Más que una amenaza: China recolecta el ADN de los estadounidenses

Por Pingping Yu
14 de Abril de 2021
Actualizado: 14 de Abril de 2021

Opinión

En los últimos años, Estados Unidos se ha dado cuenta y ha llegado a un consenso de que China, con su ambición de lograr la dominación global y su total desprecio por la ética y la humanidad, se ha convertido en la amenaza número uno para Estados Unidos y el resto del mundo libre.

El espionaje por parte de China ha sido una amenaza conocida durante mucho tiempo, y cada día el mundo aprende un poco más sobre el amplio alcance del robo de información de China en muchos territorios. El descubrimiento más reciente es que China ha estado recopilando de manera abierta y discreta los datos de atención médica de Estados Unidos, en particular el ADN del pueblo estadounidense.

La primera señal de alarma oficial la realizó en mayo de 2020, el Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad (NCSC, por sus siglas en inglés), la cual emitió una advertencia pública: “Las potencias extranjeras pueden recopilar, almacenar y aprovechar información biométrica de las pruebas COVID”. Entorno a la pandemia y el malestar social, esto no recibió atención de los medios, hasta que un programa reciente de “60 Minutes” trajo el tema a un punto focal público.

En su episodio del 31 de enero, 60 Minutes informó que el coloso biotecnológico chino BGI se acercó a al menos seis estados, incluidos Washington, Nueva York y California, para ofrecer generosos paquetes de asistencia para pruebas de COVID, incluyendo la construcción y ejecución de laboratorios de pruebas de COVID de última generación, proporcionando experiencia técnica y equipo, e incluso donaciones—todo gratis.

El exjefe de NCSC, Bill Evanina, dijo a 60 Minutes que estaba tan preocupado por las propuestas de BGI que autorizó la advertencia sobre las pruebas de COVID por parte de empresas extranjeras. Evanina tiene muchas buenas razones para sentirse ansioso, entre ellas están los estrechos vínculos de BGI con el Partido Comunista Chino (PCCh) y el ejército chino.

BGI

BGI fue fundada en 1999 en Beijing por Wang Jian, un genetista chino que trabajó como investigador en varias universidades de EE. UU. entre 1988 y 1994.

El nombre de la empresa era Huada en ese momento y todavía usa Huada como su nombre chino. En sus primeros años, Huada dependía únicamente de la financiación del gobierno y luchó por conseguir fondos suficientes para sobrevivir. Su oportunidad llegó cuando el SARS golpeó en 2003. Huada fue la primera empresa en decodificar el genoma del virus del SARS y en crear un kit de detección del SARS. Esto ganó la atención y el apoyo de la alta dirección del PCCh. Más tarde ese año, la empresa fue “adoptada” por el establishment académico del PCCh y se convirtió en el Instituto de Genómica de Beijing de la Academia de Ciencias de China. Así es como obtuvo el nombre BGI por la que es conocida afuera de China.

Desde su nacimiento, BGI ha fomentado una cultura empresarial muy nacionalista y la lealtad hacia el PCCh. Wang Jian dijo una vez a la revista Founder Magazine que las paredes de su empresa estaban cubiertas con lemas como “Sirva lealmente al país”, en agradecimiento por los fondos del gobierno local.

En un borrador de solicitud para un fondo gubernamental de 800 millones de yuanes (122.2 millones de dólares), Wang no solo llenó las páginas con retórica al estilo del PCCh como “Ruego que se luche por los grandes planes del milenio del pueblo chino”, sino que declaró también que el propósito de su proyecto es “evitar que enemigos extranjeros inventen armas genéticas contra la raza china”. Él explicó a su interlocutor que no podía cambiar o eliminar la frase “armas genéticas”, ya que esto atraería a los líderes militares chinos.

BGI comenzó a ganar visibilidad internacional en 2010, pero no por logros científicos. Gracias a un préstamo de 90 millones de dólares del Banco de Desarrollo de China, de propiedad estatal, BGI compró 128 sistemas de secuenciación de Illumina, con sede en San Diego, el principal fabricante de equipos de secuenciación de Estados Unidos. La compra sigue siendo el pedido individual más grande de productos de secuenciación de la empresa.

