La relación entre EE.UU. y China entra en zona de peligro: Análisis de He Qinglian

Se está luchando una batalla en un puesto de avanzada en medio de la guerra financiera
Por He Qinglian
11 de Junio de 2019 Actualizado: 11 de Junio de 2019

Cuando la gente creyó que tras 14 meses las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China finalmente estaban llegando a un cierre satisfactorio, Beijing tomó la sorprendente decisión de dar marcha atrás en todos los acuerdos importantes, ante el gran disgusto de Washington. Además del consiguiente aumento de aranceles, la relación bilateral general entre Estados Unidos y China también se dirige hacia una zona de peligro.

Según Forbes, algunas de las medidas que Washington podría adoptar para combatir a China incluyen una propuesta del 23 de mayo del Departamento de Comercio para imponer aranceles a los países que deprecien sus monedas, presionar a la compañía de servicios financieros MSCI para que excluya las acciones de clase A de China de su índice de mercados emergentes, y presionar a Bloomberg Barclays para que excluya los bonos chinos onshore de su Índice Global Bond Aggregate. Estas posibilidades indican que la relación entre Estados Unidos y China está empeorando.

China es rescatada por sus ‘salvadores’ estadounidenses en 2018

Para comprender realmente la dinámica entre la depreciación de la moneda de un país y el aumento de los aranceles de otro país, es necesario establecer modelos estadísticos avanzados para analizar los datos correspondientes, lo que requiere una gran experiencia y una gran inversión de tiempo. Este artículo se centra en la segunda medida mencionada anteriormente.

Poco después del inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, en junio de 2018 MSCI y FTSE Russell incluyeron las acciones de clase A de China en sus índices bursátiles. A esto le siguió el anuncio de Bloomberg Barclays de incluir los bonos de China y los títulos de sus entidades financieras en su ampliamente seguido Índice de renta fija ‘Global Bond Aggregate Index’. Estas decisiones condujeron a una afluencia de fondos extranjeros a China, lo que liberó a sus mercados de capitales de una crisis.

Como dije en un tuit del 25 de marzo de 2019, “China se topó con un par de salvadores cuando sus perspectivas económicas parecían bastante sombrías en 2018. El Salvador n° 1 fue el Partido Demócrata, que buscaba todas las oportunidades para destituir al presidente Trump y recuperar la Cámara de Representantes. El Salvador n° 2 fueron los principales creadores de índices a nivel mundial: MSCI y FTSE Russell incluyeron oficialmente a las acciones [chinas] de clase A en sus índices”.

El 1 de abril, Bloomberg Barclays hizo su anuncio según lo previsto. Los bonos incluidos son títulos del Estado chino y de sus entidades financieras. Esa fue una gran noticia para los mercados de capital de China, y una fuente de confianza que envalentonó a Xi Jinping a renegar de los acuerdos de negociación comercial. El respaldo de Bloomberg hizo del yuan el cuarto componente monetario más importante después del dólar, el euro y el yen.

El reconocimiento de los tres hacedores de índices sirvió para acreditar a las acciones de clase A y los bonos de China, de los cuales los inversores chinos generalmente desconfían. Se estima que el anuncio de Bloomberg por sí solo atraerá miles de millones de dólares al mercado de bonos de China de 13 billones de dólares.

La “mano de Dios” en los mercados globales de capitales

En cuanto al poder ejercido por las agencias de calificación financiera (incluidos los hacedores de índices), la firma consultora McKinsey comentó en su libro de 1996 “Mercado no consolidado: Desencadenando el capitalismo global”, que los mercados de capital globales tienen un fuerte poder sobre los países soberanos, mientras que el control de los países soberanos sobre los mercados de capital se está debilitando. Y aquellos que tienen el derecho de influir en los precios de los mercados de capital controlarán el flujo de capital y, por lo tanto, las políticas monetarias y financieras de los países soberanos, así como sus destinos.

Poco después de la publicación del libro, en 1997 estalló una crisis económica en Asia. El asesor del presidente Bill Clinton, James Carville, bromeó una vez: “Solía pensar que si había reencarnación, quería volver como presidente o como Papa o como bateador de béisbol de .400. Pero ahora quiero volver como el mercado de bonos. Puedes intimidar a todo el mundo. Por supuesto, aún mejor si puedo decidir libremente los precios de los bonos, como un supervisor de una agencia de calificación de créditos”.

