas, alrededor del 470 A.C. Museo Gregoriano Etrusco de los Museos Vaticanos. (Dominio Público)

Edipo es un héroe de la capacidad de la voluntad humana para soportar, avanzar y perseverar hasta el final. De esta manera, él es un verdadero héroe de nuestros tiempos, ya que ¿hubo alguna vez un momento en el que necesitamos más que nada de estas cualidades?

Los males de hoy

Hoy las tasas de suicidio están en sus niveles más altos y el adormecimiento —sin enfrentar la realidad— es evidente en todo el escapismo, como en las adicciones al alcohol, las drogas, el juego y los sistemas de entretenimiento del hogar en los que nos metemos. Si no nos hemos sometido al suicidio o al escapismo, también tenemos esos niveles extraordinariamente altos de depresión y desesperación con los que tantas personas de nuestra sociedad están ahora afligidos.

¿Cuál es, entonces, la historia de Edipo y por qué hoy es tan relevante para nosotros? La psicología de Jung considera, y creo, lo hace en modo correcto, que lo que negamos en el interior eventualmente se manifiesta en el exterior. En otras palabras, lo que está pasando dentro de nosotros, internamente, eventualmente aparecerá en el mundo real. Esto se convierte en un destino del que no podemos escapar.

En el caso de Edipo, el camino que lo lleva a su destino parece terrible de contemplar. Hay que empezar por su padre, Layo, y el crimen que cometió. Layo violó al hijo del rey, un crimen que después en la antigüedad se conoció como “el crimen de Layo” (hybris, o “ultraje violento”). Como sanción la diosa Hera envió al monstruo de la Esfinge a Tebas. Además Apolo advirtió a Layo que si tenía un hijo, como castigo por su crimen, su propio hijo lo mataría.

Ante este oráculo, Layo ordenó que su hijo fuera destruido al nacer. Le pidió a un criado que abandonara y expusiera al bebé en el monte Cithaeron con sus pies atravesados por un pincho. De ahí el nombre de Edipo, que significa “pies hinchados”. Sin embargo, el sirviente no pudo aceptar un acto tan malvado, así que entregó el niño a un pastor para que lo cuidara. Es así como el destino se puso en marcha.

El niño Edipo revivido por el pastor Phorbas. Obra de Antoine-Denis Chaudet, de la década de 1810 en el Louvre, perteneciente al Museo de Luxemburgo en París. (Dominio público)

Más adelante, el oráculo de Delfos le advierte a Edipo que él matará a su padre y se casará con su madre. Sin embargo, sin conocer su verdadero linaje, el cree que dañaría a sus padrastros de Corinto. Para evitar la profecía huye de Corinto y durante su huida, en una encrucijada se encuentra sin querer con su verdadero padre. Ninguno de los dos reconoce al otro y después de un altercado, Edipo mata al padre.

‘El asesinato de Layo por Edipo’. Obra de Joseph Blanc, 1867. (VladoubidoOo /CC BY-SA 3.0)

Tras lo ocurrido, Edipo viaja a Tebas y en el camino responde al enigma de la Esfinge. A través de este acto de inteligencia superior destruye a la Esfinge y es nombrado rey de Corinto. En el proceso se casa con la reina Jocasta quien, sin que ambos lo sepan, es también su verdadera madre. Entonces la profecía de Apolo se cumple.

Hay muchos puntos de profundo interés en esta historia, pero aquí quiero enfocarme en el hecho de que todo esto parece a nuestras mentes modernas ¡totalmente injusto!

¡Es injusto!

Parece que Edipo es un inocente que ha sido llevado a una destrucción deliberada sin una buena razón. Después de todo, las acciones de su padre —o para usar un término bíblico, el pecado— fue lo que provocó la primera maldición. Después de haber sobrevivido al nacimiento y a la exposición mató a Layo con rabia, pero también en defensa propia, ya que Layo lo sacó del camino y lo golpeó. A pesar que había intentado desesperadamente evitar la profecía, no acercándose a su ciudad natal, al final no pudo saber que Jocasta era su madre.

Pero aquí es donde nosotros recordamos el comentario de James Hollis: “Qué diferente fue la desconcertante pero desafiante afirmación religiosa de Jung de que especialmente en lo traumático, es donde el trabajo de los dioses puede ser visto”.

“Él escribió: ‘(Dios) es el nombre con el que yo designo todas las cosas que se cruzan en mi camino de forma violenta e imprudente, todas las cosas que alteran mis puntos de vista subjetivos, planes e intenciones y cambian el curso de mi vida para bien o para mal’. Algo, claramente, se cruzó en el camino de Edipo en forma violenta y temeraria”.

Así es como llegamos a la parte media de la historia, porque Edipo podría haber vivido una vida feliz para siempre con la Reina Jocasta. Fue un rey exitoso durante 20 años y entre los dos tuvieron cuatro hijos, sin saber que estaban cometiendo incesto. Pero en este punto de la narración, el dios Apolo fuerza el asunto. Una terrible plaga desciende sobre Tebas y al consultar al Oráculo de Delfos, Edipo se entera de que la plaga sólo terminará cuando el asesino del rey Layo haya sido asesinado o desterrado. Edipo, irónicamente, ya que se maldice a sí mismo, echa una maldición sobre el asesino y luego se dispone a encontrarlo y a terminar con la plaga.

