Errores estratégicos de Administración Biden condujeron a desastre en Afganistán

Por Austin Bay
16 de Septiembre de 2021
Actualizado: 16 de Septiembre de 2021

Comentario

Hay que darle crédito al senador James Risch (R-Idaho) por haber planteado una pregunta crítica durante el testimonio del secretario de Estado Antony Blinken el 14 de septiembre ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Después de declarar que no hablaba por motivos partidistas y que “no hay forma posible para hacer parecer esto exitoso (la retirada de Afganistán)”, Risch preguntó a un nervioso Blinken: “¿Quién es el responsable? ¿Quién tomó las decisiones al respecto? ¿Fue el presidente de Estados Unidos?”.

“En última instancia, el presidente toma las decisiones”, respondió Blinken. Rápidamente añadió una serie de cualificaciones. “Cientos y miles de decisiones…”, opinó Blinken, “… entran en una situación tan compleja como ésta”. El presidente toma “grandes decisiones estratégicas”, pero “las decisiones tácticas y operativas las toman las diferentes agencias, los jefes de las agencias y los funcionarios de las mismas”.

Risch es el miembro de mayor rango de la minoría del comité. No necesitaba escuchar un sermón repleto de tópicos sobre la toma de decisiones burocráticas, calculado para aparentar responsabilidad sin hacerlo realmente. Pero eso es lo que obtuvo.

Al escudriñar la transcripción de su testimonio, me di cuenta de que Blinken eludió el debate sobre las decisiones (tomadas por personas no identificadas) que las acciones sobre el terreno en Afganistán habían demostrado que eran totalmente erróneas y destructivas.

El senador Ron Johnson (R-Wis.) le dijo a Blinken que si solo leyera el testimonio preparado de Blinken, pensaría que la retirada “fue un éxito rotundo”. Pero leo las noticias, como la mayoría de los estadounidenses, y nos damos cuenta de que esto es un completo desastre (…) lo que más me preocupa (…) es lo alejado que está la realidad (…)”.

En el gobierno de Biden, la “percepción” política prevalece sobre la realidad. Blinken repite, con premeditación, el error estratégico más grave de la Administración Biden: centrarse en la gestión de la percepción política en lugar de ejecutar acciones políticas que aborden los hechos sobre el terreno.

El 31 de agosto, Reuters confirmó esa dura verdad al publicar el intercambio telefónico del 23 de julio entre Biden y el entonces presidente afgano Ashraf Ghani. Biden le dijo a Ghani que  “(…) la percepción en todo el mundo y en partes de Afganistán (…) es que las cosas no van bien en términos de la lucha contra los talibanes. Y es necesario, sea cierto o no, proyectar una imagen diferente“.

Biden sabía que su retirada, mal planificada e incompetentemente ejecutada, estaba fracasando, pero quizás podía engañar al público. Ahora Blinken sigue librando una guerra de percepción contra los ciudadanos estadounidenses, intentando ocultar un fracaso de planificación que equivale a un incumplimiento del deber.

El principal componente del desastre fue una Operación de Evacuación de No Combatientes (NEO, por sus siglas en inglés). Según la doctrina estadounidense, el Departamento de Estado es el organismo principal en una NEO. Sin embargo, la retirada de una zona de combate requiere que las fuerzas militares mantengan la seguridad, lo que significa que los Departamentos de Estado y Defensa deben coordinarse constantemente con los aliados en la planificación de la evacuación y en todas las fases de su ejecución. Además, en una situación compleja como la de Afganistán, el presidente de Estados Unidos debe estar dispuesto a enviar refuerzos militares para responder a sorpresas —como ataques enemigos imprevistos.

Un planificador experimentado puede esbozar un plan básico de NEO en 10 minutos, uno diseñado para establecer las condiciones favorables para una evacuación exitosa.

Los siguientes son algunos de los elementos clave. Identificar y asegurar los corredores de evacuación. En un territorio sin salida al mar (como Afganistán), asegurar varios aeropuertos, incluso si eso significa enviar temporalmente más tropas. Abastecer las bases aéreas con alimentos y suministros médicos. Alerte y comience a preparar los recursos de transporte aéreo, incluyendo aviones comerciales y contratados. Los equipos consulares del Departamento de Estado (protegidos por unidades de seguridad si es necesario) buscan a los ciudadanos estadounidenses. El Departamento de Estado aumenta la tramitación de los visados especiales para inmigrantes y organiza refugios en terceros países para los evacuados con visados especiales para inmigrantes y no ciudadanos. Lo que no se puede procesar en el país, los refugios pueden manejarlo.

Muchas de estas suboperaciones podrían haber comenzado el 14 de abril, el día en que Biden dio la orden de retirada.

Un consejo de sentido común: No hay que fijar fechas concretas para completar la evacuación si se puede evitar —ya que avisar al enemigo es una mala idea. Retirar las fuerzas de seguridad dependiendo de la amenaza. A medida que la evacuación se acerca a su fin, los militares comienzan a “reducir el perímetro” mientras mantienen la capacidad de ataque punitivo.

Lo triste es que Estados Unidos tiene los recursos institucionales y la experiencia para llevar a cabo una evacuación con éxito. Pero los trágicos resultados nos dicen que los altos dirigentes de la Administración Biden no tenían ni idea de cómo organizarlos, y mucho menos de cómo utilizarlos.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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