El desarrollo a partir de este punto se parece aproximadamente al modelo de crecimiento típico de China en manufactura y TI. Con la ayuda de las máquinas y los servicios tecnológicos estadounidenses, junto con la mano de obra barata y el apoyo gubernamental, BGI se convirtió rápidamente en la fábrica de secuenciación de ADN del mundo y representó a más de la mitad de la capacidad de secuenciación mundial.

En 2012, BGI adquirió Complete Genomics, una empresa de secuenciación de ADN y fabricante de equipos. Los fondos para la compra de 117.6 millones de dólares se obtuvieron de capitales de riesgo chinos. Los capitales de riesgo en China son propiedad y están controlados por los “Principitos Rojos”, quienes son descendientes de segunda o tercera generación de los principales líderes del PCCh.

El CEO de Illumina, Jay Flatley, dijo al New York Times en 2012 que la venta “permitiría que el gobierno chino impulse la tecnología a un ritmo que ninguna empresa de EE. UU. podría igualar porque no tenemos acceso a tales fuentes de financiación”. Illumina intentó detener el acuerdo al ofrecer un precio más alto, pero fue rechazado debido a preocupaciones antimonopolio. Y también trató de presionar al Congreso para que planteara sus preocupaciones, pero no obtuvo gran respuesta.

En la industria de la salud, Estados Unidos había estado perdiendo mercado y empleos frente a China mucho antes de la pandemia. La experta y autora en atención médica, Rosemary Gibson, advirtió acerca del monopolio de China en el mercado de medicamentos genéricos de EE. UU. en su libro de 2018 “China RX: Exposing the Risks of America’s Dependence on China for Medicine” (“China RX: Exponiendo los riesgos de la dependencia estadounidense de China para la medicina”).

Gibson escribió: “En la década de 1990, Estados Unidos, Europa y Japón fabricaron el 90 por ciento del suministro mundial de los ingredientes clave para las medicinas y vitaminas del mundo (…) Los datos de la industria revelan que las empresas chinas formaron un cártel, se coludieron para vender productos en el mercado global a un precio inferior al del mercado y expulsaron del negocio a todos los productores estadounidenses, europeos e indios”.

Como resultado, las empresas farmacéuticas chinas han captado el 97 por ciento del mercado de EE. UU. de antibióticos y más del 90 por ciento del mercado de vitamina C. Estados Unidos cerró su última planta de penicilina en 2004.

El sufrimiento se sintió claramente al inicio de la pandemia cuando el mundo necesitaba desesperadamente mascarillas faciales. Los estadounidenses se dieron cuenta de que el 95 por ciento de sus suministros de mascarillas se fabricaban en países extranjeros, principalmente en China. Y China se estaba quedando con las mascarillas. La escasez puede ser y ha sido utilizada en contra de Estados Unidos: el emisor de China, Xinhua, amenazó en marzo de 2020 con prohibir la exportación de suministros médicos a Estados Unidos y ayudar a los ciudadanos estadounidenses en China a regresar a Estados Unidos como represalia por la prohibición de viaje por parte de la administración Trump. Si se trata de eso, decía el artículo, Estados Unidos se “ahogará en el océano del coronavirus”.

Los trabajadores producen mascarillas faciales para su exportación en una fábrica en Lianyungang, en la provincia de Jiangsu, en el este de China, el 26 de marzo de 2020. (STR/AFP a través de Getty Images)

La situación de la mascarilla puede ocurrir en el área del ADN. BGI tiene la tecnología, la capacidad, los fondos y la experiencia—está extendiendo rápidamente su presencia a nivel mundial. Según su sitio web, BGI realiza negocios en más de 100 países y áreas y tiene 11 oficinas y laboratorios en Estados Unidos. BGI “ha formado varias asociaciones con proveedores de atención médica y organizaciones de investigación de EE. UU. para proporcionar secuenciación genética a gran escala en apoyo a las labores de investigación médica”, según un informe de 2019 de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad de EE. UU. y China (USCC).

