Cómo librar a nuestros hijos de cargar con nuestros propios “asuntos” emocionales

¿Por qué la autoconciencia es la clave para una buena crianza?
Por NANCY COLIER
08 de Diciembre de 2019
Actualizado: 08 de Diciembre de 2019

Ser un padre lo suficientemente bueno es como hacer un triatlón Ironman todos los días. El trabajo que implica mantenernos conscientes de nuestras propios “asuntos” emocionales y no dejar que se filtre en nuestra relación con nuestros hijos es tremendo.

Recientemente presencié, nuevamente, cuán vital es la auto-conciencia y el discernimiento para una buena crianza de los hijos. Conozco a mi amigo Dan (todos los nombres se cambian) desde hace mucho tiempo. Debido a que ha estado en mi vida durante décadas, también conozco a sus hijos desde que nacieron y tengo una relación propia con su hija adolescente Kim.

En una caminata reciente, Dan estaba furioso conmigo por un incidente que acababa de ocurrir con Kim. Ese día temprano por la mañana, Kim había estado tomando fotos, y Dan, que sabe mucho sobre fotografía, hizo una sugerencia sobre cómo enmarcar sus fotos de una manera más rica e interesante. Kim, que tiene 15 años, se irritó con su padre y rechazó las sugerencias, diciéndole que la dejara sola para que ella pudiera tomar sus propias fotografías de la manera en que quisiera.

Dan estaba muy enojado porque, según él, Kim rechazó todo lo que le ofreció porque no lo respetaba. En su narrativa, su hija pensaba que él no era alguien que supiera algo de valor. Ella ignoró sus sugerencias porque creía que el no era alguien cuya opinión importaba.

Escuché a mi amigo con sentimientos encontrados. Desde que conocí a Dan, él ha compartido la experiencia de no ser valorado por lo que tiene que ofrecer. Era consciente de que mi amigo siempre se había sentido invisible, no apreciado e invalidado en su trabajo.

Este sentimiento era el enredo emocional de Dan, sus “asuntos”. Y este “asunto” se había desencadenado por la sana necesidad de su hija de tomar sus propias decisiones y crear a su manera.

Me sentí triste por mi amigo y su deseo de que su hija lo apreciara por lo que el sabía.

Cuando Dan me expresó su enojo, recordé las conversaciones que sostuve con su hija anteriormente. Ella me compartió cómo se sentía controlada por su padre, diciéndome que no le permitía hacer las cosas a su manera. Ella me dijo que él constantemente tenía que enseñarle algo y mostrarle lo que sabía. Estaba profundamente frustrada porque su padre siempre estaba tratando de mejorarla y no podía simplemente dejarla ser. Sintió que estaba siendo alimentada implacablemente con el mensaje de que no era lo suficientemente buena.

Kim respondió que cuando tomaba las sugerencias su padre, toda la experiencia se tornaba hacia él. Sentía que de alguna manera ella era responsable de hacer que su padre se sintiera valorado, importante y visto.

Sabía todo esto mientras Dan continuaba con el crimen de Kim y ella seguía rechazando deliberadamente su sabiduría y experiencia. Cuando llegó al final de su perorata y quería que validara sus sentimientos, estaba un poco enredada. Pero porque es un amigo muy querido y porque también amo a Kim, compartí mis propios puntos de vista. Empaticé con él sobre su frustración y enojo. Traté de hacer espacio para los sentimientos de invisibilidad y rechazo que el estaba expresando. Luego ofrecí otra explicación para el comportamiento de Kim que contradecía su narrativa, pero que esperaba podría disminuir su molestia debido al rechazo de su consejo.

Le recorde a mi amgo que Kim tenía 15 años y necesitaba espacio para resolver las cosas por sí misma. Ella no creía que él fuera indigno, como él creía. Ella solo estaba tratando de convertirse en una persona por derecho propio y, a veces, tomando en cuenta sus sugerencias estas funcionaban en contra de su propio proceso de crecimiento.

Traté de ser amable con él y no mencionar cómo esta narrativa de no ser apreciado era muy común en su historia, mucho antes de que Kim apareciera con su cámara. También dejé salir mi creencia de sentir que estaba acusando a su hija de intenciones que no le pertenecían. Sabía que Dan estaba en carne viva y que se sentía desvalorizado esa era su herida principal.

En cambio, traté de agregar otra explicación al comportamiento de Kim que podría aportar una perspectiva más clara a la visión que el había construido sobre su hija.

La verdad es que sentí compasión por Dan y su hija, y no estaba segura de cómo ayudar en la situación para sostener todas las verdades que coexistían.

