El resultado kármico de la hipocresía

Por Minghui.org
16 de Mayo de 2020
Actualizado: 18 de Mayo de 2020

Ji Xiaolan, un famoso escritor de la dinastía Qing, registró muchas historias en uno de sus libros, para ilustrar que una persona es responsable por sus palabras y su conducta, porque los dioses conocen los pensamientos y comportamientos de todos. Las siguientes son dos historias de su colección.

La hipocresía en una vida pasada conduce a la miseria en la próxima

Había una vez un hombre llamado Fen Shunan de Hejian. Era muy inteligente y buen escritor. Sin embargo, no tuvo mucha fortuna en su vida. Vivió en la pobreza y sufrió de depresión.

Un día fue a un templo y rezó a los dioses, preguntado por qué su vida era tan miserable. Tuvo un sueño esa noche, donde alguien le decía, “no debes quejarte de la sociedad o de tu poca fortuna. Tu vida es lo que es por ti”.

“¡En tu vida pasada, ganaste una reputación por ser leal y honesto usando halagos; alentaste a otros a intentar cosas que sabías serían imposibles por lo que la gente te agradecería; encontraste repetidamente excusas para justificar a una mala persona por lo cual te daría las gracias, a pesar de que tu conocías que sus crímenes eran imperdonables; pretendiste ser un buen chico y dejaste que otros asumieran la culpa, fuiste astuto y malvado!”.

“Evitaste a toda costa cualquier cosa que pudiera afectar tus intereses personales. Cuando podías haber salvado la vida de la gente con poco esfuerzo, observaste de costado y eludiste problemas. Aparentabas ser amable, pero, de hecho, eras distante; surgiste para cuidar a otros, mientras que, de hecho, eras indiferente”.

Fen Shunan, buen escritor que vivió en la pobraza. Imagen ilustrativa (Eduardo Robles Pacheco / flickr).

“Cuando una persona comete un error, puede compensarlo haciendo buenas obras. Pero si su corazón es malvado, está fuera de línea con la ley del Cielo. Piensa sobre esto. ¿No es justo que sufras en esta vida?”.

Fen se llenó de resentimiento al escuchar esto, pero su suerte no cambió en esta vida y falleció poco tiempo después.

Un maestro debe infundir moralidad y buen carácter

Había una vez un escritor muy talentoso, pero reprobaba continuamente el examen para solicitar un trabajo en el gobierno.

Un día estaba enfermo y tuvo un sueño en el que se veía en el inframundo. Vio a un conocido y le preguntó si iba a morir a causa de su enfermedad. La persona dijo: “Tu vida no finalizará, pero estás a punto de perder tu sustento. Me temo que vas a terminar aquí muy pronto”.

El escritor dijo: “Me ganaba la vida como maestro. No he hecho nada en contra de la ley del Cielo o las reglas de la sociedad. ¿Por qué voy a perder mi medio de vida?”.

“Es precisamente porque te ganabas la vida enseñando. Eres un maestro, sin embargo, no pudiste enseñar a los niños las buenas costumbres o construir su carácter. Hiciste dinero, pero no hiciste el trabajo. Eso es lo mismo que robar o ser un derrochador, por lo que tienes menos buena fortuna”.

“Como maestro, se te ha confiado enseñarle a los niños virtud y guiarlos en ser amables y rectos. Los padres te pagaron, pero no les enseñaste a sus hijos lo que debías. Personas como tú son castigadas severamente: los que se suponían que eran oficiales de alto rango perderán sus posiciones; aquellos que no eran oficiales perderán su medio de vida”.

“Ves muchos sabios en el mundo, pero algunos son indigentes y mueren jóvenes. Cuando esto sucede, la gente se queja que la ley del Cielo no es justa, mientras que, de hecho, fue debido a su propia mala conducta”.

Este artículo se publicó originalmente en Minghui.org.


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