¿La grieta entre Estados Unidos y China significa una nueva guerra fría… o algo peor?

Una nueva era está surgiendo: ¿está preparado el mundo para ello?
Por James Gorrie
03 de Junio de 2019 Actualizado: 03 de Junio de 2019

Desde el comienzo de la presidencia de Trump, fuimos testigos de una nueva era emergiendo en el mundo. Esta nueva era se define más fácilmente por el creciente conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Aunque cierto, solo dice una parte de las nuevas realidades. El contexto es mucho más amplio y profundo que eso.

Por supuesto, en las últimas décadas, el mundo se acostumbró a aprovechar la mano de obra china de bajos salarios y alta productividad. Esto produjo enormes ganancias para miles de empresas, productos más baratos para miles de millones de personas y una explosión de riqueza para China.

Esos días se terminaron.

Las nuevas realidades

Unos pocos han reconocido este hecho, pero muchos en el Congreso, los medios de comunicación y el mundo académico aún no han aceptado la nueva realidad: Trump está forzando a las naciones del mundo a decidir con qué nación quieren hacer negocios. Cada vez más, las naciones están viendo que sus intereses a largo plazo yacen en ampliar sus relaciones con Estados Unidos en lugar de con China.

Y además, China comprende los cambios que Trump está produciendo. Es por eso que China está haciendo todo lo posible para atraer la opinión del mundo hacia su gran iniciativa ‘La Franja y la Ruta’ (OBOR, por sus siglas en inglés) y alejarla de la realidad de su economía en decadencia. Como se informó en el South China Morning Post, sorprende que el profesor Wu Xiaoqiu, vicepresidente de la Universidad de Renmin, insista en que la economía de China es saludable y que la economía de Estados Unidos es la que está en peligro.

Pero los hechos no apoyan esa afirmación. La economía estadounidense disfruta de un rendimiento récord en la mayoría de los indicadores clave. Estados Unidos está disfrutando de sus altos niveles de empleo y salarios crecientes, una ferviente bolsa de valores, un mercado inmobiliario en auge, así como el renacimiento del sector manufacturero. Los aranceles pueden cambiar un poco esa imagen, o pueden no hacerlo.

Mientras tanto, la economía china es la que está sufriendo un malestar muy profundo. Por ejemplo, de enero a marzo de 2019, el Banco Popular de China (BPC) inyectó alrededor de 164.000 millones de dólares en nueva deuda a la economía. Eso es cuatro veces la deuda que emitió en el mismo período de tiempo en 2018.

La economía de China en crisis

Y sin embargo, esa deuda no logra estimular la economía. De hecho, está teniendo un efecto más perjudicial que beneficioso. La burbuja inmobiliaria sigue siendo un grave riesgo para la economía china, al igual que un colapso del mercado de valores. Además, los enormes niveles de deuda pública y privada han llevado a la sobreproducción de bienes que muchos de los consumidores de China no quieren ni pueden permitirse.

Ese es un indicador clave. La confianza de los consumidores y el gasto han sido negativos durante algunos años y esta tendencia continúa, lo que agravará los problemas económicos de China. La creencia de los consumidores en el liderazgo del Partido Comunista Chino (PCCh) está fracturada, si no destrozada.

El hecho fundamental es que el PCCh malgastó el valor de su economía. Durante décadas estuvo intercambiando deuda por valor y luego trasladando ese valor a inversiones en el extranjero. La clase media, desesperada y asustada, está tratando de hacer lo mismo. En resumen, el PCCh está perdiendo su autodenominada legitimidad al no cumplir su promesa de traer prosperidad económica.

Desenamorarse de China

Y además, gran parte del mundo se está desenamorando de China. No es solo el Estados Unidos de Trump el que le está asestando los golpes. Australia lideró el camino para prohibir a Huawei, el enorme pero insidioso fabricante de telecomunicaciones de China que le permite robar y sabotear datos técnicos y gubernamentales altamente clasificados. Es probable que la Unión Europea siga el ejemplo de Australia y Estados Unidos en prohibir a la empresa y a otros proveedores de telecomunicaciones chinos.

Pero no son solo Estados Unidos, Australia y Europa los que se retiran de China. Japón es consciente de que debe elegir entre trabajar con un país abierto y liberal como Estados Unidos o con una dictatorial y vengativa China (la Segunda Guerra Mundial permanece en la memoria histórica de China, al igual que las Guerras del Opio de Occidente). Incluso las naciones más pequeñas en el patio trasero de China, como Malasia, se están retirando de multimillonarios acuerdos de desarrollo, citando condiciones injustas y económicamente destructivas por parte de China.

Trump exprime la energía de China

Sumémosles las estrictas sanciones estadounidenses que restringen las exportaciones de petróleo iraní y venezolano y meten presión al suministro de energía de China. La producción de Arabia Saudita puede compensar la diferencia, pero ¿por cuánto tiempo?

Es probable que Trump esté tratando de hacer arreglos con los sauditas para evitarlo. El objetivo a corto y largo plazo del Presidente es ejercer una enorme y continua presión sobre China para forzar una reorganización de su sistema económico, y quizás incluso su sistema político.

El impacto negativo agregado de estos factores significa que el aspecto geopolítico no debe tomarse a la ligera. Vale la pena recordar que en 1941, Estados Unidos bloqueó el acceso de Japón al petróleo que tanto necesitaba. El ataque a Pearl Harbor no tardó en llegar.

¿Cómo reaccionará China si se le pone en una situación similar?

Eligiendo el bando

Trump está convenciendo a las naciones consecuentes de Europa y Asia para que adopten más y nuevas posturas comerciales a favor de Estados Unidos y en contra de China. Mientras tanto, las relaciones geopolíticas más confiables de China son con naciones que son casos económicos perdidos: Rusia, Irán y Pakistán. Turquía, otra nación cuya economía está en crisis, podría unirse a estas tres naciones e inclinarse hacia China más pronto que tarde. Esencialmente, se están eligiendo bandos.

Por un lado, estamos viendo un eje de regímenes brutales y dictatoriales que buscan aferrarse al poder y mantener su influencia en el mundo, o ganar aún más. Por otro lado, las potencias tradicionales de Estados Unidos, Europa, Reino Unido y Australia más o menos alinean sus políticas comerciales cuando se trata de China, Huawei y la seguridad de la propiedad intelectual.

Algunos advierten de una nueva guerra fría entre Estados Unidos y China. Eso sería desafortunado, pero definitivamente preferible cuando uno recuerda lo que había antes.

James Gorrie es un escritor residente en Texas. Es el autor de “La crisis de China”.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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