La lucha contra la tentación: “Cristo en el desierto”

Llegar al interior: Lo que el arte tradicional ofrece al corazón
Por ERIC BESS
29 de Marzo de 2021
Actualizado: 29 de Marzo de 2021

Cada año, millones de personas celebran la Pascua como el día que conmemora la resurrección de Jesús tres días después de ser crucificado y enterrado.

Sin embargo, en lugar de contemplar el horror de Jesús en la cruz, me gustaría recordar un momento de la vida de Jesús, que revela su humanidad y a la vez ejemplifica los atributos de Cristo dignos de ser encarnados. Esta es solo mi limitada interpretación de un tema muy complejo.

La tentación de Cristo

Según la historia, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista antes de ir al desierto de Judea para ayunar durante 40 días y 40 noches. Durante su ayuno, Jesús tiene hambre y se encuentra con Satanás, que le tienta tres veces.

La primera tentación sugiere a Jesús que convierta la piedra en pan para poder comer y saciar su hambre; otra tentación es saltar desde el punto más alto del templo y que los ángeles le protejan del daño; la tercera es inclinarse ante Satanás para ganar todos los reinos del mundo.

Por supuesto, Jesús niega las tres tentaciones con sencillas afirmaciones que, para mí, sugieren que los seres humanos necesitan el sustento espiritual más que el material, que es una blasfemia poner a prueba el poder de Dios y que solo se debe adorar y servir a Dios, no a Satanás. Al negar a Satanás, Jesús es atendido por ángeles.

Aunque hay tres tentaciones, todas parecen estar dirigidas a influir en una parte de Jesús, la única cosa que Satanás —en su rebeldía hacia Dios— encarna: el orgullo.

Satanás antepone dos de sus tentaciones poniendo en duda la relación de Jesús con Dios. En otras palabras, en la primera y en la segunda tentación, Satanás le pide a Jesús que demuestre que es realmente el Hijo de Dios. La tercera tentación, en la que Satanás le pide a Jesús que se arrodille para ganar todos los reinos del mundo, es una apelación directa al orgullo, tanto al de Jesús, si es que lo tiene, como al del propio Satanás.

La historia sugiere que el eslabón débil en nuestra batalla contra la tentación que impide nuestra unión con Dios es nuestro ego, nuestro orgullo.

“Cristo en el desierto”, 1872, de Ivan Kramskoi. Óleo sobre lienzo, 72 pulgadas por 84 pulgadas. Galería Tretyakov, Moscú, Rusia. (Dominio público)

Cristo en el desierto

El cuadro “Cristo en el desierto”, del pintor ruso Ivan Kramskoi, representa a Jesús mientras rechaza las tentaciones de Satanás.

Situado en el centro de la composición, Jesús es nuestro punto focal. Está solo, sentado en una roca cerca de la orilla de una masa de agua. Va vestido con una túnica roja y un manto azul oscuro, y lleva los pies desnudos. Su cabeza, enmarcada por el cielo, está inclinada en profunda concentración, y aprieta fuertemente los dedos en señal de oración.

El cielo es de colores pastel que contrastan maravillosamente con los grises de la roca. Es difícil saber si es el amanecer o el atardecer, pero el cielo sugiere que es uno u otro.

Luchando por resistir

Para mí, esta es una representación sorprendente e inusual de Jesús, y creo que puede ser muy reveladora para aquellos que hoy están interesados en obtener una visión moral para resistir la tentación.

En primer lugar, es interesante que se represente a Jesús únicamente como un hombre. No se le muestra con un halo o ascendiendo al cielo, que, por supuesto, son imágenes que tienen su lugar. En cambio, se le muestra como un hombre normal y corriente, lo que prepara el escenario para sugerir o animarnos, como seres humanos, a resistir la tentación a pesar de lo difícil que pueda ser. En otras palabras, esta representación sugiere que nosotros —como Jesús— podemos poseer la fuerza para resistir la tentación.

A continuación, se muestra a Jesús solo. No hay nadie más: no hay Satán, ni ángeles. El gris de las rocas y la esterilidad del entorno complementan esta sensación de soledad. Para mí, esto sugiere que las tentaciones que Jesús experimenta ahora son internas. Está resistiendo internamente las tentaciones de Satanás.

A menudo creemos que la fuente de nuestras tentaciones, nuestros enemigos, están “ahí fuera” esperando para destruirnos. ¿Pero no es cierto que nuestras mayores tentaciones, nuestros mayores enemigos, están dentro de nosotros mismos?

¿Es por eso que Jesús es representado con una mirada de concentración tan profunda en su rostro? ¿Está tratando de resistir estas tentaciones dentro de sí mismo mientras Satanás las conjura?

Este viaje interior no es fácil, pero es una lucha necesaria para aquellos con inclinación moral. La dificultad de la resistencia de Jesús está sugerida por sus manos cerradas en oración y por sus pies descalzos. Está sentado en una superficie dura y rodeado de rocas irregulares. Nada en esta escena sugiere comodidad o facilidad.

Pero estas dificultades no disuaden a Jesús. Puede ser asaltado por las tentaciones terrenales de Satanás, pero su corazón y su mente están representados por encima de la línea del horizonte de la composición, enmarcados por los cielos. Esto sugiere que su naturaleza divina es lo que le permite resistir las tentaciones de Satanás.

Puede ser el crepúsculo, que sugiere que las tentaciones de Jesús acaban de empezar y que la noche se acerca; o puede ser el amanecer, que sugiere que está al final del ataque de Satanás, y que el sol está saliendo para iluminar la oscuridad. En cualquier caso, el amanecer y el atardecer —entre el día y la noche— podrían sugerir que todavía está resistiendo la tentación.

El hecho de que se encuentre entre el día y la noche podría representar también, del mismo modo que su cuerpo inferior está situado en la tierra y su cuerpo superior está enmarcado en el cielo, que ocupa dos reinos: es Dios encarnado. También podría representar la etapa necesaria entre su bautismo y la aceptación de los discípulos, es decir, la enseñanza de la palabra de Dios.

En esta Pascua, muchas personas celebrarán la muerte de Jesús por sus pecados. Pero también nos animo a preguntarnos qué significa resistir las tentaciones de Satanás y acceder a la naturaleza divina en nuestros corazones y mentes.

Las artes tradicionales contienen a menudo representaciones y símbolos espirituales cuyo significado puede perderse para nuestras mentes modernas. En nuestra serie “Llegar al interior: lo que el arte tradicional ofrece al corazón”, interpretamos las artes visuales de manera que puedan ser moralmente perspicaces en la actualidad. No pretendemos dar respuestas absolutas a preguntas con las que han luchado generaciones, pero esperamos que nuestras preguntas inspiren un viaje de reflexión para convertirnos en seres humanos más auténticos, compasivos y valientes.

Eric Bess es un artista representativo en activo y candidato doctoral en el Instituto de Estudios Doctorales en Artes Visuales (IDSVA).


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