¿Es su hijo adicto a los videojuegos?

Los padres deben distinguir entre pasar demasiado tiempo con los videojuegos o una adicción grave
Por LEONARD SAX
30 de Septiembre de 2022 6:11 PM Actualizado: 30 de Septiembre de 2022 6:11 PM

Jacob tenía 22 años cuando sus padres lo llevaron a verme a mi consulta. Todavía él vivía en su casa y trabajaba solo unas pocas horas a la semana, ayudando con el negocio de remodelación de su padre. Sus padres estaban preocupados por la completa falta de ambición por parte de Jacob.

No tenía ningún trabajo, salvo el que le proporcionaba su padre de vez en cuando, sin estudios más allá del bachillerato, sin interés en la educación superior —vocacional o de otro tipo— y sin planes para el futuro. Jugaba a los videojuegos al menos 40 horas a la semana, el equivalente a un trabajo a tiempo completo.

“Háblame de tus mejores amigos”, le pregunté.

“Tengo docenas. ¿Por dónde quieres que empiece?” Jacob respondió.

“Solo dime los nombres de pila de tres de tus mejores amigos”, respondí.

“Nunca he visto a Jonathan”, dijo Jacob. “Él vive en Singapur. Está en mi gremio de World of Warcraft”.

“¿Cuándo fue la última vez que tuviste un amigo en tu casa?” pregunté.

“Sí, ya veo a dónde quieres llegar. El mundo virtual no es tan bueno como el mundo real, ¿verdad?” dijo Jacob.

“Bueno, sí,” dije. “Creo que las relaciones del mundo real son más importantes que las relaciones que existen solo en línea o en un mundo virtual”.

Jacob pasaba demasiado tiempo jugando videojuegos. Los juegos habían desplazado todo lo demás.

“La única intervención eficaz en este contexto es la abstinencia total”, les dije a sus padres. “Tienen que eliminar el acceso de Jacob a los videojuegos. Retirar el Xbox de la casa. Destruirlo o regalarlo. Eliminar todo acceso a Internet, incluido el teléfono móvil”.

La expresión inexpresiva de Jacob se convirtió en un ceño fruncido enojado.

“Eso es totalmente inaceptable”, dijo. “Soy un adulto. Tengo más de 18 años. ¡No puedes decirme qué hacer! Mis padres no pueden decirme qué hacer”.

“Así es”, le contesté. “Eres un adulto. Eres libre de salir de casa de tus padres. Pero si te vas”, y entonces miré a los padres, “tus padres no te van a mantener. Ahora mismo, vives en casa de tus padres, pero no pagas el alquiler. Ellos pagan tu comida y tu acceso a Internet. Si vas a quedarte en su casa, debes acatar sus normas”.

Los videojuegos existen desde hace medio siglo. Este año celebramos el 50º aniversario del lanzamiento de Atari de Pong, el primer videojuego que se hizo viral. Pero hace 50 años, incluso hace 20, habría sido raro encontrar a un niño que descuidara cualquier otro aspecto de su vida por los videojuegos. Ahora, se está convirtiendo en algo común.

La historia de Jacob es extrema, pero oigo hablar de muchos niños y casi siempre son chicos, no chicas, que descuidan sus tareas escolares y su vida social para quedarse en su habitación con la puerta cerrada, los auriculares puestos y el control en la mano jugando videojuegos. Los videojuegos son demasiado buenos.

Si inviertes 40 horas o más en dominar un juego de rol inmersivo como Red Dead Redemption 2, sientes que has logrado algo de verdad cuando lo terminas, algo significativo y sustancial. Los chicos me dicen que les lleva a una satisfacción mucho mayor que estudiar español o historia de Estados Unidos.

Algunos chicos corren más riesgo: El chico solitario o excluido socialmente corre un mayor riesgo de gravitar hacia los videojuegos violentos y volverse más agresivo, según una investigación reciente. La relación entre los videojuegos violentos y el comportamiento agresivo puede ser controvertida, pero un estudio reciente sugiere que puede haber una relación aún más fuerte entre los videojuegos violentos y la ciber agresión. Incluso si el niño que mata a sus enemigos en línea en Grand Theft Auto 5 no es más propenso a herir a la gente en la vida real, puede ser más probable que participe en actos de agresión en línea.

Como médico de familia, me preocupan los niños y los videojuegos desde hace muchos años. En 2007, escribí un libro llamado “Chicos a la deriva: Los cinco factores que impulsan la creciente epidemia de chicos desmotivados y jóvenes con bajo rendimiento”. Los videojuegos son uno de esos cinco factores, y son el factor más frecuentemente implicado cuando un chico se desvía realmente del camino, como hizo Jacob. Más recientemente, escribí una segunda edición actualizada de “Chicos a la deriva” porque las cosas no han hecho más que empeorar.

Con mi aliento, los padres de Jacob siguieron mis instrucciones. Donaron el Xbox y todos sus videojuegos a Goodwill. Quitaron el ordenador de su habitación. Protegieron su propio ordenador con una contraseña y se negaron a que su hijo accediera a él.

Cuatro semanas después, estaban de regreso a mi consulta tal y como lo había solicitado.

“Es increíble la diferencia”, dijo su padre. “En el trabajo, por ejemplo. Solía ser difícil conseguir que Jacob me ayudara y tenía que comprobar todo lo que hacía. Ahora muestra iniciativa y hace el trabajo mejor que yo”.

