La revolución feminista nos trajo discordia entre el trabajo y la vida— así se puede resolver

Por Nicole Russell
30 de Julio de 2019 Actualizado: 30 de Julio de 2019
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Tomó un tiempo, pero seis décadas después de que las mujeres comenzaran a cambiar los pies descalzos por los tacones altos, descubrieron algo: trabajar y criar hijos es difícil. De hecho, es tan difícil que muchas veces las mujeres eligen no hacer ambas cosas al mismo tiempo, en detrimento de sí mismas y de sus hijos.

Un artículo publicado en mayo por CNBC advertía que “desconectarse [del trabajo] para pasar tiempo con tus hijos podría sabotear tu carrera”. Publicado casi al mismo tiempo, un artículo en The Atlantic, escrito por una madre economista nada menos, sugería que si todos queremos “normalizar la crianza de los hijos”, los hombres y las mujeres deben dejar de intentar ocultarla en el trabajo.

¿Qué hacer? Como mujeres modernas trabajando y criando a nuestros hijos, ¿les decimos a nuestros jefes que debemos irnos temprano para ver el partido de fútbol de las 4:30 p.m.?  ¿O dejamos de lado cualquier deber relacionado a nuestros hijos para no perdernos ese ascenso o aumento de sueldo? No podemos hacer las dos cosas.

Yo creo que debería ser la primera opción, no solo porque me deleita exponer a las feministas de la tercera ola, sino porque creo que es mejor para la economía, los niños, los padres y la sociedad.

La revolución feminista vendió una mentira a las mujeres

La primera cosa que necesitamos hacer es señalar la dicotomía que opera aquí, porque es esencial para identificar los cambios que las mujeres necesitan hacer para tener hijos y carreras prósperas.

El feminismo moderno enseñó a las mujeres en términos categóricos que no necesitaban hombres o hijos para ser felices. Punto. Si los querían, seguro, eso está bien, pero el resto de las mujeres de la sociedad debería encontrar una carrera exitosa y prosperar de “9 a 5”. En efecto, este mito aún persiste. Un artículo de The Guardian publicado a fines de mayo pregonaba con gozo que un “experto en felicidad” descubrió que “las mujeres son más felices sin hijos o pareja”.

No tan rápido.

Como muchos de los temas socioeconómicos de estos días, puedo encontrar varios estudios que contradigan a aquel. El New York Times recientemente informó que “las esposas religiosas y conservadoras” son el grupo de gente más feliz de Estados Unidos. Un estudio de Harvard que se retrotrae a 1938 (cuando Harvard aún estaba compuesta solo por hombres) incluyó mujeres gradualmente y descubrió que las relaciones cercanas eran las más impactaban en la felicidad, década tras década:

“Las relaciones cercanas, más que el dinero o la fama, son lo que mantienen a la gente feliz a lo largo de sus vidas, reveló el estudio. Aquellos vínculos protegen a la gente de los descontentos de la vida, ayudan a retrasar el deterioro mental y físico, y son mejores pronosticadores de vidas largas y felices que la clase social, el coeficiente intelectual o incluso los genes”.

A pesar de lo que dice el “experto en felicidad”, Pew Research reportó este año que más mujeres, particularmente mujeres con educación superior, se habían convertido en madres en 2016 que en 2006. Entonces, la última década incitó a la elaboración de miles de opiniones e investigaciones sobre cómo las mujeres deben balancear el trabajo y la maternidad, incluso aunque las feministas hayan dicho que tener hijos era tan trivial.

Las mujeres están atrapadas y no saben cómo salir

Dado que las mujeres son a menudo, aunque no siempre, las principales proveedoras de cuidados, y puesto que en la mayoría de los lugares de trabajo, los jefes y colegas en industrias dominadas por hombres suelen no comprender esto, es común que las mujeres eventualmente renuncien o inviertan más tiempo y dinero en cuidar a su hijos.

Pew reportó: “En 2016 las madres pasaron alrededor de 25 horas por semana en trabajo pago, mucho más que las 9 horas de 1965. Al mismo tiempo, pasaron 14 horas a la semana cuidando niños, más de las 10 horas a la semana de 1965”. La investigación también muestra que menos madres prefieren trabajar a tiempo completo, dado su agitado horario y su deseo natural de pasar tiempo con sus hijos.