El rey Edipo, el causante de la plaga es rechazado por su pueblo. ‘La plaga de Tebas’, obra de Charles Francois Jalabert,1842. Museo de Bellas Artes de Marsella. (Dominio Público)

Hoy en día, consideramos que es cruel y erróneo sugerir que COVID-19 es una plaga enviada por Dios o los dioses para castigar a la humanidad por algún pecado que no conocemos. Pero no sólo los griegos sostuvieron que las plagas son manifestaciones de la ira de los dioses. Lo más destacado es que la Biblia registra que los egipcios, los israelitas, los filisteos, los asirios, y muchos más aún, experimentaron plagas como resultado directo de algunas transgresiones. A menudo se atribuyen a toda la nación o a una tribu, pero a veces, como en el caso de Edipo, se derivan de la maldad de una sola persona. Por ejemplo, en Samuel II, 24:10, nos enteramos del pecado del Rey David, un pecado que causó la muerte de 70,000 personas en una plaga.

El punto sin embargo, es que el pecado no es obvio, es algo bajo la superficie que tiene que ser revelado a través del sufrimiento. Nadie lo quiere y en un sentido nadie lo merece. ¿Cómo vamos a decir, como humanos, que alguien merece morir de COVID-19?

En su libro ‘La sabiduría de los mitos’, Luc Ferry aborda esta pregunta fundamental. Independientemente de que nos veamos merecedores de un cierto destino, debemos enfrentarlo. Así que aquí es donde la historia de Edipo revela el significado de estas crisis: los antiguos no fueron a la negación para evitar la verdad o para evadir la responsabilidad. Se enfrentaron a la realidad. En términos filosóficos orientales, el Tao tiene razón e ir en contra es el mayor crimen.

Las plagas no pueden ser ignoradas; hay vidas en juego. Pero lo que éstas hacen es obligar a los seres humanos a preguntarse “¿por qué?”. ¿Por qué esta plaga y por qué ahora? Así el resto de la historia de Edipo es su implacable búsqueda para encontrar la respuesta a esta pregunta. En un sentido las plagas nos obligan a enfrentarnos a la mortalidad y el sufrimiento de una manera muy directa y agonizante y esto nos lleva a cuestionar el significado de la vida misma. Entonces Edipo es un modelo para nuestros tiempos.

¿Enfrentar o esquivar la responsabilidad?

Si consideramos el COVID-19, el mundo moderno quiere encontrar quién es responsable de ello. ¿Es el Partido Comunista Chino (PCCh)? ¿Es algún aspecto de la evolución biológica por el que los virus mutan naturalmente, o han mutado de forma no natural? ¿Es el líder o el gobierno de este o aquel país que no puso en marcha las medidas adecuadas en el momento adecuado? ¿Son los científicos en general los que no han dado buenos consejos? La lista continúa. Pero esta no es la forma de pensar como pensaban los griegos o los israelitas o los antiguos.

Cuando Zeus triunfó sobre las fuerzas del caos y la oscuridad, y estableció el orden y la justicia (la diosa Diké) —el equivalente a Dios creando el cosmos y siendo “bueno”— todas las violaciones a este orden tuvieron consecuencias. No es que los hijos del padre deban ser castigados por el pecado de su padre, sino que al pecar, en primer lugar, el orden cósmico es desplazado y por lo tanto va a haber daños colaterales que pueden tardar generaciones en repararse y en volver a su estabilidad adecuada y armoniosa.

En cierto modo, vemos esto todo el tiempo: Los padres pueden crear legados desafortunados para sus hijos, lo cual no es culpa de los hijos, pero por lo cual ellos tienen que soportar toda una vida de problemas. Además si consideramos toda la historia de la familia de Edipo, que se extiende a lo largo de varias generaciones, esto es extremadamente acertado.

La obra de Sófocles “Edipo en Colonus” termina con el rey, que habiendo expiado sus pecados, se convierte en una bendición para la ciudad donde está enterrado. “Edipo y Antígona” de Franz Dietrich. Museo de Arte Crocker, Sacramento, California. (PD-US)

Por lo tanto, aunque podemos estar buscando quién es el responsable inmediato de COVID-19, los antiguos griegos que registraron lo que le sucedió a Edipo estarían buscando algo más profundo: tal vez una persona, una familia, una tribu o una nación que haya exhibido una enorme arrogancia en algún momento del pasado, por la cual ahora colectivamente todos tenemos que pagar el precio. Sería como lo hicieron los sometidos por Edipo, cuando la plaga los golpeó. Alternativamente, ¿la humanidad misma ha cometido algún acto colectivo de arrogancia por el cual ahora se aplica una pena?

El pastor de la obra de Sófocles cuando finalmente confirma que fue Edipo quien mató a su padre, dice que está a punto de hacer la revelación: “Estoy al borde de decir palabras terribles”. A lo que Edipo responde: “Yo estoy al borde de las terribles palabras”. ¿Qué debemos hacer en el mundo moderno, al contemplar el destino de Edipo, al escuchar lo que tal vez no queremos pero, como Edipo, debemos hacer?

James Sale es un empresario inglés cuya compañía, Motivational Maps Ltd., opera en 14 países. Es autor de más de 40 libros sobre gestión y educación de importantes editoriales internacionales, incluidos Macmillan, Pearson y Routledge. Como poeta, ganó el primer premio en la competencia The Society of Classical Poets 2017 y habló en junio de 2019 en el primer simposio del grupo celebrado en el Princeton Club de Nueva York.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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