La memoria y las artes

Mnemosyne nos recuerda lo que es bueno, verdadero y hermoso
Por James Sale
25 de Septiembre de 2021
Actualizado: 25 de Septiembre de 2021

Los mitos griegos están llenos de detalles reveladores y explicativos que nos ayudan a entender no solo cómo comportarnos en este mundo, sino también cómo han surgido las cosas y cómo funcionan. Este último punto —cómo funcionan las cosas— es realmente importante si queremos lograr algo. Como sabemos, el éxito y los logros pueden ser muy efímeros. Los individuos a los que el mundo alaba hoy, a menudo se convierten en los villanos de mañana o peor: los olvidados.

Desde el punto de vista político, sería fácil enumerar docenas de estadistas olvidados e intrascendentes que fueron muy reconocidos en su época. Pero tomemos la poesía, no la política. ¿Quién se acuerda ahora de Thomas Watson, que fue EL poeta y compositor de sonetos de la Inglaterra isabelina? ¿Y de Albertinus Mussatus, contemporáneo de Dante? Según el historiador del arte y la cultura suizo Jacob Burckhardt, Mussatus, “coronado como poeta en Padua por el obispo y el rector, gozó de una fama que no llegó a la deificación”. El pobre Dante nunca alcanzó el laurel que buscaba, al menos no en vida.

Y esta es la cuestión: ¿A quién recordamos y cuál es el papel de la memoria en todo esto?

Mnemosyne, la titana griega

Según los antiguos griegos, la memoria tiene un papel muy importante, no solo en la acción de recordar, sino también en la creación de todas las formas de arte. En lugar de la visión moderna que podría ver la memoria como una especie de función pasiva de la mente (similar a un disco duro en el que almacenamos datos), la memoria tiene poderes primordiales, que son esenciales para nuestro bienestar, salud y capacidad creativa.

Un mural de mosaico de Mnemosyne en el Museo Arqueológico Nacional de Tarragona, en Cataluña, España. (CC0)

Mnemosyne, en la mitología griega, es la diosa de la memoria, pero decir que es una diosa es un término erróneo porque en realidad es una Titana, o Titán femenino. Los titanes eran y son más antiguos que los dioses griegos y existían antes que ellos. De hecho, Zeus fue quien lideró la revuelta contra su propio padre, el titán Kronos, lo que alteró el carro de la manzana cósmica y propició directamente el gobierno de los dioses olímpicos.

Pero a diferencia de sus homólogos masculinos y sus hermanos, Mnemosyne nunca fue derrocada. De hecho, posteriormente pasó nueve noches en el lecho de Zeus (en algunas tradiciones, éste se convierte en el lecho de Apolo) y dio a luz a las nueve Musas a través de él.

Los padres de Mnemosyne eran Urano, el dios del cielo (que está de pie dentro de una esfera celestial) y la Madre Tierra, o Gea. Se la muestra con cuatro hijos, que posiblemente representan las cuatro estaciones. Parte de un gran mosaico del suelo de una villa romana de Sentinum (actualmente conocida como Sassoferrato, en las Marcas, Italia), hacia 200-250. (Dominio público)

Como titana, Mnemosyne era hija de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Teniendo en cuenta este linaje, no resulta extraño saber que los titanes tenían tres cualidades comunes. Una era la inmortalidad: podían ser derrotados pero no destruidos. Otra era la energía y el poder sobrehumanos, de ahí la palabra “titánico”. Y por último, según el filósofo francés Luc Ferry en su libro “La sabiduría de los mitos”, también tenían “una belleza consumada (…) aterradora y fascinante (…) nacida en las profundidades de la tierra (…) cerca del caos primordial del que surgió la propia Gea”.

La memoria llevaba a las nueve musas. Un sarcófago conocido como el “Sarcófago de las Musas”, muestra a las nueve Musas y sus atributos. Mármol, primera mitad del siglo II d.C. Colección Albani, luego Musei Capitolini; incautado por Napoleón Bonaparte; intercambiado en 1815; Louvre. (Dominio público)

Entonces, es claro que el arte mismo —la poesía, la música, el arte pictórico, la danza, el teatro y otros más—, cada uno tiene alguna Musa específica y operativa detrás y, tiene también como punto de origen o madre, a la memoria. Y esta madre está “cerca del caos primordial” del que surgió su propia madre, Gea. Y para que no lo olvidemos, Mnemosyne se caracteriza por esa energía y poder sobrehumanos, así como por una belleza aterradora y fascinante; y, por supuesto, por la inmortalidad: la naturaleza eterna de la memoria.

Esta naturaleza eterna está orientada tanto hacia el futuro como hacia el pasado. En su libro “La diosa blanca”, el poeta Robert Graves habla también de “memoria del futuro”. En efecto, Mnemosyne tiene el control absoluto de todos los recuerdos que se han producido o se producirán, incluidos los de los muertos. Así es como los muertos pueden subsistir en su vida de ultratumba al estilo griego en el Hades: Sus espíritus —sus “sombras”— pueden recordar, a veces trágicamente (por ejemplo, como refleja Aquiles en la “Odisea”), su vida y experiencias anteriores. Sin Mnemosyne, no podría haber una vida posterior significativa, ya que sin memoria, ningún individuo podría ser considerado responsable de lo que ha hecho en esta vida.

