La virtud de aceptar ser corregido y la virtud de ser magnánimo: Dos anécdotas

Por La Gran Época
25 de Marzo de 2020 Actualizado: 26 de Marzo de 2020

A continuación presentamos dos historias de la dinastía Tang (618 al 906).

La emperatriz Wende valora la virtud del primer ministro

“¡Esta vez, realmente voy a matar a ese canalla!”.

El emperador Tang Taizong estaba con su esposa, la emperatriz Wende, cuando él le contó acerca de la forma en que echó a los miembros de su corte antes de tiempo. La emperatriz, curiosa, le preguntó por qué.

“Nuevamente fue por culpa del primer ministro Wei Zheng. Todo lo que hace es criticarme e insultarme. Me avergonzó delante de toda la corte. ¿Dónde está el respeto que me deben como emperador?”.

Al oír esto, la emperatriz se fue. Volvió vestida ceremoniosamente con todo el atuendo y las insignias de la corte. El emperador estaba desconcertado por sus acciones.

La emperatriz viste su ropa ceremonial para celebrar al emperador. Imagen Ilustrativa (Dominio Público/WikimediaCommons)

“¿Por qué estás vestida así?”, preguntó.

“He oído que solo cuando un emperador es noble y sabio sus asesores son honestos y leales. Su Majestad debe ser un buen gobernante si Wei se atreve a expresar sus verdaderas opiniones. Me siento honrada de estar a su lado Su Majestad; y por eso es que estoy celebrando”, respondió la emperatriz.

La magnanimidad del primer ministro Lou Shide

Di Renji y Lou Shide, ambos eran primeros ministros de la emperatriz Wu Zetian. Sin embargo, a Di nunca le gustó Lou.

Un día la emperatriz Wu le preguntó a Di si sabía por qué ella lo había colocado en un puesto tan alto.

“Por poseer habilidades excepcionales y por ser autosuficiente. Por ser talentoso, virtuoso y experimentado”, dijo Di.

“En realidad, antes yo no sabía mucho acerca de ti”, respondió la emperatriz. “Fue el Ministro Lou Shide quien te recomendó. Él me dijo muchas cosas buenas acerca de ti y es por eso que estás aquí”.

Emperatriz Wu Zeitian. (Dominio Público / Wikimedia Commons)

La Emperatriz le mostró a Di una docena de cartas de recomendación que Lou escribió sobre él. Humillado, Di admitió que él estaba equivocado.

A partir de entonces, Di se volvió más humilde y reconoció los límites de sus capacidades.

“Nunca habría pensado que Lou me había tolerado con tanta magnanimidad. Él nunca hizo ostentación de esto”, decía.

El artículo original puede encontrarse en: Minghui

*****

A continuación:

“Residentes de Wuhan sienten desesperanza en medio del brote del virus del PCCh”

TE RECOMENDAMOS