Historias del budismo: entre la vida y la muerte

28 de Marzo de 2017 Actualizado: 28 de Marzo de 2017

Había una vez en la antigua India, un hombre que decidió escaparse del molesto mundo secular y se convirtió en monje por fastidio.

Aunque estaba físicamente en el templo, su corazón estaba apegado al mundo exterior. Su alma todavía estaba anclada a los deseos. A menudo masajeaba su cuerpo con aceite perfumado y se sumergía en agua tibia para mantener su piel suave y perfumada. También elegía cuidadosamente qué comer, qué beber y dónde dormir. Su deseo por lo material envolvía su corazón como una vid enredada. Por lo tanto, aunque el joven había realizado el ritual de convertirse en monje, todavía era un hombre común en lo referido a su reino espiritual y comportamiento. Por supuesto, eso significaba que él estaba lejos del sagrado camino al Nirvana.

En ese tiempo, en el Reino Kushinara vivía un venerable santo budista llamado Upagupta, muy famoso por sus logros en el budismo. El joven monje lo admiraba, y fue a Kushinara a visitar a Upagupta.

Upagupta preguntó al joven monje, “¿Por qué has venido de tan lejos a verme?”

“Vine porque admiro su reputación”, dijo el monje. “Deseo que su Honorabilidad misericordiosamente me ilumine sobre la esencia de la Ley de Buda”.

El santo observó el nivel de cultivación del joven y supo que aún estaba apegado a los deseos. Le preguntó: “¿Estás dispuesto a obedecerme completamente y hacer todo lo que te diga?”

“Sí, de seguro. Haré todo lo que me diga”, respondió el monje.

“Si tienes esa fe”, dijo el santo, “primero te enseñaré a obtener capacidades sobrenaturales, y luego te hablaré de la Ley de Buda”.

“¡Capacidades sobrenaturales! ¡Genial!”

Entonces el santo llevó al joven monje a las montañas y le enseñó a meditar, y le recordó que debía ser completamente obediente. Luego el santo creó un árbol alto con sus capacidades, y le dijo al monje que subiera al árbol, y el monje lo hizo. Cuando miró para abajo desde la cima del árbol, el monje vio un pozo extremadamente profundo y ancho junto al árbol.

[insert page=’sabiduria-antigua-reflexiones-sobre-el-hombre-y-la-naturaleza’ display=’template-relacionadas.php’]

El santo dijo, “Suelta tus piernas del árbol”. El joven monje obedeció. El santo luego le ordenó que suelte una mano, y también lo hizo. Cuando el santo le dijo que suelte la otra mano, el joven monje se asustó y dijo, “Si la suelto, caeré en el pozo y moriré.”

El santo dijo, “Prometiste hacer todo lo que te dijera. ¿Cómo puedes arrepentirte ahora?” El monje se desesperó, pero decidió mantener su promesa. Intentó no pensar en nada, y soltó su mano. Rápidamente cayó en el profundo y oscuro pozo. En ese punto, estaba casi muerto de miedo, y empapado en sudor frío. Cuando abrió sus ojos, no vio ni rastros del árbol ni del pozo. Ahora el santo comenzó a enseñarle, “Permíteme preguntarte: cuando soltaste y caíste, ¿sentiste que había algo en el mundo que fuera valioso?”

“Honorable señor, cuando pensé que moría, nada me parecía valioso”.

“Correcto. Todo lo que hay en este mundo es una ilusión. Cuando el cuerpo físico muere, sus deseos también se evaporan. Si puedes ver a través del hecho de que el cuerpo físico es sólo una parte de lo no permanente, podrás desenredarte de las anclas del deseo. El deseo es la fuente de la vida, la muerte y otras preocupaciones mundanas. Si quieres alcanzar la divinidad, debes abstenerte del deseo, ser diligente en tu cultivación y no perder tu verdadero ser.”

El joven monje se iluminó de repente. Desde entonces se cultivó a sí mismo diligente y cuidadosamente y finalmente se convirtió en un ser divino.

TE RECOMENDAMOS