Hay formas de hacer que la maternidad y el trabajo funcionen, solo que hemos estado tan preocupadas por romper el techo de cristal que no hemos descubierto cómo ofrecer guarderías, horas flexibles y un salario decente con beneficios, todo al mismo tiempo. Ahora que las mujeres están allí, necesitamos ponernos específicas, enfocadas y elocuentes respecto a lo que esto implica.

Más equilibrio entre el trabajo y la vida que licencia por maternidad paga

Generalmente, cuando discutimos el equilibro entre el trabajo y la vida, la licencia por maternidad paga es el primer tema que se menciona. Soy una gran defensora del concepto, particularmente si no es obligatoria.

No obstante, la licencia por maternidad paga apunta a un período corto en la vida de un niño: después de los primeros meses, el niño crece y va al jardín de infantes, se une a un equipo de baseball, necesita frenos, se engripa y participa en obras de teatro, entre otro millón de otras experiencias de la niñez. Alguien debe estar ahí en esos acontecimientos, y a menudo es uno o ambos padres los que se sienten obligados a hacer estas cosas importantes.

En el fantástico artículo de The Atlantic que aborda las realidades y la logística de la crianza de los hijos y el trabajo, Emily Oster, una economista de la Universidad Brown, describe cómo suele ser para los padres (no solo las mamás) que trabajan pero necesitan salir temprano para retirar a un niño con vómito de la escuela o asistir a la práctica de ballet de las 3:30 p.m. Ella expresa con claridad que hay casi un secretismo sobre tener hijos en el ambiente de trabajo, perpetuado por –adivinaste– la vergüenza, a menudo encabezada por los hombres.

Oster explica que aunque no hay tantas investigaciones sobre mujeres y el trabajo, específicamente sobre este aspecto de la “paternidad o maternidad secreta”, hay un estudio sobre Género, Trabajo y Organización de 2014, basado en entrevistas con 26 madres de niños pequeños, que afirma: “Esconder ser madre e involucrarse en estrategias de secretismo son temas generalizados en nuestras entrevistas. Muchas mujeres que regresaron al trabajo intentaron ocultar que tenían hijos pequeños o fingieron que los intereses de sus hijos no les resultaban tan importantes”.

Mientras más pensé sobre esto, más sentido tenía. Ahora tengo un trabajo muy flexible, pero el que tenía antes de éste no me habría permitido ser una madre muy involucrada –y punto. De hecho, cuando comencé a escribir regularmente, aún me sentía nerviosa por ser madre. Corría a las entrevistas, desesperada por ocultar mi abdomen posparto, ponía a los niños (que lloraban) a dormir siestas solo para tener una entrevista telefónica escondida en el baño. Un par de veces, incluso llevé niños pequeños a reuniones o entrevistas cuando una niñera no pudo llegar y me disculpé cada cinco minutos por parecer poco profesional. Al menos hay una entrevista mía con un niño interrumpiéndome, estoy segura.

Si me siento así, y los medios de comunicación son un área flexible, cuando menos, ¿cuánto más sentirán las mujeres en otras industrias esta necesidad de ser discretas? ¿Los padres también?

Hablar abiertamente en el trabajo sobre la maternidad beneficia a todos

Es como si el fenómeno del equilibrio entre el trabajo y la vida está experimentando su propio punto de inflexión, porque mantener en secreto la crianza de los hijos en el trabajo simplemente no está funcionado.

Oster explica la dificultad: “Esconder a tus hijos en el trabajo no es una tarea fácil. Incluso si te pierdes los juegos de béisbol, las obras de teatro de la escuela y las reuniones con los maestros, tus hijos a a veces se enfermarán. Ocasionalmente la guardería o la niñera no estarán disponibles. Algunas de las mujeres en el estudio que cité reportaron que habían fingido estar enfermas cuando sus hijos se enfermaron, porque tomarse un día de enfermedad para sí mismas parecía aceptable, pero tomarse uno para cuidar a un hijo no”.

