La decepcionante investigación de la OMS sobre COVID-19; EE.UU. debe responsabilizar al PCCh

El secretario de Estado Blinken debe continuar con la determinación que tenía Pompeo a la hora de responsabilizar al PCCh
Por Alexander Liao
02 de Abril de 2021
Actualizado: 06 de Abril de 2021

Opinión

Después de una larga espera, la Organización Mundial de la Salud (OMS) finalmente ha publicado su extensa investigación sobre el origen del coronavirus en China. Más de un año después del inicio de la pandemia, la investigación proporciona poco más que una prueba decepcionante de la falta de voluntad del gobierno chino para ofrecer transparencia. En lugar de responder a las preguntas del mundo, el informe ha generado más preocupación y confusión sobre el origen del COVID-19.

Los expertos en salud y los gobiernos están criticando colectivamente la decepcionante investigación ya que proporcionó poca información y nulas pruebas valiosas sobre lo que realmente causó la propagación del virus mortal, que ha acabado con la vida de 2,8 millones de personas en todo el mundo.

Incluso el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, sobre el que a menudo se han referido como “secretario Ted” por su indulgencia con el Partido Comunista Chino (PCCh), manifestó públicamente su descontento con los hallazgos. “No creo que esta evaluación fuera lo suficientemente extensa. Se necesitarán más datos y estudios para llegar a conclusiones más sólidas”.

Estados Unidos se unió a 14 gobiernos nacionales para emitir una declaración oficial conjunta, expresando “preocupaciones compartidas de que el estudio de expertos internacionales, sobre la fuente del virus SARS-CoV-2, se retrasó significativamente y no tuvo acceso a datos ni a muestras originales y completas.

El enorme informe de 124 páginas fue escrito por un equipo de 34 científicos, todos seleccionados específicamente para esta investigación, por la OMS y por el régimen chino. El informe aborda libremente cuatro teorías clave sobre el origen de la propagación del COVID-19 en Wuhan, China.

La primera teoría, que determina que el origen del virus fue la transmisión de murciélagos a humanos, a través de un huésped intermediario, fue catalogada como “probable”.

La segunda teoría, que afirma que el origen del virus se dio de una transmisión directa de los murciélagos a los humanos, fue catalogada como “más probable”.

La tercera teoría, que valida una afirmación impulsada por Beijing de que el virus se transmitió a China a través de la importación de alimentos congelados, fue catalogada como “posible”.

La teoría final de la filtración del virus de un laboratorio en Wuhan, China, está etiquetada en el informe como “extremadamente improbable” con pocos datos que respalden su rechazo.

El problema evidente del informe es que ofrece poca información valiosa para aclarar el origen oculto de una de las pandemias mundiales más mortíferas de nuestra historia. Esta “investigación oficial” presentada por la OMS utiliza a los llamados expertos científicos para afirmar que los alimentos congelados son una fuente más probable de la pandemia de COVID-19 que una fuga de un laboratorio biológico cercano. Este dudoso informe es un claro eco de las afirmaciones subjetivas del PCCh y no tiene absolutamente ninguna credibilidad para un mundo que lucha por identificar el origen de una pandemia global y que quiere evitar más catástrofes.

El Director General de la OMS reveló que la misión de investigadores en China encontró dificultades para obtener datos sin procesar y para acceder a los laboratorios.

El gobierno comunista chino negó repetidamente al comienzo de la pandemia las ofertas de ayuda extranjera. Retrasaron la entrada de los científicos de la OMS a Wuhan durante todo un año después del primer brote informado. Cuando finalmente se les permitió ingresar a Wuhan, los investigadores se vieron obligados a esperar días. Se informó que los datos no eran de fuentes fidedignas y las entrevistas se obtuvieron de funcionarios del gobierno chino y de empleados de laboratorio.

Los científicos seleccionados para realizar las investigaciones tuvieron que ser seleccionados personalmente por China y la OMS. La mitad de los científicos del equipo de investigación fueron seleccionados directamente por el gobierno chino, lo que les dio una influencia masiva sobre las conclusiones y resultados finales. Muchos de los expertos tienen vínculos directos con el Laboratorio de Virología (laboratorio P4) de Wuhan y con el régimen chino, como Peter Daszak, líder de EcoHealth Alliance, una organización sin fines de lucro que recibió millones para realizar investigaciones en el Laboratorio de Virología de Wuhan.

Un problema clave en el informe de la OMS, que ha sido seriamente cuestionado por los expertos, es la alegación de que la posibilidad de que el virus se haya originado en el laboratorio de Wuhan es “extremadamente baja” sin mucho apoyo a través de datos reales. La mayor parte de la información no era de fuentes directas, sino que se obtuvieron a través de las declaraciones realizadas por investigadores y funcionarios del PCCh.

Las acusaciones de que el laboratorio de virología de Wuhan inició el virus no son un rumor y merecen una investigación justa. El laboratorio P4 de Wuhan se encuentra a diez kilómetros del mercado de mariscos del sur de China. Tan pronto como comenzó la pandemia de COVID-19, el laboratorio fue considerado como el principal sospechoso del origen.

