Los estados se defienden de la guerra de Biden contra el Oeste

Por Stephen Moore
06 de Abril de 2021
Actualizado: 06 de Abril de 2021

Comentario

El presidente Ronald Reagan solía referirse a nuestro país como “estos Estados Unidos”, no “los Estados Unidos”.

Puede parecer una diferencia gramatical intrascendente, pero esa fraseología encierra toda una filosofía diferente de nuestro sistema de gobierno. Reagan reforzó la noción tradicional del federalismo estadounidense: que los estados crearon el gobierno federal, y no al revés.

Los estados deben servir como “laboratorios de la democracia”. El ingenio de nuestros Padres Fundadores consistió en reconocer que la sana competencia entre los estados era la mejor manera de idear soluciones políticas.

Esto nos lleva al presidente Joe Biden. Ningún presidente de los tiempos modernos, quizá nunca, ha mostrado tanto desprecio por nuestro sistema federal.

Por eso me emocionó ver este titular de, precisamente, Alaska: “Dunleavy dice a los federales que Alaska asumirá la gestión de 800,000 millas de río”.

Alaska hace valer su derecho como estado a controlar sus lagos y ríos. El gobernador Mike Dunleavy está tan harto, que ha pedido a la Administración Biden que “deje de molestar a los alaskeños”.

Bravo.

Necesitamos que los gobernadores y los legisladores estatales muestren mucho más de esta resistencia pacífica cuando Washington se excede. Eso está ocurriendo mucho últimamente. Biden ha declarado que no habrá más perforaciones en tierras federales en el Oeste, y esta directiva federal costará a estos estados potencialmente billones de dólares. Las autoridades también están planeando sacar del desarrollo millones de acres de tierra en el Oeste.

El equipo de Biden quiere anular las leyes estatales de derecho al trabajo que han sido una tradición de medio siglo en la mayoría de los estados del Oeste. El Departamento del Tesoro incluso ha hecho valer ahora su autoridad para intervenir e impedir que estados como Nebraska, Dakota del Sur, Utah y Montana reduzcan los impuestos en sus estados. Simultáneamente, los estados costeros ricos están buscando eliminar los límites de deducción de impuestos estatales y locales incluidos en el paquete de impuestos de 2017 del expresidente Donald Trump. El límite actual es de 10,000 dólares, y eliminarlo probablemente favorecería a los contribuyentes más ricos y liberales que los demócratas siempre dicen que no pagan “su parte justa”. La Administración de Biden podría instar a Nueva York y California a aliviar las cargas fiscales en esos estados en lugar de desquitarse con los estados del Oeste.

Los habitantes del Oeste están enfurecidos, con razón, por el hecho de que miembros del Congreso de Delaware, Nueva York y Massachusetts, que tienen poco o ningún conocimiento sobre la gestión de los recursos, digan a los agricultores, mineros y ganaderos de lugares como Colorado, Montana y Utah lo que pueden hacer con su propia propiedad.

Veintiún fiscales generales de estados principalmente de las Montañas Rocosas y del Sur están demandando a Washington por bloquear su privilegio de dirigir sus propias políticas fiscales.

Dicen que Biden está violando la 10ª Enmienda, que asegura que todos los derechos no concedidos explícitamente al gobierno federal “residen en los estados y el pueblo”.

Por el futuro de nuestra república, recemos para que los tribunales les den la razón.

Stephen Moore es periodista de economía, autor y columnista. El último de los muchos libros de los que es coautor es “Trumponomics: Inside the America First Plan to Revive Our Economy”. En la actualidad, Moore es también el economista jefe del Instituto para la Libertad Económica y la Oportunidad.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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