La sugerencia de Oster es simple, orgánica y tiene poco que ver con las políticas. Simplemente sugiere que los padres trabajadores hablen sobre la crianza de hijos en el trabajo. Esto normalizará la crianza de niños para los colegas sin hijos, pero lo que es más, hacerlo incentivará a otros colegas que son padres a también hablar sobre lo que hacen todos los padres y que toma mucho de su tiempo, recursos y atención fuera del trabajo.

Yo le digo a la gente: “Lo siento, no agendo reuniones para después de las 5 p.m. debido a mis hijos”. O incluso: “Perdón, pero hoy me voy a las 3:30 p.m. porque he estado viajando mucho y les prometí a mis hijos que llegaría temprano a casa para hacer galletas”. Y particularmente intento decir cosas así cuando hay colegas más jóvenes, que podrían preguntarse si estará bien tener estas limitaciones. Tengo fotos de mis hijos en todas partes, y ahora mismo estoy viendo un guante de niño, que ha estado sobre mi escritorio desde diciembre. Con una mirada alrededor de mi oficina sabrás que soy madre.

Hablar sobre la maternidad con otros padres y no padres en el trabajo podría con el tiempo romper el estigma (y el secretismo) sobre el asunto. No estoy segura de si será suficiente, así que aún pienso que conversaciones directas con los empleadores son necesarias.

Oster sugiere a los empleadores que se den cuenta de que el horario de 5 a 8 p.m. está lleno de caos, pero que una reunión telefónica a las 8:15 p.m. es más factible. Si tu hijo tiene un partido a las 4:30 p.m. todos los jueves, tal vez puedes decirle a tu jefe que te pondrás al día a las 08:30 p.m. esa noche, o para las 06:30 de la mañana siguiente. Claro, no todas las vocaciones y áreas pueden tener este tipo de flexibilidad, pero en la era del Internet y las videollamadas, es fácil ver que muchos empleadores y empleados se beneficiarían de estas conversaciones sobre trabajo y crianza de hijos.

Los beneficios de trabajar y ser madre son muchos

Los beneficios de quitar el velo de secretismo sobre la maternidad y romper los mitos del manifiesto feminista en el trabajo son muchos –para los padres, los hijos y la sociedad.

A medida que la crianza de los hijos sea menos estigmatizada en el trabajo, esperemos que los padres puedan sentir que están viviendo una vida de una pieza, donde su trabajo y sus hijos puedan coexistir de forma pacífica.

Si bien la crianza de los hijos es una tarea difícil, ser capaz de asistir a ceremonias de entrega de premios durante el día, o incluso cuidar a un hijo enfermo para que se cure, trae cierta alegría, lo cual podría tener un efecto dominó en otros padres en el trabajo. Trabajar para un empleador que permita esto puede hacer que un empleado sea más agradecido y trabaje más duro. Esto, por supuesto, cosecha un beneficio económico para la sociedad. Si más padres disfrutan de estabilidad laboral y recompensas financieras, puede que tengan más hijos –lo cual también es beneficioso para la salud social.

Trabajar y criar hijos también puede ser beneficioso para los niños. Cuando mi hijo mayor, un adorable pelirrojo, era un niño pequeño, usaba una camisa que combinaba con su color de cabello con un sol impreso en ella. “El mundo gira a mi alrededor”, decía la camiseta. Solía reírme, porque los niños pequeños realmente creen eso. De hecho, ahora he aprendido –luego de ser madre por más de 12 años (y ahora con cuatro hijos)– que muchos de ellos aún lo creen. No obstante, cuando mamá y papá trabajan, el mundo no puede girar a su alrededor. Sí, pueden ser amados, llevados en auto, abrazados y vitoreados, pero si los padres también trabajan, esto puede fomentar en los niños un sentido de independencia, equilibro, fortaleza y empatía (particularmente si el niño aún se siente amado).

El feminismo moderno no le hizo favores a las mujeres y a las que quieren ser madres cuando les vendió una lista de mentiras sobre cómo encontrar la felicidad. Sin embargo, los mitos pueden ser desentrañados y hay nuevas formas de balancear el trabajo y la maternidad –que las feministas no necesitan aplicar.

Nicole Russell es escritora independiente y madre de cuatro hijos. Su trabajo apareció en The Atlantic, The New York Times, Politico, The Daily Beast y The Federalist. Síguela en Twitter @russell_nm.

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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