La censura al estilo chino se está globalizando en Internet

Cuando se trata sobre censura de Internet, ¿el mundo se parece cada vez más a China?
Por James Gorrie
01 de Enero de 2020 3:01 PM Actualizado: 01 de Enero de 2020 3:01 PM

Comentario

El Partido Comunista Chino (PCCh) odia el libre flujo de información y la expresión de ideas. Los líderes de China saben que la continuidad de su existencia depende de su capacidad para sofocar el individualismo, la expresión política y los derechos humanos: todas ideas y derechos que en la actualidad los hongkoneses están luchando por preservar tanto como puedan.

No hay manera de que el PCCh —o cualquier régimen totalitario— pueda existir en un entorno tan abierto.

Desafortunadamente, los resultados del estado orwelliano del PCCh son tan trágicos como predecibles. De acuerdo con el informe de 2019 “La búsqueda por parte de China de un nuevo orden mundial de medios”, emitido por Reporteros Sin Fronteras (RSF), China es una de las naciones menos libres del planeta, ocupando el puesto 176 de 180 países.

Pero hay más en esfuerzos de censura por parte de China de lo que la mayoría se imagina.

La “soberanía de Internet” es solo el principio

Con su llamado “Gran Cortafuegos”, el PCCh controla casi toda la información en China, a través de su propia Internet, motores de búsqueda, aplicaciones para chat y otras redes sociales. A los chinos se les niega el libre acceso a Internet al mundo exterior. Todo lo que la mayoría de los chinos saben por Internet, los periódicos, la televisión y la radio es lo que el PCCh les permite ver, leer o escuchar.

Además, con su legislación de desencriptación de datos altamente invasiva, algoritmos basados en inteligencia artificial (IA)  y miles de equipos de monitoreo de contenido, el PCCh también controla —y ve— la gran mayoría de datos que entran al país con el personal de empresas extranjeras, académicos y otras fuentes extranjeras. A esto se le llama “soberanía de Internet”, y para Beijing, es tan importante como la soberanía territorial.

Hay buenas razones para ello, por supuesto. El control dictatorial sobre una población significa controlar y dar forma a las opiniones de la gente, y por supuesto, a sus pensamientos. Para que eso tenga éxito, debe haber una sola fuente de información. Esa fuente sería el estado chino, es decir, el PCCh. No sorprende saber que China no tiene rival alguno cuando se trata de encarcelar a los periodistas y a los internautas.

Sin embargo, esto se pone mucho peor.

El “Gran Cañón” de China mata a los sitios web extranjeros

El PCCh no solo está trabajando muy duro para bloquear el acceso de los ciudadanos chinos a la información que no le gusta, sino que también está tratando de impedir que el resto del mundo la vea también. El “Gran Cañón” de China es un código de programación que permite al régimen chino el control potencial sobre los sitios web extranjeros e incluso limitar el acceso de los usuarios a determinados datos. Fue utilizado por primera vez en 2015 para atacar y aprovecharse de cualquier computadora extranjera no segura que se comunique con China. Le da al PCCh la oportunidad de atacar y explotar cualquier computadora extranjera que se comunique con cualquier sitio web basado en China.

Este Gran Cañón convierte en un arma a los millones de conexiones de Internet de China continental que visitan sitios web no seguros. Descargará y ejecutará el malicioso javascript del régimen chino, que les permite controlar el tráfico de esos sitios, colapsarlo hasta el punto de bloquear o desconectarlo, incluso lanzar ciberataques contra sitios ofensivos u opositores. Este fue el caso de Github en 2015 y en Hong Kong en junio de 2019. Además, China inyecta software de manera rutinaria a los grupos de opositores más allá de sus fronteras para espiarlos y desacreditarlos.

El gran gasto de propaganda global de China

Pero además de bloquear o desconectar sitios web ofensivos o amenazantes, los medios de comunicación chinos están haciendo grandes progresos para aumentar su presencia en todo el mundo. Al gastar 1,3 mil millones de dólares al año para impulsar la programación de su televisión y radio estatal, el PCCh quiere contar al mundo la historia de China, en términos chinos, reescribiendo la historia según la narrativa aprobada por el PCCh. La expansión de los medios de comunicación en China es considerable, con la Cadena Global de Televisión de China que es vista en 165 países y la Radio Internacional de China  que se escucha en 65 idiomas.

Es un esfuerzo audaz y poderoso para alejar gran parte del pensamiento del mundo de las ideas estadounidenses y dirigirlo hacia el capitalismo de estado de China opresivo y ‘exitoso’, y que está bien sincronizado con los Institutos Confucio de China en los campus universitarios de Estados Unidos, Canadá y Europa. Estos institutos son otra herramienta de propaganda del PCCh dirigida a moldear las opiniones de los jóvenes sobre China y a socavar las justas quejas de los manifestantes de Hong Kong, así como los conceptos fundamentales de la civilización occidental.

Los esfuerzos de China por expandir su presencia global son una amenaza directa a las democracias abiertas y liberales de Occidente:

“Lo que está en juego no es solo que las autoridades chinas traten de difundir su propia propaganda… lo que está en juego es el periodismo tal como lo conocemos”, dijo Cédric Alviani, Director de la Oficina de Asia Oriental de RSF a la revista TIME.

Es decepcionante, si no sorprendente, ver la cantidad de países autoritarios como Rusia, Irán, Pakistán y otros que se apresuran a censurar el acceso a Internet y a limitar las libertades de su propia gente. Sin duda, China está liderando el camino para que dictadores de todas las tendencias en todo el mundo se aferren a su poder ilegítimo.

Aún más decepcionante y peligroso es el modo en que China está influyendo en los medios de comunicación y las empresas de entretenimiento globales en un esfuerzo extremadamente prolífico por detener las críticas y remodelar las opiniones en todo el mundo. Parece como si las empresas estadounidenses se hubieran doblegado ante Beijing como si fuera otra decisión más a la hora de hacer negocios. Gigantes de la web y la tecnología como Facebook, Apple y otros cumplen de buena gana las exigencias de censura de Beijing a cambio del acceso al mercado chino de 1,300 millones de personas.

Además, las aerolíneas y las editoriales están reescribiendo sus mapas para no ofender a China. Aparentemente, el Tíbet y Taiwán, por ejemplo, parece que no son países reales después de todo.

Beijing está revelando sus cartas al mundo, y están muy ensangrentadas y sucias. También es una amenaza mucho más insidiosa para la civilización occidental que cualquier otro sistema de armas que Beijing pueda desplegar contra Estados Unidos. China, más de lo que la mayoría de la gente se imagina, está en el proceso de rehacer gran parte del mundo a su propia imagen.

La gente de Hong Kong está muy consciente del peligro que conlleva tal transformación, por lo que están dispuestos a correr el riesgo de enfrentarse a los líderes del PCCh. Saben que su futuro bajo el pulgar de Beijing es desolador.

Las empresas estadounidenses deberían prestar mucha atención.

James Gorrie es un escritor y conferencista que vive en el sur de California. Es el autor de “La crisis de China”.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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