Nos encontramos ante una situación en la que podríamos usar la terminología china para explicar la creación del arte y la poesía: El yang, o principio masculino del dios supremo de la luz y los rayos (Zeus), se encuentra con el yin, que es el principio femenino de la energía y la belleza deslumbrante (Mnemosyne). Pero esta belleza deslumbrante que representa la Titana es lo que damos por hecho. Es nuestra vieja y aburrida memoria.

“Júpiter, disfrazado de pastor, tienta a Mnemosyne”, 1727, de Jacob de Wit. Rijksmuseum. (PD-US)

Viendo hacia los mejores tiempos

Y este es el punto: Mnemosyne, o la memoria, nos remite a las “primeras cosas”. Las “primeras cosas” apuntan a lo que ha habido antes; nos influyen para que tengamos en cuenta las fuentes anteriores. En parte, esto se debe a que las fuentes anteriores —contrariamente a lo que cree el mundo moderno con sus nociones simplistas de “progreso”— son mejores, es decir, más fuertes, más hermosas, mejor logradas. Esto es obvio en la mayoría de las culturas, especialmente la griega, según la cual el mundo tuvo una Edad de Oro; y ésta pasó, con cada edad sucesiva —Plata, Bronce, Hierro—, a ser más corrupta y decadente.

Un sencillo ejemplo del poder de las “primeras cosas” —es decir, las cosas que vienen antes y que la memoria puede recordar— se muestra cuando hablamos de modelos de conducta. Por ejemplo, pueden ser nuestros padres, abuelos, profesores, grandes artistas o científicos, etc. Muchas, si no la mayoría, de estas personas nos han precedido, pero cuando recordamos sus ejemplos y los imitamos, obtenemos una gran fuerza del proceso.

De hecho, es difícil ver cómo se puede lograr algo grande sin que la memoria recuerde el pasado. ¿Recuerda a Alejandro Magno? Su gran modelo fue el Aquiles de Homero, y Alejandro llegó a conquistar el mundo conocido en aquella época. Julio César vio hacia atrás a Alejandro Magno, y cuando llegó a la edad de 30 años, lloró porque no había conquistado el mundo como Alejandro.

La belleza y el poder de la memoria: “Mnemosyne” (también conocida como “Lámpara de la memoria”), 1881, de Dante Gabriel Rossetti. Óleo sobre lienzo; 49 3/4 pulgadas por 24 pulgadas. Samuel and Mary R. Bancroft Memorial, 1935, en el Museo de Arte de Delaware. (CC BY-SA 3.0)

Renegando del pasado y de la memoria

Tal vez esto pueda parecer algo académico: hablar de una titanesa a la que pocos “recuerdan” o conocen. Pero su relevancia en la actualidad no podría ser más clara. Desafortunadamente, Ezra Pound, un poeta extremadamente influyente (la mayor parte de su poesía podría calificarse caritativamente de incomprensible), definió a principios del siglo XX uno de los principios rectores de todo el arte modernista. Dijo: “háganlo de nuevo”.

En otras palabras, Pound decía que había que olvidar el pasado y dar la espalda a la tradición, ignorar los logros de los grandes que vinieron antes y ser original manipulando intelectualmente el lenguaje. Sugirió negar la memoria. Esto podría decirse de cualquier otra forma de arte modernista. ¿Cuál es el resultado? Crear productos elitistas que ninguna persona corriente quiere leer (o ver o escuchar). Luego, en un golpe de gracia de la ironía, porque han abandonado todas las reglas, los modernistas llaman a este tipo de arte democrático y empoderador.

Las recetas del modernismo han tenido más de cien años para florecer, y en gran medida han producido no-arte. La razón es clara: no tienen memoria de lo que hubo antes, que, en su mejor momento, fue bueno, verdadero y hermoso.

De todas las cosas que tenían los grandes antes, preeminentemente —recordamos— que tenían forma. Recordamos estas formas: las formas de Homero, Virgilio, Dante, Spenser, Shakespeare y otros que podríamos nombrar. Si queremos que el arte —la poesía— sea recordado en el futuro, entonces todos debemos recordar el arte que nos ha precedido y sus formas, en lugar de denunciar o deconstruir la forma hasta hacerla irrelevante.

Si pudiéramos recordar a Mnemosyne ahora, deberíamos revivir toda su energía y belleza iniciales. Para ser claros, nuestra civilización depende de que recordemos todo lo que es grande —lo bueno, lo verdadero y lo hermoso— de lo que hubo antes, no de que lo destruyamos y creamos desesperadamente que podemos crear a partir de los escombros de nuestras propias ideas.


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