Opiniones de expertos y de varios artículos analíticos apuntaban al Instituto de Virología de Wuhan como la fuente del nuevo coronavirus, afirmaron que una filtración pudo provocar la propagación de la epidemia.

The Washington Post informó que, en enero de 2018, miembros de la Embajada de Estados Unidos visitaron el Laboratorio P4 de Wuhan. Después de su visita, advirtieron al gobierno de EE.UU. sobre el trabajo del laboratorio sobre los coronavirus de murciélagos y sobre el riesgo de transmisión humana a través de una nueva pandemia similar al SARS. El mismo informe de los representantes de la embajada de Estados Unidos también advirtió que no se tomaron suficientes medidas de seguridad en el laboratorio donde se estaba estudiando el coronavirus de murciélagos.

El gobierno de EE.UU. también descubrió evidencia de que, en el otoño de 2019, varios investigadores dentro del Laboratorio de Virología de Wuhan se enfermaron, con síntomas que semejantes a los del COVID-19.

En octubre de 2019, las señales de teléfonos móviles en el laboratorio P4 de Wuhan y en sus alrededores eran casi nulas, y el tráfico cercano se detuvo por una razón desconocida en un informe presentado por la NBC. Según el informe, desde el 11 de octubre de 2020, las señales del laboratorio P4 de Wuhan y de los teléfonos móviles cercanos se redujeron significativamente.

Una imagen en el informe muestra que el tráfico externo alrededor del laboratorio se suspendió por completo del 14 al 19 de octubre, y se sospechaba que se levantaron barricadas para prohibir que el tráfico y las personas se acercaran al laboratorio P4 de Wuhan.

Tras el primer brote del virus del PCCh, también conocido como el nuevo coronavirus, el PCCh envió una fuerza de defensa bioquímica militar especial para hacerse cargo del laboratorio y recopilar todos los datos experimentales en el laboratorio. Posteriormente, Xi Jinping aprobó la primera “Ley de Bioseguridad” de China.

Todas estas incongruencias y preguntas sobre este laboratorio fueron descartadas en el informe de 124 páginas, simplemente afirmando que los laboratorios de virología de Wuhan estaban “bien administrados, con un programa de monitoreo a la salud del personal”.

Estados Unidos debe responsabilizar a China

Las acciones tomadas por el gobierno chino en su manejo de COVID-19 son demasiado sospechosas para ser ignoradas. El impacto de COVID-19 en el mundo entero es demasiado severo para que su origen se investigue tan a la ligera. El gobierno chino retrasó las investigaciones sobre el origen del virus durante meses y realizó esfuerzos activos para evitar la propagación de información sobre el virus.

No olvidemos el arresto del Dr. Li Wenliang, el médico que murió de COVID-19 después de intentar advertir públicamente al mundo sobre el virus. Numerosos periodistas, como Chen Qiushi y Fan Bing, fueron amenazados por la policía y desaparecieron después de informar verazmente sobre el inicio del virus en Wuhan.

La OMS está en deuda con los caprichos del gobierno chino. Sin acceso a datos reales y a los laboratorios de virología, se ven obligados a regurgitar las afirmaciones del PCCh, con poca evidencia que las respalde. Estas acciones irresponsables dañan al mundo entero, como lo demuestra la pandemia.

Si bien la OMS es responsable de realizar estas investigaciones a escala mundial, no debemos confundir a quién debe responsabilizarse de la falta de transparencia y cooperación, el régimen chino.

Solo ha habido un gobierno en el mundo que realmente se ha esforzado por responsabilizar seriamente al régimen del PCCh por sus fechorías, y ese fue el gobierno de Trump.

El objetivo de la administración Trump de responsabilizar al PCCh no fue perseguir el origen científico del virus en China continental, sino responsabilizarlo por ocultar la pandemia al mundo en las primeras etapas del brote y por engañar deliberadamente a la comunidad internacional.

Ahora, tenemos una nueva administración y el tema que nos ocupa es investigar el origen del virus. Investigar verdaderamente la responsabilidad del régimen chino por el origen es aún más amenazante para el PCCh, porque por ahora, la aparición de la pandemia de COVID-19 todavía se acepta ampliamente como una propagación viral aleatoria.

Identificar la mano que permitió directamente que el COVID-19 se extendiera a causa de un mal manejo es una amenaza directa a la legitimidad del sistema autoritario y totalitario del PCCh. Esto es lo que más asusta al PCCh.

El secretario de Estado, Antony Blinken, debe continuar con la determinación que tenía Mike Pompeo a la hora de responsabilizar al PCCh. Hay demasiado en juego.

Alexander Liao es columnista y reportero de noticias para estudios de asuntos internacionales en Estados Unidos, China y el sudeste asiático. Ha publicado numerosos informes, reseñas y programas en periódicos y revistas financieras chinas en Estados Unidos y Hong Kong.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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