Estímulos masivos pueden impulsar la inflación de manera equivocada y causar una estanflación

Por Daniel Lacalle
13 de Abril de 2020
Actualizado: 13 de Abril de 2020

Comentario

En todo el mundo, los gobiernos y los bancos centrales están abordando la crisis de la pandemia con tres conjuntos principales de medidas:

  • Inyecciones masivas de liquidez y recortes en las tasas de interés para apoyar a los mercados y el crédito.
  • Programas fiscales sin precedentes destinados a proporcionar préstamos y subvenciones para la economía real.
  • Grandes programas de gasto público, fundamentalmente en el gasto corriente y medidas de apoyo.

Sin embargo, por bien intencionadas que sean estas medidas, pueden causar problemas más profundos de los que pretenden resolver. Cuando los gobiernos tratan de impulsar artificialmente la deuda y la demanda en un shock de oferta, el riesgo es crear una espiral deflacionaria masiva impulsada por la saturación de la deuda que es seguida por la estanflación cuando las cadenas de suministro comienzan a ser insuficientemente flexibles.

Se trata de una crisis sanitaria y un choque de la oferta que se suma al cierre forzoso de la economía. Como tal, las políticas destinadas a impulsar la demanda tienen muy poco efecto, porque cualquier demanda que sea creada artificialmente no será correspondida por la oferta, mientras la economía permanezca cerrada.

Teniendo en cuenta que la apertura de la economía será gradual y estará sujeta a cambios, puede afirmarse con seguridad que el riesgo de lograr un impacto positivo escaso con estos paquetes de estímulo es alto.

Los gobiernos cometen dos errores importantes en un cierre tan grave como éste: pensar que el impacto es similar en todos los sectores y creer se recuperarán rápidamente de un cierre [de la economía] a nivel nacional.


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Hay sectores que tardarán años en recuperarse: viajes y ocio, automóviles, comercio minorista, moda, música, cine, turismo y energía, todos ellos se enfrentan a años de demanda débil, restauración del hojas de balance y estrategias de supervivencia.

El colapso de los ingresos y del flujo de caja, seguido de las más que probables subidas de impuestos que veremos, también va a crear una enorme carga en la investigación y el desarrollo, la innovación y la tecnología.

El sector financiero ya era débil en 2019, sufriendo de tasas negativas, altos préstamos improductivos y un débil rendimiento de activos tangibles. El impacto de la crisis será grave en activos existentes, con un incremento de préstamos morosos y una disminución de ganancias.

Si a esto añadimos que la mayoría de los paquetes de estímulo de los gobiernos se basan en la aprobación de préstamos masivos para las empresas que se enfrentan a años de dificultades, la presión sobre los bancos va a ser significativa, y puede conducir a una crisis financiera después de un choque de oferta.

Las medidas clave que se deben adoptar en un choque de oferta con un cierre forzoso deben ser medidas del lado de la oferta, eliminando los impuestos durante todo el cierre, reduciendo los gastos innecesarios para dar cabida a costos más elevados de servicios de salud, y proporcionando líneas de liquidez sin recurso para preservar el tejido empresarial, así como facilitando equipo sanitario y protocolos para que las empresas gestionen las cadenas de suministro.

Algunos gobiernos, como el de Estados Unidos, están combinando medidas tanto del lado de la demanda como de la oferta. Otros, como la mayoría de las grandes economías de la eurozona, excepto quizás Alemania, solo se centran en políticas dirigidas a proporcionar alivio del crédito y aumento del gasto.

Teniendo en cuenta estas medidas, y considerando la caída de la actividad económica, las ganancias corporativas, los salarios y los ingresos fiscales que se generarán, es probable que la deuda mundial se dispare por encima del 350% del PIB.

Esto significa que la gran mayoría de los paquetes de estímulo estarán destinados a financiar una mayor deuda creada por el gasto corriente del retorno no económico del gobierno y la hibernación de grandes empresas, mientras que las pequeñas y medianas empresas, las cuales tienen poco acceso a la financiación y tal vez ningún activo para apalancar, simplemente desaparecen. Las empresas de nueva creación y las pequeñas empresas pueden enfrentarse a una doble negativa de acceso cero al capital social, así como a un colapso en las ventas.

Cuando los gobiernos y los bancos centrales anuncian paquetes de estímulo masivo al comienzo mismo de una crisis, apuestan por una rápida recuperación y por el retorno a la normalidad como si nada hubiera pasado. Esto está lejos de ser el caso hoy en día. El estímulo impulsado por la deuda hacia una recuperación prolongada y dolorosa puede generar a corto plazo una espiral deflacionaria que probablemente se abordará con más estímulos monetarios y fiscales y, a continuación, creará una estanflación.

Las evidencia demuestra que la economía mundial se ha recuperado de manera mucho más lenta y endeudada de cada una de las crisis pasadas. Sin embargo, ninguna de las crisis de los últimos 50 años ha sido remotamente similar a ésta. Nunca hemos sido testigos de un cierre global de toda la economía, y los legisladores no tienen idea de las repercusiones a mediano y largo plazo, por lo que la duplicación de la deuda y la liquidez es, por lo tanto, peligrosa.

¿Cómo pasamos de la crisis a la deflación y luego a la estanflación?

El proceso sería el siguiente:

  • La crisis es creada por la pandemia y el subsiguiente cierre de economías enteras en un efecto dominó, causando tensiones en las cadenas de suministro así como un dominó de eventos crediticios en sectores altamente endeudados.
  • Los gobiernos rescatan a los sectores grandes y estratégicos, así como a los ciudadanos con préstamos, subsidios y medidas fiscales masivas, pero dejan atrás la preservación de las cadenas de suministro a nivel mundial. A medida que la crisis se profundiza y se prolonga, los gobiernos deciden adoptar medidas proteccionistas e intervencionistas que erosionan aún más las cadenas de suministro. Este período es deflacionario porque la velocidad del dinero se derrumba, la inversión se detiene, el consumo es más débil y los ciudadanos tratan de aferrarse a los pocos ahorros que tienen.
  • La espiral deflacionaria y de endeudamiento se aborda con más liquidez y más deuda, pero a estas alturas las cadenas de suministro se han visto irreparablemente dañadas y las medidas intervencionistas se suman al aumento de la inflación en los bienes y servicios esenciales. La economía sigue estancada pero los precios suben.

Espero sinceramente que esto no suceda. Estaré encantado de estar equivocado.

El cierre por la pandemia nos está mostrando la importancia de tener cadenas de suministro abiertas, empresas diversificadas, globales y eficientes, así como servicios competitivos. También muestra la importancia de la colaboración.

La solución a esta crisis debe ser global y local al mismo tiempo. La respuesta global debe garantizar que se preserven la cooperación y el comercio y que las políticas de liquidez también sean dirigidas a las economías emergentes, no solo a las desarrolladas. La respuesta local debe estar dirigida a asegurar una rápida recuperación de los empleos perdidos, preservando el tejido empresarial y asegurando que las empresas dispongan de los equipos y protocolos necesarios para salir fortalecidas.

El intervencionismo solo conducirá a la estanflación.

El Dr. Daniel Lacalle es economista en jefe del fondo de cobertura Tressis y autor de “Freedom or Equality”, “Escape from the Central Bank Trap” y “Life in the Financial Markets”.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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