Su madre comentó: “No fue fácil. Por lo menos, no al principio. Jacob no nos habló en absoluto durante la primera semana. Hacía sus propias comidas y las llevaba a su habitación. Pero luego, después de aproximadamente una semana, comenzó a unirse a nosotros para cenar. Y él pareció como haberse despertado. Era como si hubiera estado en la niebla todos esos años que estuvo jugando videojuegos. Tal vez simplemente no estaba durmiendo lo suficiente. Ahora, en realidad habla a la hora de la cena”.

Su padre dijo: “Él parece más inteligente ahora y entiende mejor. Tiene una mejor capacidad de atención y más paciencia”.

“¿Qué opinas?” Le pregunté a Jacob.: “¿Estás de acuerdo?”

“No, no lo sé”, respondió Jacob. “No me siento diferente. No más inteligente, eso es seguro.

“Si fuera por ti: ¿volverías a jugar videojuegos mañana?” pregunté.

“Absolutamente, no”, respondió Jacob.

Sus padres suspiraron.

Jacob no mostró ninguna perspicacia. No tenía conciencia de cómo los videojuegos habían desplazado las actividades del mundo real en su vida.

Cómo saber si su hijo es adicto a los videojuegos

Los académicos no están de acuerdo sobre si la adicción a los videojuegos califica propiamente como un diagnóstico psiquiátrico. Pero como médico de familia, he visto de primera mano que algunos niños —en su mayoría chicos— son realmente adictos. ¿Cuál es la diferencia entre pasar demasiado tiempo jugando videojuegos y ser realmente adicto a ellos? La Clínica Mayo sugiere varios índices clave de que su hijo se está volviendo adicto a los videojuegos:

–  Desplazar: si los videojuegos están desplazando la vida social de su hijo o si no hace la tarea porque su hijo pasa demasiado tiempo jugando videojuegos, eso puede ser una señal de adicción a los videojuegos.
– Mentir: si su hijo le miente y dice que no jugó videojuegos cuando realmente lo hizo, a menudo es una señal de adicción.
– Ira/irritabilidad: si su hijo se enoja, se irrita o se pone ansioso cuando se le pone límites razonables a los videojuegos, eso podría ser una señal de adicción.
– Escalar: si su hijo pasa más y más tiempo jugando videojuegos, eso sugiere la posibilidad de una adicción.

Es importante que los padres distingan entre que sus hijos pasan demasiado tiempo jugando videojuegos y que tienen una adicción seria. Si un niño es adicto a los videojuegos, la única solución que realmente funciona, según mi experiencia, es la abstinencia. Eso significa sacar la videoconsola de la casa y regalar todos los juegos.

Consejos para niños que solo necesitan algunos límites

Pero, ¿Qué ocurre si un niño pasa demasiado tiempo jugando a los videojuegos, pero no ha mentido al respecto ni se ha enfadado porque no se le permite jugar y ha aceptado la necesidad de ponerle límites? Este niño no es realmente un adicto. Dedico dos capítulos de “Chicos a la deriva” a presentar la investigación sobre este tema y a hacer recomendaciones basadas en la evidencia. A continuación, un resumen para niños que necesitan algunos límites, pero no son adictos:

– No jugar videojuegos más de 40 minutos por noche en los días de colegio y no más de una hora los fines de semana, por día.
– Los minutos no se acumulan. Si pasa tres semanas sin jugar a los videojuegos, eso no significa que deba permitirse un atracón de siete horas un sábado. Eso es juego compulsivo, y es perjudicial.
– No permita videojuegos en los que el jugador sea recompensado por matar. Sin Grand Theft Auto. Sin Call of Duty. Esto requiere que los padres conozcan el contenido de los juegos que juega su hijo. Por supuesto, los padres ocupados no tienen tiempo para pasar horas viendo a su hijo jugar cada juego, por lo que recomiendo Common Sense Media para este propósito. Solo hay que teclear el nombre del juego y la página web ofrece un resumen preciso y el rango de edad para el que el juego es adecuado.

Si su hijo pasa demasiado tiempo jugando videojuegos, pero no es adicto, explíquele la necesidad de establecer límites y ponga los límites que he recomendado anteriormente. Si necesita un poco de aliento sobre cómo establecer límites de manera autoritaria, cómo ser “correcto, pero no demasiado duro”, entonces le sugiero humildemente que lean mi libro: “El colapso de la crianza de los hijos”.

Si su hijo es adicto a los videojuegos, no espere a que él mismo muestre comprensión de su situación. He visto a muchos padres que esperan que su hijo de 11, 15 o 24 años actúe lógicamente sobre la base de evidencia que encuentran convincente. Los padres dirán: “Mira cuánto tiempo te quitan los videojuegos de la vida. Mira cómo se han marchitado tus amistades desde que empezaste a pasar 20 horas a la semana frente a una pantalla. ¡Mira lo cansado que estás todo el tiempo, excepto cuando estás jugando!

El problema es que es posible que su hijo no tenga una idea de estos daños. No esperen. Pueden estar esperando meses o incluso años. Si su hijo es uno de los millones de niños que han permitido que los videojuegos desplacen todo lo demás en su vida, debe actuar con decisión. Si no lo hacen ustedes,  ¿Quién lo hará?

Este artículo fue publicado originalmente en el blog del Instituto de Estudios de la Familia.


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