La caída de Chile es una advertencia para EE. UU.

Por Stephen Moore
23 de Marzo de 2021
Actualizado: 23 de Marzo de 2021

Opinión

En la década de 1970, Chile se embarcó en uno de los conjuntos de reformas económicas de libre mercado más audaces de la historia. El gobierno convocó a los Chicago Boys, como se les llamaba a quienes estaban dirigidos por Milton Friedman y otros economistas de libre mercado de la Universidad de Chicago.

A ellos se les dio vía libre para rediseñar el sistema económico chileno con derechos de propiedad, un impuesto fijo bajo, la privatización de la Seguridad Social y la desregulación de la industria. En 1991, Friedman escribió que Chile ahora “tiene tres cosas: libertad política, libertad humana y libertad económica. Chile seguirá siendo un experimento interesante para ver si puede mantener a las tres”.

Durante cuatro décadas, el experimento funcionó mejor de lo que nadie podía imaginar. Según un estudio del analista político chileno Axel Kaiser para el Instituto Cato, “entre 1975 y 2015 la renta per cápita en Chile se cuadruplicó hasta alcanzar los 23,000 dólares, el valor más alto de América Latina. Como resultado, desde principios de la década de 1980 hasta 2014 la pobreza se redujo del 45 por ciento al 8 por ciento”. Chile se convirtió en una de las naciones más ricas de Sudamérica y ocurrió en tres décadas, un parpadeo de la historia.

Los marxistas y la clase intelectual de América Latina siempre odiaron las reformas de libre mercado. Ellos despreciaron a los Chicago Boys como “fascistas”. Pasaron décadas atacando las políticas (con los títeres de los medios de comunicación estadounidenses haciéndose eco de sus protestas), incluso cuando Chile se convirtió en la joya de Sudamérica.

Los marxistas inventaron una narrativa de “desigualdad”: “Los ricos se están haciendo más ricos y los pobres más pobres, y el capitalismo es malo”.

Ellos se infiltraron en todas las instituciones culturales de Chile: los medios de comunicación, las escuelas, las universidades, la Iglesia católica, las artes, los sindicatos e incluso las salas de juntas de las empresas. Ellos difundieron su credo venenoso de colectivismo a la población.

¿Le suena algo de esto a nuestra situación actual?

Finalmente, los izquierdistas dieron un golpe político. En 2013, la izquierda ganó la presidencia de Chile. Las reformas de libre mercado fueron sistemáticamente sustituidas por los tópicos de “repartir la riqueza”. En octubre de 2020, los votantes aprobaron una reescritura de la constitución, y ahora los derechos de propiedad y el estado de derecho están en peligro.

Chile está ahora en caída libre económica. Los pobres están siendo aplastados. Los ricos están sacando su dinero del país. Ellos llegaron a la “igualdad”: casi todo el mundo está sufriendo.

Mientras tanto, en Estados Unidos, tenemos una transformación económica propia en marcha. El gobierno de Joe Biden promete ayudar a la clase media repartiendo billones de dólares de dinero gratis a los ciudadanos y pagando a la gente más dinero por no trabajar que por trabajar. Pediremos prestados billones de dólares y rezaremos para que los chinos sigan comprando nuestros bonos y para que nuestra moneda se mantenga.

Muchas de nuestras protecciones constitucionales y reglas de comportamiento del Congreso, como el filibusterismo, que protege los derechos de la minoría, podrían irse a la trituradora. Las leyes electorales se están reescribiendo para beneficiar, significativamente al partido que ahora está en el poder: los demócratas. La Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que obliga a millones de personas de la clase trabajadora a afiliarse a sindicatos y a pagar cuotas. La izquierda dice, no se preocupe, esta obligación va a ayudar a la clase trabajadora. Seguro.

Se avecina una subida de impuestos para los ricos que hará que la clase productiva y los creadores de empleo paguen su “parte justa” con tipos impositivos del 50 por ciento, 60 por ciento y 70 por ciento.

¿Tendrá esta historia un final feliz?

La respuesta a esa pregunta podría estar contenida en el aterrador ejemplo de lo que ocurrió en Chile. Es lo que nuestros hijos y estudiantes universitarios deberían aprender en las aulas pocas probabilidades. Ahora la izquierda también dirige nuestras escuelas.

Stephen Moore es periodista económico, autor y columnista. El último de los muchos libros de los que es coautor es “Trumponomics: Inside the America First Plan to Revive Our Economy” (Trumponomía: dentro del plan EE.UU. Primero para reactivar nuestra economía). En la actualidad, Moore es también el economista jefe del Instituto para la Libertad Económica y la Oportunidad.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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