Años más tarde, Thomas L. Friedman describió a las agencias de calificación crediticia en su libro “El mundo es plano” como una de las dos superpotencias de la sociedad actual: Estados Unidos y Moody’s. El primero puede destruirte con bombas, dijo Friedman, mientras que el segundo lo hace bajando tu calificación crediticia. Y a veces nadie sabe cuál de los dos es más mortal, comentó en el libro.

Es por eso que los cambios de calificación de estas agencias internacionales de calificación crediticia pueden influir en el estado de ánimo de Beijing. Una clasificación más alta otorga al régimen chino una nueva ventaja, mientras que una clasificación más baja pone a Beijing en aprietos. Por ejemplo, cuando las tres principales agencias –S&P Global, Moody’s Investors Service y Fitch Ratings– bajaron las calificaciones crediticias de China en 2017, Beijing tuvo que tolerarlo, ya que no podía permitirse ofender a varias de las principales agencias. El 7 de mayo, Morgan Stanley rebajó su calificación de las acciones de los cuatro bancos más grandes de China a “igual a mercado” desde “sobreponderar”. Dos de los cuatro bancos vieron caer inmediatamente el precio de sus acciones después del anuncio, que produjo muchas críticas de parte de Beijing.

S&P y Moody’s, las dos mayores agencias calificadoras, controlan las calificaciones crediticias del mundo, mientras que MSCI y Bloomberg tienen la llave de los mercados financieros. Respaldados por estas poderosas organizaciones, los mercados de capital chinos están funcionando bien: en 2018, la afluencia neta de capital extranjero alcanzó los cien mil millones de dólares, lo que representa el 80 por ciento de todo el flujo que ingresó en los mercados emergentes. En el primer trimestre de 2019, más de 18.600 millones de dólares ingresaron en los mercados bursátiles chinos a través del Shanghai-Hong Kong Stock Connect y el flujo Shenzhen-Hong Kong, aproximadamente el triple que en 2018.

El 10 de abril, el Banco de China (BoC) emitió bonos multimoneda por valor de 3800 millones de dólares para obtener financiamiento a bajo costo para apoyar su proyecto de “La Franja y la Ruta”. Los bonos fueron emitidos en cinco monedas, incluyendo el dólar, el euro, el yuan, el dólar de Hong Kong y la pataca de Macao. Los inversores europeos representaron un récord del 83 por ciento de los inversores en los bonos denominados en euros, incluyendo el 45 por ciento de las grandes economías de la eurozona, Italia, Alemania y Francia.

El New York Times sigue afirmando que Washington obligó a los países europeos a elegir un bando. De hecho, hace tiempo que los países europeos han elegido su bando. Estados Unidos no puede lograr que sus aliados colaboren para obligar a Beijing a firmar otro Acuerdo Plaza como lo hicieron en la guerra comercial contra Japón durante la década de 1980. Washington ni siquiera puede coaccionar a las agencias de calificación crediticia de Estados Unidos para que pospongan los cambios en la calificación de China. El margen de maniobra adicional que China recibió de estos acontecimientos ayudó a compensar la presión de Trump.

¿Qué tan poderoso es el golpe de puño de Trump?

China hizo su juego de “mercado por tecnología” durante casi tres décadas con las principales tácticas de “mendigar, pedir prestado y robar”. El presidente Clinton necesitaba que el mercado chino impulsara la globalización; el presidente Bush necesitaba la colaboración de China en las campañas antiterroristas posteriores al 11 de septiembre; la era del presidente Obama dio a China muchas oportunidades para robar propiedad intelectual. Ahora finalmente llegó el momento de resolverlo todo. Pero el giro es tan brusco que todos los oportunistas (incluidos los países europeos) se quejan del presidente Trump.

