La manipulación e interferencia online de Beijing durante las elecciones

Por Marcus Kolga
07 de Octubre de 2019 Actualizado: 07 de Octubre de 2019

En los últimos tres años, un creciente ruido de alarmas nos ha advertido sobre la amenaza de las campañas de influencia extranjera rusa contra nuestras elecciones, nuestros medios de comunicación y nuestra democracia en Canadá.

Otros regímenes totalitarios malignos se han involucrado en operaciones similares para manipular nuestras percepciones en un esfuerzo por polarizar el debate y dividirnos. Y China no es la excepción.

En las últimas semanas, una masiva “operación de información respaldada por el Estado” dirigida al movimiento pro-democracia y a los activistas de Hong Kong fue detectada y expuesta por las principales plataformas de redes sociales, Twitter, Facebook y Google.

Twitter identificó unas 200.000 cuentas, muchas de las cuales “intentaban deliberada y específicamente sembrar la discordia política en Hong Kong, lo que incluía socavar la legitimidad y las posiciones políticas del movimiento de protesta sobre el terreno”. Según la investigación de Twitter, la mayoría de las cuentas y su actividad subversiva fue “respaldada por el Estado”.

Basándose en un consejo de Twitter, Facebook suspendió varias cuentas, grupos y páginas establecidas en China que exponían a miles de usuarios de Facebook a la desinformación destinada a socavar el apoyo al movimiento pro-democracia en Hong Kong.

Los canadienses que apoyan la democracia fueron blanco de amenazas publicadas en la plataforma WeChat, controlada por Beijing, y se confirmó que muchas de las contra manifestaciones por Hong Kong pro Beijing en ciudades canadienses fueron organizadas por los consulados chinos.

El flujo de asuntos de seguridad nacional que rodean a Huawei y que continúan dominando los debates de la red 5G en muchas naciones occidentales, incluyendo Canadá, también fueron expuestos a la manipulación de la propaganda y la desinformación del régimen chino. De hecho, los mismos relatos que fueron prohibidos recientemente por los gigantes de las redes sociales por atacar a los manifestantes de Hong Kong también están transmitiendo propaganda estatal sobre Huawei.

Los empleados trabajando en una tienda Huawei en Dongguan, China, el 9 de agosto de 2019. (Fred DufourAFP/Getty Images)

De hecho, incluso cuando no son ordenados directamente por Beijing la creciente presencia e influencia de los internautas chinos hipernacionalistas es cada vez más difícil de ignorar. Aunque son más agresivos en su volubilidad hacia sus compatriotas y expatriados, no hace falta mirar muy lejos para ver su impacto coordinado en todo tipo de debates de política pública relacionados con China.

Tomemos por ejemplo un reciente caso del “Gran Debate” de Toronto Star, un sitio web que presenta algunos de los principales asuntos de política pública con opiniones de expertos que abordan las posiciones por el sí y por el no de los temas a tratar. La cuestión era si “Huawei debía ser prohibido de las redes 5G canadienses”. El “sí” fue argumentado por Brian Lee Crowley, director gerente del Instituto Macdonald-Laurier, y el “no” por el exdiputado Stockwell Day, que es miembro del Consejo Empresarial Canadá China y miembro del consejo de administración de Telus. Los lectores además tenían la oportunidad de votar en qué lado del debate estaban con una simple encuesta.

En una reciente encuesta similar en el “Gran Debate” sobre si Canadá debería “ponerse duro con China” el lado del “sí” recibió un 84 por ciento de apoyo, con un total final de 493 sobre 93. Estos volúmenes de votos son bastante típicos para estos casos. Sin embargo, las cosas fueron muy diferentes para la encuesta de Huawei.

Inicialmente, la encuesta parecía estar dividida en proporciones razonablemente similares, con unos pocos cientos de votos en cada lado y luego el “sí” de Crowley recibió una fuerte mayoría. Sin embargo tras algunas presuntas publicaciones en WeChat realizadas por un aparente empleado de Huawei, así como las denuncias hechas por la interferencia de la embajada china de Ottawa, los resultados cambiaron radicalmente, con miles y miles de usuarios votando por el no, tomando por asalto la encuesta. 

En las últimas semanas, una vez que la polvareda se disipó, esta guerra por medio de una encuesta por Internet finalmente asentó los porcentajes donde se habían apuntado desde un comienzo. Con más de 16.000 votos y recontando, el lado del “sí” recuperó el apoyo con más del 60 por ciento.

Aunque puede haber una buena y obvia explicación para las características inusuales de esta encuesta, la mayor parte de la evidencia disponible inmediatamente apunta a la activación de los internautas chinos para tomar por asalto la encuesta. También se ajusta al conocido modus operandi de las telecomunicaciones chinas conscientes de la imagen y de sus amos en Beijing.

Ya sea que se trate de propaganda promovida por el régimen chino o por la propia compañía, -uno podría ser excusado por no poder distinguir la diferencia- los canadienses deberían cuestionar legítimamente los objetivos de estos agentes estatales y del ejército de internautas pro régimen que los promueven.

El problema no es el resultado de una encuesta en un sitio web de noticias canadiense; es más bien el hecho de que no hay nada que impida que estos mismos grupos extranjeros puedan perturbar e interferir en el entorno de información de Canadá durante las elecciones federales. Irónicamente, Toronto Star está bloqueado por las autoridades comunistas en China continental. Si no hubiera sido así, cualquier intento subversivo de tomar por asalto la encuesta habría tenido más éxito.

Así como el gobierno ruso ha utilizado a antiguos diplomáticos y académicos para defender y promover sus intereses y posiciones en Canadá, también lo hace China, aprovechando nuestro sistema político, nuestros intereses comerciales y los medios de comunicación de la diáspora china, así como también a cualquier persona de importancia que esté dispuesta a dejar de lado su conciencia moral y su lealtad a cambio de recibir un beneficio económico.

Los Estados malignos, como China y Rusia, que poseen tanto los medios como los motivos para manipular importantes debates nacionales, buscarán cualquier oportunidad para explotar nuestras libertades democráticas con el fin de ganar la partida.

Los canadienses deben estar alerta y vigilantes ante tales esfuerzos. La resistencia contra la desinformación extranjera comienza cuando somos conscientes de la información que estamos consumiendo y de las motivaciones de quienes defienden posiciones que no concuerdan con los intereses de Canadá.

Marcus Kolga es escritor, director de documentales y miembro principal del Centro del Instituto Macdonald-Laurier para el avance de los intereses de Canadá en el extranjero. 

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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