Violencia doméstica aumentó durante la pandemia, sugieren estudios

El estrés, dificultades económicas, falta de apoyo social y abuso de drogas o alcohol son factores de riesgo
Por MEGAN STUBBS-RICHARDSON
18 de Diciembre de 2020
Actualizado: 18 de Diciembre de 2020

A medida que nos enfrentamos a tasas crecientes de infección por COVID, aumenta la posibilidad de cuarentenas adicionales. Aunque las órdenes para quedarse en casa pueden proteger a las personas del virus, el hogar no es seguro para todos.

Estudios muestran que las llamadas por violencia doméstica a la policía y albergues en Estados Unidos aumentaron entre un 6 y un 21 por ciento (variación según la fuente de datos) desde el inicio de la pandemia, y el mayor aumento ocurrió en las primeras cinco semanas de cuarentena.

También aumentaron las llamadas a las líneas directas. Las búsquedas de información en Google sobre las líneas directas de violencia doméstica también aumentaron, con picos en abril, una época en la que la mayor parte de Estados Unidos tenía órdenes de quedarse en casa.

Esto no es sorprendente para quienes estudiamos la violencia doméstica. Con COVID-19 vino un mayor desempleo y tensión financiera, ambos relacionados con la violencia doméstica. A medida que continúan las cuarentenas y distanciamiento social, aumenta el aislamiento, disminuye el apoyo social, disminuye la movilidad, el acceso a los recursos se tensa y aumenta el estrés de los cambios en la rutina, como el cierre del trabajo y la escuela. La vida está patas arriba.

Como investigadores que estudian la violencia en la pareja, sabemos que la pandemia solo exacerbó muchos de los factores de riesgo de la escalada de violencia. Un ejemplo: el hecho de que las parejas pasen tiempo juntos más de lo habitual, como durante las vacaciones, aumenta los riesgos de violencia familiar.

El estrés, las dificultades económicas, la falta de apoyo social, la posesión de armas, un nivel educativo más bajo y el abuso de drogas o alcohol son factores de riesgo de violencia en pareja. Todos estos factores se agravan durante una pandemia.

Obtener datos confiables

Todos estos factores son señales de alerta, lo que indica que las víctimas pueden correr un mayor riesgo durante estos tiempos difíciles. Sin embargo, obtener datos durante una pandemia es particularmente difícil. En el mejor de los casos, los datos deben recopilarse, procesarse y analizarse antes de que las cifras se puedan presentar al público. Eso siempre lleva tiempo. Una pandemia complica aún más las cosas.

En este momento, no tenemos estadísticas nacionales actualizadas sobre los informes de víctimas de violencia doméstica durante la pandemia. Por eso, para obtener números inmediatos, dependemos en gran medida de los datos de llamadas a la policía o al albergue.

Pero ese aumento del 6 al 21 por ciento en las llamadas probablemente subestima el problema. Las interacciones con los agentes de policía disminuyeron en general, en parte, debido a las políticas y prácticas de distanciamiento social. Sin embargo, incluso antes del brote, la violencia doméstica era un delito que no se denunciaba.

El aumento en las llamadas parece provenir en gran parte de hogares donde la policía no se ha puesto en contacto antes y aquellos en complejos de alquilertal vez como resultado de los informes de los vecinos porque, al pasar más tiempo en casa, es más probable que sean testigos. En contraste, los incidentes en comunidades rurales donde las viviendas están muy espaciadas probablemente no estén representados en nuestros datos actuales. agrabado

Incluso antes del COVID-19, la gravedad del abuso físico doméstico era peor en las áreas rurales en comparación con los entornos urbanos. La falta de transporte público en las áreas rurales se suma al problema porque es más difícil para las víctimas escapar o llegar a albergues que a menudo se encuentran en ubicaciones urbanas. Estos problemas solo se han agravado por la pandemia.

Qué puede ayudar

Una forma posible de mejorar la respuesta es permitir que las víctimas denuncien el abuso en espacios no tradicionales, como las farmacias. Este enfoque se ha utilizado con éxito en Francia y España. Por ejemplo, en España, las víctimas usan una palabra en clave, “mascarilla 19”, cuando hablan con los farmacéuticos para identificar la necesidad de ayuda. Las fuentes tradicionales, como las líneas directas y el 911, también podrían permitir informes codificados. Con los albergues menos disponibles durante la pandemia, se han utilizado hoteles para albergar a las víctimas.

Las redes sociales podrían ofrecer formas innovadoras de facilitar las denuncias; por ejemplo, las funciones privadas, como las salas de chat ocultas de “servicio al cliente” en plataformas que enlazan con la línea directa nacional, podrían beneficiar a las víctimas que intentan comunicarse mientras su abusador está cerca. Acortar el número de la línea directa a tres dígitos (una marcación más rápida y fácil de recordar) también podría ayudar. Todos estos cambios, especialmente ahora, pueden ayudar a las víctimas a encontrar la privacidad que necesitan para que puedan denunciar el abuso de forma segura.

Si necesita ayuda en un caso de violencia doméstica, llame a la Línea Directa Nacional de Violencia Doméstica al 1-800-799-SAFE (7233); envíe un mensaje de texto con LOVEIS al 22522; o visite thehotline.org

Megan Stubbs-Richardson  es profesora asistente de investigación en la Universidad Estatal de Mississippi y H. Colleen Sinclair  es profesora asociada de psicología social en la Universidad Estatal de Mississippi. Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation.


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