La preocupante caída del New York Times hacia la falsedad y los ataques sesgados

Por Levi Browde
27 de Octubre de 2020 4:20 PM Actualizado: 27 de Octubre de 2020 4:24 PM

Comentario

En la portada del domingo 25 de octubre del New York Times había un artículo titulado “Cómo un periódico oscuro…”. El periódico trató de atacar a la publicación donde este artículo aparece, The Epoch Times, en parte atacando las creencias religiosas de algunos de sus fundadores, que son estadounidenses de origen chino que practican Falun Dafa.

Como director ejecutivo del Centro de Información de Falun Dafa, me gustaría responder a este ataque contra Falun Dafa.

El artículo plantea serias preocupaciones sobre el tipo de reportaje de New York Times sobre Falun Dafa. Específicamente, este artículo propaga falsas narrativas e inexactitudes sobre la práctica espiritual basada en el budismo, así como una sorprendente banalización de la naturaleza y escala de los abusos de los derechos humanos que enfrentan las personas que practican Falun Dafa en China.

Falun Dafa, también conocido como Falun Gong, involucra la práctica de ejercicios de meditación y vivir de acuerdo con las enseñanzas basadas en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. En 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) inició una brutal persecución de esta práctica pacífica, temiendo que entre 70 y 100 millones de chinos habían adoptado una creencia cuyas enseñanzas ofrecían una alternativa al materialismo dogmático y al ateísmo del Partido.

En un momento en que millones de inocentes creyentes en Falun Dafa en China —que no tienen ninguna conexión con los medios de comunicación y el panorama político de Estados Unidos— siguen enfrentando secuestros, torturas y asesinatos extrajudiciales a manos del PCCh, estos problemas constituyen una grave negligencia, o tal vez incluso una mala intención por parte del New York Times.

De hecho, los errores cometidos en este artículo señalan un extraño y preocupante descenso de un medio que una vez fue un pilar del periodismo estadounidense.

Tristemente, el problemático reportaje de este artículo no es una anomalía. Más bien, viene dentro de un contexto de silencio casi completo del New York Times, de 20 años de duración, sobre los terribles abusos de los derechos humanos que se están produciendo en China contra los chinos comunes que practican Falun Dafa, a pesar de informar sobre otros grupos religiosos perseguidos en China y en otros lugares.

Sospechoso silencio pese a terribles atrocidades

El artículo del New York Times reduce la suma de los abusos de derechos humanos a los que enfrenta Falun Dafa en China a meras acusaciones hechas por Falun Dafa y solo por Falun Dafa: “El grupo (…) acusa [al PCCh] de torturar a los practicantes de Falun Dafa y de extraer los órganos de los ejecutados”. Una referencia entre paréntesis señala que decenas de miles de practicantes fueron enviados a campos de trabajo “en los primeros años”, lo que implicaría que pocos practicantes de Falun Dafa en China se enfrentan hoy a una persecución de vida o muerte.

Esta descripción no podría estar más lejos de la verdad.

Freedom House estima que entre siete y 20 millones de personas en China continúan practicando Falun Dafa hoy en día. No solo el Centro de Información de Falun Dafa ha documentado y reportado miles de secuestros ilegales, largas sentencias, torturas, y muertes en custodia solo durante el año 2020, sino que los sitios web del gobierno chino informan de una nueva campaña para “dejar en cero” a Falun Dafa en los pueblos y aldeas a través del país.

Lo que también es igual de importante, no son solo las fuentes de Falun Dafa son las que han documentado la extrema violencia ejercida sobre creyentes pacíficos en China. Durante 20 años, millones de personas fueron acosadas, detenidas, encarceladas, torturadas o asesinadas por las autoridades chinas, un hecho que ha sido documentado regularmente en los informes anuales de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Freedom House y el Departamento de Estado de Estados Unidos, entre otros.

A continuación se presentan algunos ejemplos breves.

