Mujer de Vermont, despedida y sin subsidio por negarse a vacunarse, se queda sin hogar y huye a Florida

"Fue simplemente porque enfrente a esta cosa de la vacuna"
Por Patricia Tolson
04 de Octubre de 2021 9:27 PM Actualizado: 04 de Octubre de 2021 9:27 PM

Karen “Kay Sea” Skau es madre soltera de dos hijos adultos, Zachary de 23 años y Colby de 21 años que vivía en Vermont. Había solicitado un úesto de trabajo en JK Adams en Dorset—fabricantes de tablas de cortar de cocina y bandejas para servir y vendedoras de una gran variedad de accesorios de cocina—, y fue contratada justo antes del Día de Acción de Gracias en noviembre de 2020. Habiendo sobrevivido a un matrimonio donde vivió maltratos físicos y a una endometriosis en fase cuatro— la cual requirió varias cirugías y la dejó incapacitada para trabajar—estaba orgullosa de finalmente poder valerse por sí misma.

“Este fue mi primer trabajo luego de 10 años, así que fue un reto tan grande para mí”, dijo Skau a The Epoch Times. “Como madre de dos hijos, volver a trabajar después de una enfermedad horrible fue algo muy importante para mí. Acababa de conseguir mi primer apartamento sola porque estaba pasando por un divorcio, así que fue un gran paso hacia la independencia. Mi matrimonio fue extremadamente abusivo, así que me tomó mucho tiempo superar todo eso y fortalecerme con mi confianza y todo”.

Skau amaba su nuevo trabajo. Dijo que la empresa era lo suficientemente grande como para que hubiera un buen número de personas, pero lo suficientemente pequeña como para “tener esa sensación de familia”. Trabajaba en el área de envío y recepción, que describió como “un trabajo muy físico”. Pero no le importaba.

“Cuando trabajo, trabajo”, dijo Skau. “Me encanta trabajar. Soy muy trabajadora”.

En muy poco tiempo, Skau incluso se ganó un aumento de sueldo. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que la política de la oficina comenzara a ensombrecer su satisfacción.

“La gente no fue muy amable conmigo porque yo no era de Vermont”, recuerda Skau. “Si no naciste allí te discriminan”.

Como Vermont es un estado azul sólido, sus compañeros de trabajo autóctonos también se sintieron ofendidos por sus opiniones políticas.

“Ellos sabían que yo era conservadora”, dijo Skau. “No lo oculté, pero tampoco se los echaba en la cara, y ellos sabían lo que pensaba sobre las mascarillas y esas cosas”.

Como empleada de JK Adams, Skau describió cómo se le exigía que respondiera a preguntas de salud todas las mañanas antes de que se le permitiera ingresar a la fábrica. Una vez dentro, dijo que “alguien no cualificado” le tomaba la temperatura “con un termómetro que era completamente inexacto cada vez”.

“Algunos días me dijeron que mi temperatura era de 94 grados y los miraba y les decía ‘sabes que eso es hipotermia, ¿verdad?’”, dijo Skau, “y ellos decían, ‘no, está bien. Estás bien’ Todo era una artimaña”.

Debido a las exigencias físicas de su trabajo, Skau eligió usar una mascarilla en forma de polaina, ya que la tela fina restringía menos su respiración. Cuando entraba a la fábrica, se ponía la mascarilla sobre la boca. Cuando llegaba a su estación y no había nadie cerca, se lo bajaba por completo.

“No voy a inhalar mis propios gérmenes todo el día”, dijo. “Es un trabajo muy físico y estás sudando todo el día”.

Karen ‘Kay Sea’ Skau (a la derecha de la flecha, fila de atrás) posa con otros empleados que usan mascarilla en una foto grupal en las instalaciones de JK Adams en Dorset, Vermont. (Foto cortesía de la página de Facebook de JK Adams)

A pesar de que muchos de sus compañeros de trabajo hicieron lo mismo, Skau dijo que fue sometida a comentarios y burlas todos los días porque no estaba siguiendo las reglas de las mascarillas. Luego llegó la presión para que se vacunara.

