Isla de Edisto: unas vacaciones para todos

Por RACHAEL DYMSKI
16 de Septiembre de 2020
Actualizado: 16 de Septiembre de 2020

Generalmente considero las vacaciones como algo que hay que tomar en serio: es un deporte, por así decirlo. Crecí en un hogar de padres inmigrantes ingleses, que llevaban a cada uno de sus hijos casi directamente desde el hospital a la oficina de correos para que les tomaran la foto para el pasaporte.

Los días para reservar los boletos de avión antes del Internet eran como la apertura de la temporada de la NFL, mi madre se sentaba alrededor de la mesa de la cocina con pilas de papel, llamando a diferentes aerolíneas desde su teléfono fijo y comparando precios.

Una familia disfruta un día en la Isla de Edisto. (Cortesía de Discover South Carolina)

Mis padres constantemente pensaban en cómo meter algo más en nuestras vacaciones: una visita a una catedral, un paseo por un parque famoso, una parada panorámica con una vista increíble, una taza de té con un pariente lejano que no conocía. Nuestros días estaban llenos de mañana a noche, y nunca pasamos las vacaciones en el mismo lugar dos veces. Como resultado, crecí con la impresión de que las vacaciones eran divertidas, emocionantes, agotadoras, informativas, pero no relajantes.

Mi marido, Andrew, creció en el extremo opuesto a ese espectro. Creció pasando las vacaciones en la misma playa de Nueva Jersey todos los veranos. Su familia conocía su punto de acceso favorito en la playa, iban a los mismos restaurantes y tiendas todos los veranos, se quedaban en la misma casa todos los años. Para Andrew, las vacaciones significaban una relajación total —dormir y descansar en la playa con un libro— dos actividades que habían estado totalmente ausentes en mi propia experiencia vacacional.

No hay vallas publicitarias ni paseos marítimos, solo playas tranquilas. (Cortesía de Discover South Carolina)

Cuando Andrew y yo nos casamos, me pregunté cómo íbamos a pasar las vacaciones en familia. Durante unos años, pensamos que oscilaríamos en ambos extremos dependiendo de con qué familia estuviéramos. Entonces, el padre de Andrew reservó un nuevo lugar para las vacaciones familiares: una casa en la Isla de Edisto.

Situada a 45 minutos al sur de Charleston, Carolina del Sur, la Isla Edisto se siente como si entráramos en otro tiempo. El camino que atraviesa la isla hasta la playa está bordeado de viejas iglesias y robles vivos cubiertos de musgo español. La zona de la playa en sí consiste en playas tranquilas y vírgenes, carriles bici y un parque estatal que se extiende por más de 1200 acres de humedales y playas. No hay un paseo marítimo, no hay vallas publicitarias horteras ni tiendas de recuerdos demasiado caras. Aparte de unas cuantas tiendas boutique de buen gusto y un mercado de granjeros donde se puede comprar una camiseta de Edisto Beach, los visitantes casi pueden olvidar que son turistas.

El Parque Estatal Edisto Beach se extiende sobre 1200 acres de humedales y playas. (Cortesía de Discover South Carolina)

En Edisto, descubrimos un lugar donde la relajación como la aventura están al alcance de la mano. Estacionamos nuestros autos en el garaje y no los tocamos en toda la semana, los cambiamos por bicicletas de crucero y remolques para nuestras niñas. Mi hija mayor, que ama las vacaciones tanto como yo, se levantaba muy temprano todas las mañanas para ir en bicicleta a la playa a ver el amanecer.

Algunas mañanas éramos las únicas en la playa, aparte de los delfines a la distancia.

Lanzando una red de pesca en el Parque Estatal de Edisto Beach. (Cortesía de Discover South Carolina)

Mi padre y mi cuñado instalaron una gran carpa en la playa poco poblada cada mañana para que tuviéramos una base, aunque, con dos niñas pequeñas, mi marido y yo nos quedábamos muy poco tiempo debajo de ella. Veíamos a nuestras hijas chapotear en las olas, construíamos castillos de arena y les enseñamos a evitar las secciones de la playa donde las tortugas marinas habían puesto sus huevos. Con kilómetros de playa, senderos para bicicletas y pantanos para explorar, parecía que cada día traía nuevos paisajes y vida salvaje. Edisto es un gran lugar para observar aves y experimentar la naturaleza de primera mano.

En las tardes, nos duchábamos y tomábamos una cena tranquila alrededor de la mesa, hablando en el balcón después que nuestras niñas estaban acostadas en sus camas en el piso de arriba. Jugábamos a juegos de mesa y veíamos ciervos pastando en los árboles en la luz brumosa del atardecer.

Las playas de Edisto ofrecen una escapada a un ambiente natural. (Cortesía de Discover South Carolina)

Una noche, mi marido y yo caminamos hasta la playa. No habían luces y me sorprendió la forma en que se sentía la oscuridad. Viviendo en una calle bien iluminada en casa, uno olvida cómo puede ser la oscuridad que todo lo abarca. Las estrellas eran brillantes y luminosas, y nos hacían sentir maravillosamente pequeños.

Pasamos la semana nadando, explorando y comiendo. La hora de regresar a casa llegó demasiado rápido. En el largo viaje de vuelta a Pensilvania, me di cuenta que volví a casa sintiéndome renovada y como si hubiéramos tenido una nueva y deliciosa experiencia. Resulta que Edisto Beach es un lugar donde se puede tener ambas cosas.

Explorando los pantanos con kayaks. (Cortesía de Discover South Carolina)

El resto de la familia de Andrew estuvo de acuerdo. El padre de Andrew ya reservó una casa allí para el próximo verano, y tengo muchas ganas de visitar el mismo lugar dos veces.

Rachael Dymski es escritora, florista y madre de dos niñas pequeñas. Actualmente está escribiendo una novela sobre la ocupación alemana de las Islas del Canal y tiene un blog en su página web, RachaelDymski.com.


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