En 2016, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó unánimemente la Resolución 343 de la Cámara, “expresando su preocupación por los persistentes y creíbles informes sobre la sustracción sistemática y autorizada por el Estado de órganos” de practicantes de Falun Dafa en “grandes cantidades”. En el texto de la resolución se señala que “en muchos centros de detención y campos de trabajo forzado, los prisioneros de conciencia de Falun Dafa constituyen la mayoría de la población y se ha dicho que reciben las sentencias más largas y los peores tratos”.

Un informe de Freedom House de 2017 que incluye un capítulo completo sobre Falun Dafa encontró que a pesar de la campaña de 17 años del PCCh para erradicar el grupo, millones de chinos continúan practicando. El documento señala que “los practicantes de Falun Dafa en China están sujetos a una vigilancia generalizada, a detenciones arbitrarias, encarcelamientos y torturas, y corren un alto riesgo de ser ejecutados extrajudicialmente”.

En el informe de Amnistía Internacional de 2017/18, se afirma que “los practicantes de Falun Dafa siguen siendo objeto de persecución, detención arbitraria, juicios injustos y tortura y otros malos tratos”.

En cuanto al tema de la sustracción de órganos, la realidad de que los practicantes de Falun Dafa son asesinados por sus órganos en China es ahora ampliamente aceptada por las organizaciones de derechos humanos, los encargados de formular políticas y los círculos académicos.

En 2019, Sir Geoffrey Nice QC, exfiscal del Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia, quien dirigió el enjuiciamiento de Slobodan Milosevic, convocó en Londres a China Tribunal, un tribunal independiente de expertos médicos, jurídicos y chinos. Tras evaluar todas las pruebas, el tribunal concluyó que los practicantes de Falun Dafa fueron y siguen siendo asesinados por sus órganos “a una escala significativa”. Esta historia fue cubierta por BBC, Forbes, The Guardian, Newsweek, The Telegraph, The Wall Street Journal y NBC.

New York Times no informó sobre esta noticia.

Ante tan amplia documentación de organizaciones de derechos humanos, gobiernos democráticos en Occidente, las Naciones Unidas y muchos otros medios de comunicación, ¿por qué el New York Times caracterizaría la totalidad de la evidencia como “El grupo (…) acusa”? Además, ese artículo viene después de 20 años de casi completo silencio sobre la situación de Falun Dafa.

Practicantes de Falun Dafa meditan antes de un evento en que piden el fin de la persecución de Falun Dafa en China, en el Capitolio de Washington, el 20 de junio de 2018. (Samira Bouaou/The Epoch Times)

Falsedades flagrantes

El artículo de New York Times también contiene flagrantes falsedades sobre las enseñanzas y creencias de Falun Dafa.

Por ejemplo, el artículo propaga la idea de que Falun Dafa “prohíbe el matrimonio interracial”. Sin embargo, incluso el examen más casual de las comunidades de Falun Dafa en cualquier parte del mundo, incluso aquí en Nueva York, demuestra que el matrimonio interracial y los niños mestizos abundan.

Yo mismo, practicante de Falun Dafa, estoy casado con una mujer de una raza diferente y tenemos dos encantadores niños mestizos. Claramente, esta idea de que Falun Dafa “prohíbe el matrimonio interracial” no tiene base en la realidad.

Entonces, ¿de dónde viene esta mentira? En los últimos años, los sitios web de las embajadas chinas en todo Occidente comenzaron a usar esta frase para demonizar a Falun Dafa en su propaganda en inglés, porque saben que se accionaría en Occidente.

Al incluir esta falsedad en el artículo, New York Times demuestra o bien un fracaso en llevar a cabo incluso un nivel básico de comprobación de hechos, o peor aún, la incluyó a sabiendas para fortalecer la narrativa de la historia.

Implicando intimidación o peor

Hubo también declaraciones más sutiles, pero no menos engañosas, hechas en el artículo del New York Times.

Al caracterizar algunas de sus fuentes, el autor indica que hablaron anónimamente porque “temían represalias (…) [de] Falun Dafa”. El artículo no presenta ninguna evidencia o credibilidad de este “temor”, pero su connotación de violencia es el polo opuesto de la naturaleza pacífica de la práctica y de la manera en que los creyentes de Falun Dafa se comportan.