Quería admitir los sentimientos de invisibilidad de Dan y su deseo de ser valorado y enseñarle a su hija, pues era un deseo saludable. También quería reconocer la necesidad de Kim de ser valorada como es, sin mejoras, ni ningún requerimento para validar a su padre por su conocimiento. No podía quedarme sentada mientras mi amigo le echaba la culpa a su hija y le imponía sus propias “cosas”. Kim había desencadenado en el su herida central, pero no porque ella tuviera la intención de hacerlo. Eso no tenía mucho que ver con él.

Cuando compartí la experiencia de Kim con Dan, una experiencia que fue radicalmente diferente a la que él le había asignado, en mi fantasía sucedía que repentinamente Dan sentiría una ola de compasión paterna por su hija. Imaginaba a medias, que el saldría de su propia historia de defensa del ego y sentiría empatía por la experiencia de su hija de nunca sentirse lo suficientemente bien, de tener que ser siempre mejor para su padre y así el podría sentirse valioso y visible.

Pero realmente no pensé que ese escenario sucedería y, de hecho, no sucedió. Mi amigo se quedó atrapado en su propia narrativa y explotó contra mí. Al ofrecer una verdad diferente, un sable, el de su hija, le pedí que mirara a sus propios “asuntos” y desafiara su versión de la realidad. Le pedí que abriera su corazón a la experiencia real de su hija en lugar de la que él estaba construyendo para ella. Aparentemente, esto no era lo que él quería o necesitaba, así que decidimos volver a contactarnos cuando él estuviera más tranquilo.

Esta experiencia me hizo pensar en lo importante que es para nosotros los padres separar nuestros “asuntos” de lo que realmente es cierto para nuestros hijos. Necesitamos entender que hay un mundo de diferencia con respecto a nuestra experiencia y la de ellos. Es difícil, pero debemos dejar que coexistan con dignidad, tan diferentes como pueden ser.

Todos hemos sido Dan en un momento u otro, y, cuando éramos más jóvenes, todos hemos sido Kim y nos han arrojado los “asuntos” de nuestros padres. Crecí en un hogar que a veces se sentía como una casa de espejos, donde rara vez estaba en una conversación que incluía mi verdad real, pero en su lugar estaba enmarcado por las proyecciones de los demás, siempre cargadas con algo (un motivo o punto de vista, por ejemplo) que alguien más me había asignado.

Entonces, cuando mi amigo Dan le atribuyó a su hija una intención que pertenecía a su historia y no era su verdad, sentí que mi propia herida se agravaba.

Como padres, a menudo nos provoca algo que dice o hace nuestro hijo. Si no nos damos cuenta en el momento o poco después, podemos caer en su engaño y terminar con una visión distorsionada de nuestros hijos que afecta nuestra relación con ellos. Tienen derecho a que su propia verdad sea vista y honrada, sus propias intenciones validadas. Si no podemos separar nuestras propias nociones y equipaje de la realidad, vemos las cosas a través de una lente polarizada que nos niega la posibilidad de una relación fresca y veraz con nuestros hijos.

Cuando algo nos desencadena y sentimos que nuestras emociones estallan, o una vieja idea comienza a dominar nuestro pensamiento, podemos hacer una pausa, sentir la emoción, reconocer la herida y aprovechar la experiencia como una oportunidad para traernos compasión. Nuestros hijos nos ofrecen el regalo de reflexionar sobre nosotros mismos y cumplir con un requisito más alto. Podemos prestar atención a nuestras reacciones, reflexionar y aportar amabilidad a nuestro propio dolor. Nos muestra lo que está enterrado en nosotros. Si miramos, podemos ganar conciencia de nosotros mismos, ir más allá de nuestra ignorancia y actitud defensiva, y así evitar contaminar accidentalmente a nuestros hijos con nuestro dolor.

Podemos tener una experiencia muy real y fuerte, pero eso no significa necesariamente que la otra persona nos lo esté haciendo. Sus acciones desencadenan algo en nosotros, y esa reacción es nuestra. Su experiencia es, sin duda, muy diferente a la experiencia que tenemos. Y ambas experiencias son verdaderas y válidas.

Cada uno trae una historia de ideas, nociones e historias a cada momento. Vemos y enfatizamos cosas diferentes.

Nuestros niños están descubriendo quiénes son. Eso es bastante difícil sin tener que salir de nuestras propias historias.

Nuestra mayor responsabilidad como padres, tan importante como aparecer en todos los juegos de softball y recitales de baile, es nuestra auto-conciencia y nuestra voluntad de asumir la responsabilidad de nuestras propias “cosas” sin ponerlas en manos de nadie más, especialmente de nuestros hijos. Al hacerlo, ofrecemos a nuestros hijos la dignidad de decidir y descubrir su propia verdad y hacer que se escuche abierta y honestamente.

Nancy Colier es psicoterapeuta, ministra interreligiosa, autora, oradora pública y líder de talleres. Para más información, visite  NancyColier.com

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