Las empresas estadounidenses y las celebridades deben dejar de arrodillarse ante China

Por Newt Gingrich
06 de Junio de 2021
Actualizado: 06 de Junio de 2021

Opinión

La semana pasada marcó el 32 aniversario de la masacre de Tiananmen.

El 4 de junio de 1989, manifestantes a favor de la democracia se reunieron en la Plaza de Tiananmen en Beijing para realizar manifestaciones pacíficas. Liderados por estudiantes, los manifestantes denunciaron al gobernante Partido Comunista de China y pidieron mayores libertades para el pueblo chino.

En respuesta, el Partido Comunista envió al ejército para acabar con las protestas. El gobierno chino nunca ha publicado cifras, pero sabemos que el Ejército Popular de Liberación masacró entre varios cientos a varios miles de personas.

Fue una horrible demostración de brutalidad. Sin embargo, la respuesta del lobby empresarial en Estados Unidos se basó esencialmente en ignorar lo sucedido y seguir adelante con los compromisos que tenían hacía China. El cálculo era simple: si bien la masacre fue despreciable, el mercado chino simplemente era demasiado grande para dejarlo pasar.

La reacción de la comunidad empresarial a la masacre de Tiananmen es característica de cómo las corporaciones estadounidenses han tratado con China durante décadas. Por mucho que el gobierno chino abusa de los derechos humanos y amenaza la seguridad nacional estadounidense, se piensa que hay demasiado dinero que ganar y demasiado que perder al excluir a Beijing.

Es comprensible que las empresas quieran acceder a un mercado tan crucial y lucrativo. Pero para los líderes empresariales estadounidenses, el patriotismo debería ir antes que el capitalismo.

De hecho, las empresas estadounidenses deben reconocer que China es una dictadura totalitaria y, por lo tanto, es imposible tener una relación puramente comercial con China. En el modelo chino, la política, en última instancia, controla los negocios.

En otras palabras, no existe una empresa privada china, porque al final del día, el Partido Comunista Chino (PCCh) puede hacer lo que le plazca con cada entidad “privada”.

Esto facilita que China use la presión económica para reforzar su presión política, especialmente en Hollywood.

En 2019, por ejemplo, el tráiler de Paramount Pictures de “Top Gun: Maverick”, una secuela del éxito de taquilla de 1986 “Top Gun”, mostraba originalmente a Tom Cruise poniéndose una chaqueta con dos parches de las banderas japonesa y taiwanesa. Después de la protesta de Beijing, el tráiler reemplazó los parches con dos símbolos ambiguos.

Los líderes de China claramente no querían nada que promoviera la soberanía taiwanesa o a sus rivales japoneses, por lo que se quejaron. Hollywood, por temor a perder el acceso a cientos de millones de dólares en el mercado chino, obedeció las demandas de China.

Ésta es una historia conocida. La semana pasada, en una demostración verdaderamente patética, el actor y exluchador profesional John Cena se disculpó con China en mandarín por referirse a Taiwán como un país antes del lanzamiento de su nueva película “Rápido y Furioso”.

Y no olvide cuando en 2019 Daryl Morey, entonces gerente general de los Houston Rockets de la NBA, envió un tweet en apoyo a la lucha de Hong Kong por la libertad contra el autoritarismo de China. China inmediatamente presionó enormemente a la NBA, que tiene un punto de apoyo importante en el mercado chino, y la NBA simplemente se derrumbó.

De hecho, la situación de la NBA fue tan atroz que llevó a Chris Fenton, mi invitado en el episodio de esta semana en mi podcast, “Newt’s World“, a repensar toda su carrera.

Fenton, que había hecho grandes negocios con China como presidente de DMG Entertainment Motion Picture Group y gerente general de DMG North America durante 17 años, creía que involucrar a China, tanto como fuera posible, enriquecería a Estados Unidos y difundiría el poder blando estadounidense entre el pueblo chino.

Pero después de que Morey envió su tweet, Fenton se dio cuenta de que la vieja forma de pensar —que el comercio sin control y la interdependencia global moderarían a China y beneficiarían a Estados Unidos a largo plazo— estaba equivocada. Esta experiencia llevó a Fenton a escribir su libro reciente, “Feeding the Dragon: Inside the Trillion Dollar Dilemma Facing Hollywood, the NBA, and American Business” (Alimentando al dragón: El dilema del billón de dólares al que se enfrentan Hollywood, la NBA y las empresas estadounidenses).

Como me explicó Fenton, el lobby empresarial de Estados Unidos debe estar del mismo lado que los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Durante décadas, este no fue el caso, pero la administración Trump hizo grandes avances para corregir ese desequilibrio.

Queda por ver si Washington puede aprovechar ese progreso, pero una cosa está clara: las empresas y las celebridades estadounidenses deben dejar de arrodillarse ante China.

De Gingrich360.com.

Newt Gingrich, republicano, se desempeñó como presidente de la Cámara de Representantes de 1995 a 1999 y se postuló como candidato presidencial en 2012.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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