Karl Marx, el racista

02 de Febrero de 2017 Actualizado: 22 de Marzo de 2019

Han pasado casi 100 años desde que las ideas de Karl Marx desencadenaron la primera revolución comunista del mundo en Rusia el 8 de marzo de 1917.

De vez en cuando, parece haber un renovado interés por las ideas de Marx aquí en Occidente. En un ejemplo reciente, se podía ver a los manifestantes exhibiendo banderas comunistas con un martillo superponiéndose a una hoz en manifestaciones y marchas oponiéndose a la victoria y a la inauguración del nuevo presidente electo Donald Trump.

Pero algunos de los puntos de vista de Marx pueden no haber sido tan progresivos o acorde con los valores modernos de la tolerancia. En algunos de sus escritos, el arquitecto del comunismo ha expresado ideologías abiertamente racistas, llegando incluso a usar la “palabra-n” y calumniar a la fe judía.

Si, así como lo leyó, el fundador del comunismo, cuyas ideas recorrieron el mundo muchas décadas después de su muerte, tenía ideas que muchos ideólogos con puntos de vista de izquierda hoy en día encontrarían censurables.

Se podría argumentar que los ideales de Marx son meramente un producto anticuado de mediados del siglo XIX.

Por ejemplo, en una carta a Engels en julio de 1862, en referencia a su competidor político socialista, Ferdinand Lassalle, Marx escribió: “Ahora está completamente claro para mí que él, como lo demuestra su formación craneal y su cabello, desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se hubieran cruzado con un negro. Ahora esta unión del judaísmo y del germanismo con una sustancia negra básica debe producir un producto peculiar. Lo demasiado visible del compañero es también algo como [n **** r] ” (aquí hace alusión a la palabra en inglés nigger que quiere decir negro, el cual es ofensivo), según el libro “Raza y racismo en la filosofía moderna“.

En cuanto a los mexicanos, durante la Guerra Mexicano-Americana, escribió: “Sin violencia, nunca se logra nada en la historia”. Pero entonces él pregunta: “¿Es una desgracia que la magnífica California fuera tomada por los perezosos mexicanos que no sabían qué hacer con ella?”

Y Engels, coautor del famoso (o infame) “Manifiesto del Partido Comunista”, añadió: “En América hemos presenciado la conquista de México y nos hemos regocijado con él. Es para el interés de su propio desarrollo que México estará bajo la tutela de Estados Unidos”.

Marx, cuyos abuelos eran judíos, pero cuyos padres se convirtieron al cristianismo, tampoco era un admirador de su religión ancestral, escribiendo en su ensayo sobre la pregunta judía:

¿Cuál es la religión mundana del judío? Son las ventas ambulantes. ¿Cuál es su Dios mundano? dinero.…. El dinero es el dios celoso de Israel, frente al cual ningún otro dios puede existir”, escribió Marx en el libro, cuyas críticas se han descrito más tarde como virulentamente antisemitas.

Y en lo que suena como una versión del siglo XIX de un escrito largo y aburrido por un supremacista blanco negando el holocausto en un foro web, Marx continúa:

“El dinero degrada a todos los dioses del hombre y los convierte en mercancías …. La letra de cambio es el verdadero dios del judío. Su dios es sólo una ilusoria letra de cambio …. La nacionalidad quimérica del judío es la nacionalidad del comerciante, en general del hombre de dinero”.

Y aún más, explica: “En última instancia, la emancipación de los judíos es la emancipación del judaísmo en la humanidad”, lo cual sugiere, según algunos críticos, que el hombre sólo puede ser libre cuando los judíos “ya no existan”, según la revista Philosopher.

En 1856, Marx dio un paso más allá cuando escribió un artículo, “The Russian Loan” (el préstamo ruso) para el New York Daily Tribune.

Marx opinó: “Así encontramos a todo tirano respaldado por un judío, como lo es todo papa por un jesuita. En verdad, los anhelos de los opresores serán desesperados, y la posibilidad de la guerra fuera de toda consideración, si no hubiera un ejército de jesuitas para sofocar el pensamiento y un puñado de judíos para saquear los bolsillos.

“El trabajo real es hecho por los judíos, y sólo puede ser hecho por ellos, ya que monopolizan la maquinaria de los misterios del préstamo concentrando sus energías en el intercambio de valores bursatiles”, añadió.

Muchos dirían que las opiniones de Marx sobre la raza en el siglo XIX están anticuadas. Tal vez lo mismo podría decirse de su grandilocuencia colectivista.

Se calcula que el comunismo ha matado al menos a 100 millones de personas, pero sus crímenes no han sido compilados y su ideología persiste. La Gran Época busca exponer la historia y las creencias de este movimiento, que ha sido una fuente de tiranía y destrucción desde que surgió.

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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