Además, hay una abundancia de figuras notables que han llegado a conocer bien la comunidad de Falun Dafa y pueden testificar que tal sentimiento no tiene fundamento.

David Kilgour, exsecretario de Estado canadiense (Asia-Pacífico) describe a Falun Dafa como: “gente maravillosamente dulce y amable sin un solo rasgo de vicio en su cuerpo”.

El profesor Arthur Waldron, un laureado profesor de relaciones internacionales del Departamento de Historia de la Universidad de Pennsylvania, dijo sobre los practicantes de Falun Dafa, que “son personas sobresalientes según cualquier estándar: inteligentes, bien educados, trabajadores, morales en su comportamiento, valientes”.

De hecho, por más de 20 años, millones de personas en toda China enfrentan una terrible violencia y opresión y no hay un solo caso conocido de un practicante de Falun Dafa que levante las manos en represalia a su opresor.

Por el contrario, en un caso reciente denunciado por el Centro de Información de Falun Dafa, un practicante de Falun Dafa acudió en ayuda de su hermana, víctima de violencia doméstica. En lugar de detener al agresor, la policía china detuvo al protector y lo condenó a siete años de prisión por su fe.

Pero de nuevo, no se incluye nada de este contexto y se deja a los lectores considerar a Falun Dafa como un grupo propenso a las “represalias”, una noción que es muy engañosa, en el mejor de los casos.

20 años de profundo silencio, ofuscación

Todo esto plantea la pregunta: ¿por qué el New York Times, en general, ha ignorado los horribles abusos de los derechos humanos cometidos contra las personas que practican Falun Dafa en China durante los últimos 20 años? y cuando cubre a Falun Dafa, ¿por qué los reportajes están plagados de falsedades y omisiones flagrantes?

¿Tal vez tenga algo que ver con la reunión en 2001 entre el director del New York Times, Arthur Sulzberger Jr. y el entonces líder del PCCh, Jiang Zemin (quien por su cuenta comenzó la persecución a Falun Dafa)?. Después de esta reunión, no hubo ningún reportaje significativo sobre la persecución a Falun Dafa durante los siguientes 20 años (con una notable excepción: la obra de Andrew Jacobs).

Lo que está claro según uno de los mismos miembros de New York Times, es que este enfoque hacia Falun Dafa puede ser muy intencional e incluso obligatorio. Al dar testimonio ante China Tribunal, la excorresponsal del New York Times en Beijing, Didi Kirsten Tatlow, dijo que no solo la sustracción forzada de órganos de prisioneros de conciencia como los de Falun Dafa tuvo lugar en China y que fue un secreto a voces entre los cirujanos de trasplantes, sino que New York Times la disuadió activamente de informar sobre este hecho.

New York Times tuvo una presencia constante en la mesa de la cocina de mi casa durante tres generaciones. En los últimos años, sin embargo, nos hemos alarmado cada vez más de ciertas perspectivas inyectadas en sus noticias, así como las omitidas en ellas, se desvían peligrosamente de las noticias que son “aptas para ser impresas” y se acercan extrañamente a una narración que ciertamente agradaría a Beijing.

Nosotros imploramos a New York Times que remueva cualquier política, influencia y/o prejuicio que impida un reportaje justo y preciso sobre Falun Dafa, y que haga que la historia, toda la historia, sea correcta. Mientras millones de personas que practican Falun Dafa en China sigan siendo vulnerables al encarcelamiento ilegal, la tortura y el asesinato, hacerlo podría literalmente salvar sus vidas.

Levi Browde es el director ejecutivo del Centro de Información de Falun Dafa. Este artículo es una adaptación de uno publicado por primera vez en el sitio web del Centro de Información de Falun Dafa.

Practicantes de Falun Dafa participan en una vigilia a la luz de las velas para conmemorar a los practicantes asesinados en China por sus creencias, en Washington el 22 de junio de 2018. (Mark Zou/The Epoch Times)

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