Aunque Skau nunca había dicho en voz alta que no estaba vacunada, cree que asumieron que no lo estaba porque sabían que era conservadora. Según Skau, solo había otra mujer en la fábrica que no había sido vacunada y las otras las presionaban a las dos a diario, recordándoles que no podrían ir a ningún lado sin tener un pasaporte de vacunas.

“Era como si todos los días me dieran sus comentarios pasivo-agresivos”, recuerda Skau. “Incluso personas como mi jefe estaban haciendo comentarios a mi alrededor y era tan obvio que comencé a temer ir al trabajo porque estaba harta de los comentarios. Pero no importaba lo que dijeran, no me iban a intimidar para que hiciera algo en lo que no creo”.

Si bien los chismes diarios, los comentarios y los desaires dejaron en claro que sus compañeros de trabajo no aprobaban sus posturas acerca de las mascarillas y el estatus de vacunación, Skau cree que fue su posición como conservadora y las actividades en las que estaba involucrada fuera del lugar de trabajo lo que más los irritó.

De hecho, Skau cree que fue su apoyo a los principios conservadores, y no su estatus de vacunación, lo que finalmente condujo a que la despidieran.

Karen ‘Kay Sea’ Skau es atendida por paramédicos luego de ser agredida en un mitin de Vermont Liberty en Vermont State House, el 15 de mayo de 2021. (Foto cortesía de Karen Skau)

Resultó que Skau había sido agredida luego de asistir a un mitin de Vermont Liberty celebrado en Vermont State House el 15 de mayo. Después de haber sido golpeada dos veces en la cara con la mano abierta, y nuevamente con un cartel político doblado y luego rociada con gas pimienta a los ojos—Skau se quedó en casa el lunes siguiente para recuperarse de sus heridas. Un medio de comunicación local cubrió el incidente.

Mientras se recuperaba en casa, Skau recibió la noticia de un correo electrónico. El correo electrónico, obtenido exclusivamente por The Epoch Times, fue enviado a “Todos los empleados” por el director ejecutivo de JK Adams, Daniel Isaac.

En el correo electrónico, Isaac dijo que, si bien el gobernador de Vermont, Phil Scott, había “relajado la orden de la mascarilla para las personas completamente vacunadas”, JK Adams “decidió permanecer precavido antes de tomar una decisión final”. Por lo tanto, la gerencia ahora estaba pidiendo a todos los empleados “completamente vacunados” que “muestren su tarjeta de vacunación”.

Un correo electrónico del 17 de mayo de 2021 del director ejecutivo Daniel Isaac de JK Adams en Dorset, Vermont, solicitando a todos los empleados “completamente vacunados” que mostraran voluntariamente su tarjeta de vacunación. (Foto cortesía de Karen Skau)

“Esto no es obligatorio, pero esto nos permite determinar si aquí en JKA tenemos inmunidad colectiva”, aseguró Isaac. “Esta información será confidencial y se utilizará únicamente con fines estadísticos. Puede acudir con Mary o Lisa con su tarjeta de vacunación y ellas tomarán nota de las fechas. Nuevamente, esta información se mantendrá confidencial”.

A pesar de recordar a los empleados que el gobernador había “relajado el requisito del uso de la mascarilla para las personas completamente vacunadas”, Isaac informó a “todos los empleados” que “aquí en JKA deben seguir usando su mascarilla”.

Si bien el correo electrónico suponía que la solicitud no era obligatoria, Skau dijo que “la presión estaba ahí” y, para ella, la solicitud en sí era “la línea en la arena”.

“Yo no iba a hacer esto. No iba a seguir ese camino. No iba a seguir jugando a sus juegos. Cuando empiezan a pedir a la gente información sobre las vacunas, tengo un problema con eso”.

