La arrogancia puede arruinar la posibilidad de la inmortalidad, advierte una antigua historia china

Por La Gran Época
29 de Noviembre de 2019 Actualizado: 29 de Noviembre de 2019

Durante la dinastía Tang, un hombre llamado Zheng Youxuan vivió en la ciudad de Chang. La familia de Zheng tenía estatus de nobleza, mientras que la familia de su vecino, Lu Qiushi, era pobre y de clase social baja.

Zheng estudió junto con el hijo de Lu. Arrogante sobre sus propios antecedentes familiares, Zheng a menudo hablaba con el hijo de Lu en un tono condescendiente. Un día le dijo al hijo de Lu: “Tu padre no está en la misma clase social que mi familia, pero estudiamos con el mismo maestro. Aunque no digo nada, ¿no te da vergüenza?”.

El hijo de Lu se sintió horrible al escuchar esto, y unos años después cayó enfermo y murió.

“Como amigo”

Varios años después de eso, Zheng aprobó los exámenes imperiales y se convirtió en un administrador en el condado de Tangan. Durante ese tiempo, se hizo amigo de un chico de 20 años llamado Qiu Sheng. Los dos jóvenes se veían todos los días y a menudo viajaban juntos.

El padre de Qiu era un exitoso hombre de negocios cuyas propiedades sumaban decenas de miles, y Qiu no dudó en compartir su riqueza con Zheng. A menudo le daba dinero a Zheng y cualquier otra cosa que Zheng pudiera necesitar.

Sin embargo, Qiu no era de una familia noble. Debido a su diferencia de clase, Zheng frecuentemente trataba a Qiu de manera descortés, a pesar de la generosidad y amabilidad de Qiu hacia él.

Un día, Zheng celebró una cena e invitó a todos sus amigos, excepto a Qiu. Durante la fiesta, alguien criticó a Zheng por esto, preguntándole por qué Qiu no fue invitado a pesar que estaban tan cerca y comían juntos todos los días.

Zheng se sintió culpable e inmediatamente invitó a Qiu a la fiesta.

Después de que Qiu llegó, Zheng le dio una gran copa de vino y le pidió que lo bebiera todo. Cuando Qiu respondió que no podía beber la copa entera, Zheng se enojó y lo reprendió:

“No eres más que un hombre de la calle, que solo conoce el punzón y el cuchillo. ¿Por qué no abandonas tu humilde estatus y vives como un noble? Deberías considerarte afortunado de estar en mi compañía, ¿pero te atreves a negarte a beber el vino que ofrezco?”, dijo Zheng.

Diciendo eso, Zheng se levantó y salió de la fiesta.

Qiu, sintiéndose insultado, bajó la cabeza y también se fue. Poco después renunció a su cargo oficial, cerró la puerta y se negó a ver o comunicarse con nadie. En unos pocos meses, murió.

“Ermita elevada en las montañas nubladas”, siglo XIV, por Fang Fanghu. Tinta sobre papel, Honolulu Academy of Arts. (Dominio publico)

Admirando inmortales

Al año siguiente, Zheng fue despedido de su puesto y se instaló en el templo del condado de Mengyang. Allí escuchó que el famoso taoísta Wu, un virtuoso cultivador del Tao, vivía en la montaña Shumen, así que fue a caballo a la montaña para buscar ser aprendiz con él.

El taoísta Wu le dijo: “Dado que admiras a los inmortales, debes vivir en las montañas y no ser engañado por el mundo humano”.

Zheng estaba encantado y dijo: “Realmente has obtenido el Tao. ¿Puedo por favor ser tu mensajero?”.

El taoísta estuvo de acuerdo y permitió que Zheng se quedara. Después de 15 años, sin embargo, Zheng se volvió menos diligente.

“Si no estás determinado en la cultivación, entonces solo estás perdiendo el tiempo en la montaña”, dijo el taoísta Wu a Zheng.

Zheng abandonó la montaña y pasó sus días sin rumbo fijo en el condado de Mengyang durante mucho tiempo antes de regresar a la ciudad de Chang’an.

La verdad revelada

En su viaje a Chang’an, Zheng pasó por la ciudad de Bao. Allí, se quedó en una posada donde conoció a un chico guapo que parecía tener unos 12 años. Zheng habló con el niño y descubrió que era muy inteligente y elocuente.

Durante la conversación, el niño le preguntó a Zheng: “Hemos sido amigos durante mucho tiempo, ¿todavía me recuerdas?”.

“No, no lo recuerdo”, respondió Zheng.

“Una vez fui hijo de Lu Qiushi en Chang’an”, dijo el niño. “Estudiamos juntos. Como pensabas que mi familia era pobre y humilde, me menospreciabas”.

El niño continuó: “Más tarde, nací en la familia Qiu y me convertí en tu amigo. Te di todo el dinero y las cosas que necesitabas. No me agradeciste, sino que me reprendiste como hombre de la calle. ¿Por qué eras tan arrogante?”.

Sorprendido, Zheng se inclinó y se disculpó. “Esos fueron mis pecados. Debes ser un santo. Si no es así, ¿cómo puedes saber los sucesos de dos vidas anteriores?”, dijo Zheng.

“Soy un verdadero taoísta del cielo Taiqing”, respondió el niño. “Debido a que tenías una conexión predestinada con el taoísmo, los dioses me enviaron al mundo humano para ser tu amigo y enseñarte las habilidades para convertirte en un inmortal en el futuro. Pero fuiste demasiado arrogante y no tuviste la oportunidad de aprender esas habilidades. ¡Qué pena!”.

Después de estas palabras, el niño desapareció.

Zheng de repente entendió todos esos eventos pasados, pero ya era demasiado tarde. Se odiaba y sentía una vergüenza inmensa. Al final, murió de tristeza y arrepentimiento.

Traducido por Dora Li al inglés, esta historia se reproduce con el permiso del libro “Treasured Tales of China”, vol. 1, disponible en Amazon.

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