La demanda de café exprime a los agricultores pobres

31 de Agosto de 2015 Actualizado: 31 de Agosto de 2015

Muchas personas alrededor del mundo incrementaron, durante los últimos 20 años, el café que toman, pero el auge no está pagando a sus agricultores en los países más pobres a los largo del trópico.

Investigaciones recientes encuentran que el cambio “tecnificado” a la producción de café en las décadas de 1970 y 1980, creó severas consecuencias económicas y ecológicas para las naciones productoras de café, tales como Honduras, Colombia, Guatemala, Brasil, Vietnam y Etiopía.

“Históricamente, el café ha sido explotado de diversas maneras por Occidente, pues se consume en los países ricos y se cultiva en los pobres”, dice Alexander Myers, candidata a doctorado en Sociología, en la Universidad de Kansas.

El documento examina  cómo el cambio en la tecnificación de la producción masiva de café satisface la mayor demanda, haciendo daño a los campesinos de esos países  por la perturbación ecológica, especialmente por la cantidad de agua utilizada en los cultivos.

Menos cultivos, más agua

Myers dice que el cambio a la producción de café tecnificado llevó el proceso a parecerse más al de las grandes extensiones como el trigo o la soja, tradicionales de Estados Unidos, en lugar de permitir que las plantas de café crezcan en pequeñas áreas sombreadas. El último proceso utiliza mucho menos agua, por ejemplo, y permite a los agricultores diversificar, sembrando otros cultivos.

(Asher Isbrucker/CC BY 2.0)
(Asher Isbrucker/CC BY 2.0)

La producción tecnificada exige a los agricultores el cultivo exclusivo del café.

“Especialmente esos campesinos con una pequeña parcela de tierra, para mantenerse se basan casi exclusivamente en las ventas del café”, dice Myers.

Las bajas en los precios del café en grano lo llevaron a unos 50 centavos de dólar por libra, en el año 2001, casi aniquilando a las economías de esos países. “Realmente golpeó duro a los agricultores y perjudicó a muchas familias que históricamente han confiado en el café para mantenerse a flote”, dice Myers.

La tecnificación en la producción de café, también requiere de nuevas variedades para que el grano crezca en forma efectiva, pero también requiere de mayor cantidad de agua para producirlo. Algunos investigadores ecológicos estimaron que una taza de café necesita, en promedio,  de unos 140 litros de agua para producirla.

“Es un gravamen ambiental muy alto”, dice Myers.

Opciones para el consumidor

El movimiento de comercio justo, en las últimas dos décadas, ha contribuido a compensar un poco, tanto en cambios económicos como ecológicos, especialmente a los agricultores más pobres en países desarrollados. Myer dice que estos movimientos podrían ayudar a crear conciencia, especialmente entre los bebedores de café en naciones de Occidente.

“Lo que hacemos importa. Las elecciones que hacemos, los productos que compramos tienen un impacto en alguien”, dice. “A veces es un buen impacto, a veces es insignificante o negativo, pero tienen efectos, tratemos de mantener en mente su importancia, especialmente en la investigación de lo que está por detrás de estas decisiones de consumo”.

Fuente: Universidad de Kansas. Reeditado por Futurity.org bajo Licencia de Creative Commons 4.0.

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