A pesar de sus temores, Skau se fue a trabajar la mañana del 18 de mayo, sabiendo que se vería obligada a tomar partido. Entró sin responder las preguntas de salud diarias requeridas y evitó que le tomaran la temperatura inexacta y, aunque no parecieron darse cuenta por un tiempo, no pasó mucho tiempo antes de que el supervisor llegara “con sus dobles mascarillas” y le dijera tenía que tomarle la temperatura.

Ella le dijo que hoy no lo iba a hacer y se quedó en su puesto y siguió trabajando. Poco después, el superior jerárquico llamó a Skau a su despacho preguntándole “¿qué está pasando?”.

Skau le dijo que no estaba bien que le exigieran información sobre vacunas y que ella ya no estaba dispuesta a cumplir. Ella le dijo que sabía que las mascarillas no funcionaban y que nada de esto estaba bien y le recordó cuántas veces le había dicho que era una de las mejores trabajadoras que tenía. Ella le dijo que estaba dispuesta a trabajar, pero que no le iba a dar ninguna información sobre su salud ya que no creía que fuera de su incumbencia.

Después de la discusión, Skau volvió a su puesto. Tres horas después, la llamaron a la oficina de Daniel Isaac, el director ejecutivo de JK Adams.

“Básicamente me dio una larga conferencia diciéndome que estaba decepcionado conmigo y que así era como tenía que ser”, dijo Skau.

Ella le dijo que su información de salud no era asunto suyo.

Fue entonces cuando Isaac le entregó a Skau un papel.

Un formulario de rescisión predeterminada al 18 de mayo de 2021 emitido por el director ejecutivo de JK Adams, Daniel Isaac en Dorset, Vermont, entregado a Karen Skau cuando regresó al trabajo, lo que implica que estaba siendo despedida por negarse a cumplir con la política de mascarillas de la empresa. (Foto cortesía de Karen Skau)

“El 18 de mayo de 2021”, comenzó la declaración curiosamente anterior, “Karen Skau se negó a cumplir con la política de uso de mascarillas de JK Adams según lo ordenado por la Orden Ejecutiva No. 01-20 del estado de Vermont. “Estoy de acuerdo con esta declaración”, concluyó el formulario sobre la línea de la firma, “sin admitir ninguna infracción”.

Después de negarse a firmar el formulario, Skau fue despedida tajantemente. Al regresar a casa, Skau inmediatamente solicitó el desempleo. Durante tres meses, la oficina de desempleo le aseguró que todo estaba bien, hasta hace dos semanas, cuando le informaron de que le habían denegado las prestaciones.

“Ellos dijeron no calificas porque fue tu culpa que te despidieran”, dijo Skau. “Entonces, debido a que me opuse a la orden de vacunación, no me van a dar subsidio por desempleo”.

“Por eso estoy en Florida ahora”, dijo Skau.

En un esfuerzo por pagar el alquiler, Skau dijo que se vio obligada a encontrar trabajos de poca relevancia que estaban “fuera de los libros”. Pero finalmente perdió su apartamento. Después su coche se averió. Al encontrarse sin hogar y sin transporte, Skau se marchó a Florida, donde ella y sus dos gatos ahora viven en un dormitorio en la casa de la madre de su novio, “todo por esto”.

“Esta era mi oportunidad en la vida, para salir adelante y vivir de forma independiente”, se lamentó Skau. “Sabe, hice mi trabajo lo mejor que pude y no dejaban de decirme lo bien que me estaba desempeñando en mi trabajo. Entonces no fue porque fuera una mala empleada. Fue simplemente porque me enfrenté a esta cuestión de las vacunas y dije, no más”.

The Epoch Times se puso en contacto varias veces con Isaac para pedirle una declaración, pero dijeron que “JK Adams Company Inc. no comenta sobre asuntos de personal o políticas y procedimientos internos”.


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