Aparentemente, BGI ve a COVID-19 como una oportunidad perfecta para profundizar su impacto en Estados Unidos. En una carta al gobernador del estado de Washington, Jay Inslee, Wang mencionó que BGI ya había donado productos a la Universidad de Washington y se ofreció a donar más “tan pronto como nuestro producto reciba la aprobación regulatoria”. Esto indica que BGI espera que el favor que ofrece los ayude a obtener aprobaciones más rápido o más fácilmente, o les dé una ventaja competitiva de alguna otra manera.

BGI representa una amenaza mayor porque no solo vende productos, sino que también recopila nuestra información más exclusiva y personal: el ADN. Muchas personas de la comunidad biotecnológica y del gobierno han expresado su preocupación por el acceso por parte de China a los datos del ADN estadounidense, principalmente por tres razones. En la entrevista de 60 Minutes, Evanina discutió el escenario muy probable en el que las empresas chinas podrán microorientarse a individuos estadounidenses y ofrecer soluciones personalizadas de atención médica preventiva basadas en su ADN. Evanina preguntó: “¿Queremos que otra nación elimine sistemáticamente nuestros servicios de atención médica? ¿Estamos de acuerdo con eso como nación?”

La segunda preocupación es que China puede usar el ADN para rastrear y atacar a individuos estadounidenses. Como escribe el informe de la USCC, “China podría apuntar a las vulnerabilidades en individuos específicos reveladas por datos genómicos o registros de salud (…) Las personas que son blanco de tales ataques probablemente serían personas identificadas estratégicamente, como diplomáticos, políticos, funcionarios federales de alto rango o líderes militares”. El Dr. Steven Mosher, presidente del Population Research Institute (PRI), considera que este es un escenario muy probable.

La tercera preocupación es que China puede diseñar armas biológicas para apuntar a los no asiáticos. Mosher describe cómo podría verse esto en su artículo “¿Qué hará China con su ADN”. Escribió: “Sabemos que el genoma asiático es genéticamente distinto del caucásico y africano en muchos aspectos (…) ¿Será posible que sea la bioingeniería de una versión muy virulenta de, digamos, la viruela, que fuera transmitida fácilmente, fatal para otras razas, pero a la que los chinos disfruten de una inmunidad natural? (…) Dada nuestra capacidad actual para manipular genomas, si se puede imaginar una arma biológica de este tipo, probablemente, con el tiempo y los recursos suficientes—se pueda realizar”. Si bien técnicamente esto será muy desafiante, y hasta ahora no hay pruebas de que se pueda crear un arma de este tipo, las consecuencias son demasiado graves como para ser ignoradas.

Sustracción de órganos

Pero hay otra razón que la mayoría de los estadounidenses ni siquiera conocen. En mi opinión, esta puede ser la motivación más fuerte y práctica para que China acumule ADN dentro y fuera de China. Esta razón es demasiado malvada para creer, sin embargo, ha estado sucediendo durante más de dos décadas y todavía continúa: la sustracción forzada de órganos.

Una representación actuada de la sustracción de órganos en China a los practicantes de Falun Gong, durante una marcha para poner fin a la persecución a Falun Gong. Ottawa, Canadá, 2008. (The Epoch Times)

China comenzó a construir su base de datos de ADN en 1999 a través de su sistema de seguridad pública, cuando el Comité Nacional de Estadísticas aprobó el proyecto “Base de datos de ADN criminal” dirigido por el Instituto de Medicina y Ciencia Forense del Ministerio de Justicia de China. El momento coincide con el inicio de la persecución a gran escala de los practicantes de Falun Gong y el inicio de la sustracción forzada de órganos a nivel nacional a practicantes encarcelados y a otros presos de conciencia.

Desde entonces, China ha ampliado el tamaño de su base de datos de ADN a una velocidad asombrosa. En 2003, la seguridad pública tenía menos de 100,000 registros. Aproximadamente en 2017, China lanzó una importante campaña para hacer cumplir la recolección de ADN en todo el país. En 2018, el tamaño de la base de datos se disparó a 70 millones de registros. Para poner esto en perspectiva, la base de datos de ADN del FBI, CODIS, se estableció aproximadamente una década antes que la de China. Para septiembre de 2020, ésta solo tiene alrededor de 19 millones de perfiles.

