Olvídate de la escuela: “Solo lee”

Por ANNIE HOLMQUIST
10 de Marzo de 2021
Actualizado: 10 de Marzo de 2021

La verdad está saliendo a la luz.

Ayer escuché a una maestra de escuela pública y madre de varios niños expresar una opinión sincera sobre la educación durante la pandemia. Ella señaló que el trabajo escolar varía según el profesor y el distrito escolar, ya que algunos no hacen casi nada, mientras que otros envían enormes carpetas de hojas de trabajo. Sobre estos últimos, dijo con disgusto: “¡Solo es trabajo pesado!”.

No parece ser la única madre que lo nota. A medida que el periodo de educación improvisada en casa se alarga de semanas a meses y más padres dejan de lado la eduación escolar para sus hijos, explica Leslie Brody en The Wall Street Journal. Entre otras cosas, los padres se sienten frustrados por los profesores que les recuerdan continuamente a los niños que se laven las manos o que vayan a clase, o por las clases de matemáticas que “acaban en lágrimas” porque son “demasiado aburridas y repetitivas”.

Algunos padres están probando una nueva estrategia, informó Brody:

“Jessica Sansone, instructora de Pilates en Brooklyn, dijo que su hijo de cuarto grado, Mateo, se conecta a las reuniones virtuales de 30 minutos con sus compañeros de clase todos los días, pero ella le permite deshacerse de la mayoría de las tareas. Se divide el día en sesiones de media hora para estructurarlo, lo que le permite saltarse la escritura para que pueda leer sus libros favoritos, como la serie de fantasía sobre dragones “Wings of Fire”. Dice que su profesor lo ha apoyado”.

Creo que tiene razón. Tanto es así que me atrevo a sugerir que los padres dejen que sus hijos más pequeños abandonen el colegio durante los próximos meses.

Casi puedo oír las críticas y se preguntarán:”¿Cómo podemos defender que retrasen a los niños aún más en una época en la que se está perdiendo terreno académico a pasos agigantados?”.

No lo entienden. No estoy defendiendo que los niños abandonen la escuela y se atrasen más. Por el contrario, creo que los niños pueden salir adelante con este plan.

El asunto es el siguiente. Después de estudiar métodos y prácticas educativas durante varios años, he llegado a la conclusión que una de las mejores cosas que pueden hacer los padres es enseñarles a sus hijos a convertirse en aprendices de por vida. ¿Cómo se hace eso? Muy sencillo. Enseñeles a leer y a amar a los libros. Si saben hacer esas cosas, se les abre todo un mundo de aprendizaje.

Tampoco soy la única que opina así. Sarah Mackenzie en su libro: The Read-Aloud Family (Lectura en familia en voz alta),  observa que los padres y las escuelas matan el interés natural de los niños por la lectura al obligarlos a ajustarse a listas de libros obligatorios o a repasar el contenido de un libro mediante informes o exámenes.

“Lo hacemos sin darnos cuenta, y lo hacemos con las mejores intenciones” aseguró Mackenzie, “pero las buenas intenciones pueden acabar en desastre”, agregó

“Los adultos que conozco que leen por placer no hacen maquetas, ni hacen pruebas de comprensión de textos, ni escriben ensayos de cinco párrafos sobre el conflicto o el tema principal de una historia. Los verdaderos lectores disfrutan de los libros que despiertan su interés y su curiosidad. Hablan de ellos con sus amigos. A veces se unen a clubes de lectura. En esas reuniones del club de lectura, pueden disfrutar de comida y bebida mientras discuten preguntas abiertas. Hacen preguntas que ayudan a todos a reflexionar más profundamente sobre el libro y sobre lo que el autor podría haber estado tratando de decir. Cuestiones sobre lo que el libro podría estar diciéndonos”.

¿Puede funcionar este método? ¿Podemos realmente arriesgar el futuro de nuestros hijos sacándolos de sus improvisadas clases online y haciéndolos leer en su lugar?

Para obtener una respuesta, señalo el relato de Mackenzie sobre Jonathan Auxier. A pesar de vivir en una familia amante de los libros, Jonathan tenía problemas con la lectura. Para tratar de corregirlo, la madre de Jonathan lo sacó de la escuela y comenzó a educarlo en casa durante el tercer grado.

“El requisito principal”, escribe Mackenzie, “era que leyera durante tres horas al día”.

“A Jonathan no le dijeron que su madre lo había sacado de la escuela para ayudarlo a enamorarse de los libros. Pero ella se dio cuenta sabiamente de que Jonathan solo aprendería a amar la lectura si la desvinculaba de las tareas escolares. Necesitaba mucho tiempo para leer, y necesitaba la oportunidad de elegir los libros que quería leer, no solo los que se le asignaban. También sabía que Jonathan tenía que asumir la identidad de lector por sí mismo. Ella no podía hacerlo por él. Todo lo que podía hacer era establecer las circunstancias para que fuera más probable que ocurriera”.

¿Funcionó? Teniendo en cuenta que Jonathan volvió a la escuela al año siguiente como un “gran lector” y que finalmente se convirtió en un “premiado escritor de novelas de nivel medio”, creo que se puede decir que sí.

Así que deleite a sus hijos más pequeños. Dígales que están libres de la escuela por el resto del año. Pero en lugar de eso, deben leer. Haga que lean los libros que les gustan, que lean algunos libros que usted elija o que escuchen audiolibros mientras dibujan o construyen creaciones de Lego o hacen tareas.

En medio de su horario de tareas, lean libros juntos en familia. Hablen de ellos en la mesa. Escriban novelas de ficción a partir de las historias que leen. Represente una escena favorita de un libro. Convierta ciertas frases en palabras de moda con las que su familia pueda reírse. ¿En general? Diviértanse.

Quizás sus hijos lo sorprendan cuando todo esto termine. En lugar de estar atrasados, sus hijos podrían estar adelantados.

Annie Holmquist es editora de Intellectual Takeout, una revista online y publicación asociada de Chronicles. Este artículo se publicó originalmente en Intellectual Takeout.


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