Si el presidente Trump puede realmente presionar a MSCI y Bloomberg para que expulsen a los valores chinos de sus índices mundiales, esto supondrá un duro golpe para China. El debilitamiento de la capacidad del enemigo para atraer capital es la batalla previa a una guerra financiera en toda regla. Por otra parte, la estrategia de las ‘tierras raras’ que el portavoz de la propaganda china estuvo alardeando  muy probablemente sea simplemente una mentira. El Departamento de Defensa de Estados Unidos admitió que las tierras raras es una necesidad para los distintos sistemas de armas del país, incluyendo la fabricación de láser, radar, sonar, visión nocturna, misiles, motores a reacción y aleaciones para vehículos blindados de combate. Sin embargo, la dependencia de Estados Unidos en las tierras raras de China se volvió muy baja. “Los datos aduaneros chinos muestran que Estados Unidos compró solo el 3,8 por ciento de las exportaciones de metales de tierras raras de China el año pasado”, dice el artículo. Además, China se convirtió en el mayor importador de minerales de tierras raras desde el año pasado, siendo Estados Unidos uno de sus mayores proveedores.

Pero el ataque de Estados Unidos puede encontrar obstáculos. Aunque el presidente Trump es el comandante en jefe del país, solo puede presionar suavemente a las compañías de calificación crediticia de Estados Unidos, y no puede obligarlas a sacar conclusiones “profesionales” a menos que China haya anunciado oficialmente a un enemigo.

Esto me recuerda algo que ya ocurrió antes. S&P anunció una rebaja de la calificación crediticia soberana de Estados Unidos de AAA a AA+ el 5 de agosto de 2011, y advirtió de nuevas rebajas en el futuro. La compañía también redujo la calificación crediticia a largo plazo de Estados Unidos a AA-. Esta fue la primera vez en la historia que el gobierno federal de Estados Unidos recibió una calificación por debajo de AAA (sobresaliente). Moody’s, sin embargo, no cambió su calificación, aunque advirtió de una posible rebaja.

Actualmente, tanto Estados Unidos como China siguen amenazando con intensificar la “guerra”, pero a diferentes niveles. Por el lado de Estados Unidos, se hace por intermedio de los tuits de Trump o a través de altos funcionarios; por el lado de China, se expresa a través de los portavoces del partido, como el Diario del Pueblo, Xinhua y personalidades de interés como el CEO de Huawei, Ren Zhengfei, mientras que el máximo líder y los altos funcionarios del régimen mantienen un silencio misterioso.

El mundo exterior solo puede adivinar lo que Zhongnanhai está pensando, comparable al arte de la “Kremlinología” de la Unión Soviética durante la Guerra Fría. La visita de Xi Jinping a una mina de tierras raras fue interpretada como una señal para tomar represalias con la prohibición de las “tierras raras”. El llamado de Xi a “prepararse para una nueva Marcha Larga” después de colocar una canasta de flores en un monumento para la Larga Marcha del Ejército Rojo se pensó que era una declaración de determinación para mantener su posición en la guerra comercial. En China, el sistema político garantiza que todas las empresas comerciales obedezcan al Partido Comunista Chino y que ninguna empresa individual se atreva a ayudar al enemigo durante una guerra comercial encabezada por el propio líder del partido.

Pero en mi opinión, Xi cree que tiene suficiente información para continuar con confianza su “estrategia de procrastinar” (lo explicaré en un artículo posterior) con la esperanza de que Trump pierda las próximas elecciones y que la relación entre Estados Unidos y China vuelva a ser lo que era cuando los demócratas ocupaban la Casa Blanca.

El presidente Trump, al ver esta estrategia con claridad, ahora solo puede afirmar que no tiene prisa por cerrar un acuerdo. Hasta que no haya más claridad sobre las elecciones de 2020 en Estados Unidos, las negociaciones, si es que continúan, no resultarían en nada.

Mientras tanto, ambas partes avanzarán lenta pero seguro hacia la zona de peligro.

He Qinglian es un destacada autora y economista china. Actualmente radicada en Estados Unidos, es autora de “Las Trampas de China”, que trata sobre la corrupción de la reforma económica de China en los años 90, y “La niebla de la censura: El control sobre la prensa en China”, que aborda la manipulación y las limitaciones que sufre la prensa. Escribe regularmente sobre temas sociales y económicos contemporáneos de China.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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