Hoy en día, la base de datos nacional de ADN no es poco común en el mundo y, por lo general, se utiliza con fines legales y éticos. Pero al igual que el Internet, las telecomunicaciones y otras tecnologías, una base de datos de este tipo puede utilizarse con malos propósitos en manos del PCCh.

En su Informe de 2019 sobre Libertad Religiosa Internacional: China, la Oficina de Libertad Religiosa Internacional de EE. UU. Citó a la Coalición Internacional de ONG para Poner Fin al Abuso de Trasplantes, concluyendo que “la sustracción forzada de órganos se ha cometido durante años en toda China a una escala significativa y que los practicantes de Falun Gong ha sido una—y probablemente la principal—fuente de suministro de órganos”.

Según múltiples fuentes, los trasplantes de órganos en China comenzaron a dispararse alrededor del año 2000. Hoy, China realiza más de 10,000 trasplantes de órganos cada año, la mayoría de los cuales son órganos vitales como hígados y pulmones. El tiempo promedio de espera para un órgano vital es de 2 a 4 semanas, en comparación con aproximadamente de 3 años en el resto del mundo. (pdf)

El crecimiento simultáneo de la base de datos de ADN y los trasplantes de órganos de China no es una coincidencia. Desde que se inició la represión de Falun Gong en 1999, millones de practicantes han sido detenidos en cárceles, campos de trabajo y prisiones. Cuando están detenidos, los practicantes de Falun Gong constantemente son obligados a realizar análisis de sangre y de órganos, mientras que otros prisioneros no.

Desfile de Falun Dafa en Manhattan, Nueva York, el 16 de mayo de 2019. (Samira Bouaou/The Epoch Times)

Además, la recolección de ADN no se limita a cárceles y campos de trabajo. Ha habido muchos artículos acerca de policías recolectando ADN por la fuerza en las casas de los practicantes de Falun Gong. En un artículo, tres miembros del personal de seguridad pública irrumpieron en la casa de Yang Guizhu, de 64 años, una trabajadora del gobierno jubilada en octubre de 2013, y exigieron recolectar la muestra de sangre de Yang para realizar pruebas de ADN. Tras su negativa, los tres hombres sujetaron a Yang por la fuerza y ​​obtuvieron su sangre.

Las minorías étnicas, como los uigures, también han sido víctimas de la sustracción forzada de órganos. En los últimos años, las autoridades chinas lanzaron varias campañas para recolectar sus ADN junto con otros datos biométricos. Desde 2016, todos los residentes de Xinjiang de entre 12 y 65 años se vieron obligados a entregar muestras de ADN y someterse anualmente a escáneres de retina y huellas dactilares, a nombre de “exámenes físicos gratuitos”, según Xinhua.

Desde fines de 2019, China ha recolectado ADN de residentes ordinarios. La policía se presentó en escuelas, aldeas y residencias para recolectar muestras de ADN y otra información, y las personas no tuvieron la opción de negarse.

Tales prácticas son impensables en otros países, y algunos países prohibieron el archivo permanente de registros de ADN para proteger la privacidad y los derechos humanos de los ciudadanos.

Aunque el mundo aún no sabe todo lo que China ha hecho o planea hacer con la enorme base de datos de ADN que ha construido en las últimas dos décadas, es cierto que no se debe confiar nuestra información a un régimen autoritario con un largo historial de crímenes de lesa humanidad.

Hasta el día de hoy, no existen restricciones formales acerca de las ventas de empresas biotecnológicas, tecnológicas y de equipos de EE. UU. hacia China, ni sobre las pruebas de ADN de EE. UU. en China, ni sobre la transferencia de información genómica de EE. UU. a ese país. Es momento de que el gobierno de EE. UU. y los legisladores analicen más a fondo este tema antes de que se produzcan más daños.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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