Llevada al borde de la locura tras 10 años de tortura: La historia de fe de una mujer y su detención ilegal

Por Daniel Holl
06 de Julio de 2019 Actualizado: 08 de Julio de 2019

Una mujer vio sufrir a su familia mientras estuvo encarcelada ilegalmente durante casi 10 años, torturada hasta el borde de la locura, todo el tiempo seguida por una criminal que no quería otra cosa que verla sufrir, simplemente por su fe, según un informe de Minghui.org (edición en chino) publicado el 6 de junio.

Gao Yuxiang, de 58 años, es una practicante de Falun Dafa y víctima de la persecución del Partido Comunista Chino (PCCh) contra la práctica pacífica de meditación. Vive en la región noreste de la provincia china de Jilin.

También conocida como Falun Gong, la práctica espiritual de Gao enseña a los practicantes a ser buenas personas siguiendo los principios universales de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Sin embargo, en julio de 1999, el régimen comunista comenzó una brutal persecución en un intento por erradicar la pacífica práctica.

Tras su liberación el 28 de enero pasado, Gao pudo contar la historia de su resistencia a la tortura inhumana. Su historia sobre ser torturada en prisión por practicar Falun Dafa es solo un ejemplo de los numerosos crímenes contra la humanidad que continúan ocurriendo dentro de China.

El régimen chino daña la fe y la familia

Gao comenzó a practicar Falun Dafa en 1995. Luego, en 1999, cuando los medios de comunicación chinos pasaron días enteros dedicados a calumniar la antigua disciplina, Gao fue a defender su fe en uno de los lugares públicos más reconocidos de China: la de Plaza de Tiananmen.

“Cuando llegué, fui arrestada de inmediato y me encerraron durante 15 días”, dijo Gao a Minghui, un sitio web que documenta la persecución a Falun Dafa en China. La policía obligó a su familia a pagar por su liberación. Pero esto no detuvo a Gao.

Volvió a Tiananmen en octubre de 1999, pero los resultados fueron mucho peores. Después de ser detenida una vez más, los tribunales sentenciaron a Gao a un campo de trabajo forzado durante dos años. Los guardias regularmente la electrocutaban con pistolas paralizantes. Mientras estaba encerrada, los funcionarios del régimen exigieron que su familia, que vivía en una granja, entregara todas sus cosechas de granos.

Cuando Gao fue liberada en 2001, exigió a las autoridades que les devolvieran su medio de subsistencia, pero la amenazaron con volver a  encarcelarla. Dijo que no tenía otra opción más que viajar a otras ciudades en busca de trabajo, según Minghui. Sin embargo, el trabajo nunca fue estable, lo que causó más problemas a su familia.

“Mi hija de 16 años se vio obligada a abandonar la escuela”, dijo Gao, debido a problemas financieros.

Después de ocho años de relativa paz, la policía de civil llamó a la puerta de Gao en 2009.

En ese momento, estaba cuidando a su frágil y enferma madre.

Gao recordó claramente lo que le dijo su madre moribunda, mientras la policía la apartaba lejos de las manos de su madre: “¡No arresten a mi hija, es una buena persona, es la mejor persona!”.

La policía arrastró a Gao fuera de su casa, mientras que otro grupo de oficiales saqueaba las habitaciones. La conmoción fue demasiado para la madre de Gao, que murió poco tiempo después.

En el centro de detención, Gao mostró su resiliencia contra el arresto ilegal. Estaba atada a una silla de metal mientras era interrogada por dos oficiales. “Me preguntaron esto y lo otro, pero lo que sea que me preguntaban, yo no contesté”, dijo Gao a Minghui. Esto enfureció a los oficiales.

Luego la atacaron, golpeándola hasta dejarla inconsciente. Gao se despertó por el agua que le arrojaron en la cara. “Hasta altas horas de la noche, aún no dije nada”, le dijo Gao a Minghui.

Luego la encerraron en un centro de detención, donde una vez más se opuso a la tortura. Esta vez, con una huelga de hambre. Sin embargo, la policía tenía otro plan. “Me alimentaron por la fuerza, me metieron un tubo por la nariz”, dijo Gao a Minghui. “Mi nariz sangraba, mis ojos lloraban (…) incluso ahora las lágrimas corren incontrolablemente por mi cara”.

Después de casi dos años de estar encerrada en un centro de detención, Gao fue obligada a pasar por un juicio ficticio. Su familia ni siquiera fue notificada. El juicio falso la condenó a 10 años de prisión en 2011.

Encarcelamiento ilegal

En julio de 2011, comenzó la horrible tortura de Gao en la prisión de mujeres de Changchun. En vez de ser encarcelada como las otras prisioneras, se convirtió en el blanco de abuso y violencia –esto se hizo con el propósito de obligarla a renunciar a su fe.

“Me castigaron haciéndome sentar en un banquito de plástico, tenía que tener una postura perfecta, sentarme erguida, con las manos sobre las rodillas”, dijo Gao a Minghui. “Si apenas me movía, me pegaban y me ridiculizaban”.

Recordó que unas 20 mujeres presas estaban organizadas para rodearla, y le exigían que abandonara sus creencias. Bajo esa intensa presión, Gao solo les dijo la verdad sobre su fe y sobre el maltrato que había recibido.

Cuando los guardias se dieron cuenta de que la transformación había fracasado, la prisión adoptó un método diferente. Una mujer llamada Pang Shuyan, que había mostrado buen comportamiento durante la reeducación a través del trabajo forzado, fue asignada para permanecer al lado de Gao día y noche, informando sobre todo su comportamiento.

