No podemos controlar lo que sucedió, solo lo que pasará después

Nuestro único poder real es la capacidad de elegir cómo respondemos a los caprichos de la vida.
Por JAY HARRINGTON
27 de Enero de 2021
Actualizado: 27 de Enero de 2021

Todos conocemos a personas así: cuando sucede algo malo, lo primero que hacen es culpar a alguien o algo más. Es algo que no tiene sentido, ¿verdad?

Pero seamos honestos: todos somos esa persona, al menos algunas veces, y probablemente más a menudo de lo que nos gustaría admitir. Ciertamente me cuento entre los que, a pesar de saberlo mejor, me descubro tomándome el crédito cuando las cosas van bien y buscando un chivo expiatorio cuando no.

A todos nos vendría bien mirarnos en el espejo para examinar si nuestra propia acción o inacción jugó un papel cuando las cosas no salen como queremos. Pero muchas veces suceden cosas malas que, de hecho, están completamente fuera de nuestro control. ¿Y entonces, qué?

Una respuesta natural y comprensible es lamentar la injusticia de todo esto. Culpar a la mala suerte. Aceptar que la baraja está en contra nuestra. Creer que somos defectuosos de alguna manera.

Está bien tener estos sentimientos. Pero es cómo actuamos en respuesta a circunstancias negativas, a pesar de nuestros sentimientos, lo que determinará el arco de nuestras vidas. ¿Seremos arrastrados hacia abajo, cargados de pesar y recriminaciones? ¿O nos elevaremos, reconociendo que tenemos poco control sobre lo que sucede, pero control absoluto sobre cómo reaccionamos ante lo que sucede?

Esta cruda elección binaria juega un papel importante en la determinación de si vivimos vidas empoderadas y enriquecedoras o fatalistas e impotentes. Y es una elección con la que nosotros, como especie, hemos luchado durante milenios.

Hace miles de años, el filósofo estoico griego Epicteto escribió:

“La tarea principal en la vida es simplemente esta: identificar y separar asuntos para poder decirme claramente cuáles son los externos que no están bajo mi control y cuáles tienen que ver con las elecciones que realmente controlo. ¿Dónde, pues, busco el bien y el mal? No a lo externo incontrolable, sino dentro de mí a las elecciones que son mías… “.

Más recientemente, el teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr capturó el mismo sentimiento en la Oración de la serenidad, escrita en 1933, que nos anima, en parte:

“Aceptar las cosas que no puedo cambiar;
Valor para cambiar las cosas que puedo;
Y sabiduría para saber la diferencia.
Viviendo un día a la vez;
Disfrutando un momento a la vez;
Aceptar las dificultades como el camino hacia la paz…”.

Un año de externalidades como ningún otro

Una de las lecciones más importantes de la vida, que es terriblemente difícil de internalizar, es que no tenemos poder sobre las circunstancias externas. Nuestro poder reside, exclusivamente, en nosotros mismos.

En ningún momento de mi vida ese mensaje ha sido más urgente y destacado que en el desafiante año 2020. Desde el COVID-19 y el malestar político/cultural hasta la incertidumbre económica y el aislamiento prolongado, nos hemos visto azotados por desafíos implacables ―en su mayoría no creados por nosotros— durante este tumultuoso año.

Para muchos de nosotros, incluido yo mismo, la noción de ceder el control, de dejar ir, ante estas circunstancias parece contradictoria y contraproducente.

Pero dejar ir no significa quedarse de brazos cruzados. Significa reconocer que no podemos hacer nada para afectar lo que sucedió, pero sí mucho para influir en lo que sucederá después, ya sea en nuestra vida personal o en el mundo que nos rodea.

Cuando intentamos controlar lo incontrolable, nos robamos la capacidad de experimentar alegría, estar presentes, estar disponibles y marcar la diferencia en el futuro.

Cada vez que nos enfrentamos a un desafío de este tipo, podemos ―y debemos― elegir cómo responder. Estos son los momentos “cruciales” de la vida que determinan nuestra felicidad. En la escalada en roca, la parte más difícil de cada escalada se llama “quid”. Es el lugar de la pared rocosa en el que la mayoría de los escaladores fallan.

¿Seguir adelante o retroceder? La elección es nuestra.

Jay Harrington es autor, abogado convertido en empresario y dirige una marca de estilo de vida inspirada en el norte de Michigan llamada  Life and Whim. Vive con su esposa y tres niñas en un pequeño pueblo y escribe sobre cómo llevar una vida con propósito y orientada al aire libre.


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