Gao no había escapado al castigo de sentarse en un banquito de plástico. Ahora, a Pang se le otorgó la autoridad para hacer que Gao se sentara en el banquito desde las 4 de la mañana hasta las 10 de la noche.

Después de cinco o seis días de estar sentada, Gao dijo que las presas que la observaban tuvieron la idea de poner una foto del fundador de Falun Dafa, Li Hongzhi, en su banquito, y exigirle que se sentara en él. Por respeto, Gao se negó, incluso cuando trataron de sentarla a la fuerza en el banquito.

Cuando Pang notó la resistencia, arrastró a Gao al baño. “Ella se puso furiosa, me abofeteó en la cara y en la boca, y como yo no quería sentarme, me castigaron parada”, le dijo Gao a Minghui.

Gao se vio obligada a permanecer de pie durante el mismo tiempo que había estado sentada, a veces incluso más. “Después de unos 20 días, aparecieron venas varicosas en mis piernas, hinchándose clara y densamente”, dijo Gao a Minghui.

“[Mis piernas] eran como las de un elefante, hasta goteaba sangre de ellas”.

El castigo entonces se hizo aún peor.

A Gao se le ordenó que siguiera de pie durante 24 horas seguidas. “Me quedé de pie durante cinco días y cinco noches, no me dejaban dormir”, dijo Gao a Minghui. Entonces Pang dio inicio otro plan. Tomó la foto, sobre la que Gao se negó a sentarse, y exigió que las otras presas le pegaran en la parte trasera desnuda de Gao.

Entonces la moderación de Gao se quebró, y con furia gritó y empujó a las mujeres lejos de ella mientras trataban de llevar adelante su plan.

Pang entonces forzó a Gao a un nuevo tipo de sufrimiento. Los practicantes de Falun Dafa realizan una meditación sentada, donde ambas piernas se cruzan una encima de la otra. En yoga, esto se llama el “doble loto”. Pang hizo que Gao se sentara en doble loto durante 12 horas. Gao tuvo que sostener sus brazos por encima de su cabeza.

Todo esto después de casi todo un mes de tortura sin poder sentarse y una semana de privación de sueño. El dolor y el sufrimiento aún no habían quebrado a Gao.

Llevada hasta el límite extremo

Pang, junto con otros seis o siete personas acusadas de crímenes como el asesinato, fueron asignadas para vigilar a Gao y a las otras practicantes encarceladas. A las practicantes se les privó de sus necesidades sanitarias básicas.

A Gao no se le permitía usar el baño, y después de varios días de contenerse, finalmente no pudo aguantar más. El grupo de presas se burlaba de ella como si fueran niños de una escuela: “’Gao Yuxiang es tan vieja y se orina en los pantalones, no tiene vergüenza’. Me insultaron, lloré y me sentí muy avergonzada”, dijo Gao a Minghui.

Para empeorar las cosas, las mujeres ilegalmente encarceladas fueron obligadas a comer en el suelo. A Gao no se le permitió volver a usar el baño, y no quería ensuciar aún más el piso. En un momento de confusión, aceptó la condena de las criminales: insultar al fundador de Falun Dafa por escrito.

“Después de que me dejaron ir al baño y mi cabeza estaba más despejada, mi corazón sintió un profundo y doloroso arrepentimiento”, dijo Gao a Minghui.

Poco tiempo después, Pang sometió a Gao a una nueva forma de tortura. Hizo que Gao se arrodillara en la cama con los pies levantados hasta las nalgas y las manos sosteniendo sus tobillos. Gao tenía que sentarse así durante 12 horas al día sin moverse. Cualquier resistencia, y Pang golpearía su cabeza con un palo de amasar.

Después de 49 días de este castigo diario, Gao fue enviada a la enfermería de la prisión y descubrió hasta qué punto su cuerpo había sido dañado. “Ni siquiera pudieron extraer sangre durante el chequeo”, dijo Gao a Minghui.

Al borde de la locura

Después de eso, Pang y las demás presas no hicieron que Gao sufriera el mismo castigo nuevamente. Le exigieron que escribiera los nombres de sus parientes. “No podía recordar el número de teléfono de mi hija, no podía recordar el nombre de mi yerno”, dijo Gao a Minghui.

“Incluso olvidé el nombre de mi nieto”.

Las presas ridiculizaron a Gao, mofándose de ella. “Yo también me reía, pero esta risa era extraordinariamente anormal”, dijo Gao a Minghui. Otras presas incluso pensaban que ella había enloquecido.

Pero entonces Gao comenzó a recitar palabras de enseñanza de su fe, y gradualmente volvió a ser la de siempre.

Gao fue testigo de cómo otras mujeres se quebraron bajo el mismo trato brutal que ella recibió. Otras mujeres que se negaron a sentarse en los banquitos de plástico fueron golpeadas hasta el punto de perder el control de sí mismas.

Incluso entonces, las presas todavía se burlaban e insultaban a las mujeres perseguidas por su fe.

A otras apenas se les daba suficiente comida o agua para sobrevivir. Algunas tuvieron que beber en secreto agua de los inodoros.

Para 2016, Gao tuvo que hacer trabajo forzado en la prisión, y no sufrió las mismas formas de tortura que antes.

Luego, el 28 de enero de este año, Gao fue liberada de la prisión, y finalmente fue capaz de contar la historia de persecución brutal e ilegal que sufrió durante todos esos años.

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A través de sus principios Verdad, Benevolencia y Tolerancia, es posible mejorarse como persona y elevarse continuamente dentro del ambiente de la sociedad. Más información http://es.falundafa.org

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