Örgeli: Fabricar un acordeón a la manera suiza

Cada Schwyzerörgeli requiere 3500 piezas. Es un trabajo meticuloso y delicado
Por WIBKE CARTER
22 de Julio de 2021
Actualizado: 22 de Julio de 2021

En Suiza existe un sonido diferente a todos los demás, que rara vez cruza las fronteras del país. No, no me refiero al tictac de millones de relojes o al tintineo de los cencerros, sino a los tonos musicales creados por el örgeli. El schwyzerörgeli, como se denomina correctamente, es un tipo de acordeón de botones diatónico utilizado en la música folclórica suiza. Örgeli es la forma diminutiva de la palabra orgel (órgano). En un país de solo 8.5 millones de habitantes, muy pocos saben cómo construir este delicado instrumento, que consta de unas 3500 piezas distintas.

El acordeón llegó a Suiza en la década de 1830, poco después de su invención en Viena. Las primeras versiones eran instrumentos de botones diatónicos de una o dos filas. Hoy en día, un schwyzerörgeli típico tiene 18 botones de bajos dispuestos en dos filas (una para las notas graves y otra para los acordes mayores), y 31 botones de agudos dispuestos en tres filas. La diferencia entre un acordeón normal y el schwyzerörgeli es que la dirección del aire, hacia dentro o hacia fuera, produce dos tonos diferentes. El tono único se llama “schwyzerton”, y fue este sonido el que fascinó a Rudolf Reist desde el principio.

Antiguos örgelis. (Reist AG)

“Siempre me ha cautivado cómo puede producuirse una música tan hermosa”, dice Rudolf. “Cuando estaba en tercer grado, desmonté mi primer örgerli y tuve que pedirle a nuestro criado los seis francos para comprarlo”. Hijo de un agricultor, aprendió a tocar el instrumento sin tomar nunca clases, y cuando cayó en la penuria económica en 1966, empezó a construir örgelis en su tiempo libre.

Una diferencia brillante

Pero, ¿cómo podía hacer que su instrumento se diferenciara de todos los demás que ya existían? Rudolf Reist tuvo la brillante idea de fabricar los tubos de las llaves de agudos, que controlan el flujo de aire, de metal en lugar de madera. La diferencia era significativa, ya que las piezas metálicas garantizaban un efecto sonoro consistente en condiciones de humedad. Un buen amigo suyo, un camionero, salió a la ruta con los primeros örgelis de Reist, y pronto la elegante artesanía y el bello sonido del instrumento se ganaron una reputación más allá del valle Emmental.

Cada instrumento consta de 3500 piezas distintas. (Wibke Carter)

Los örgelis pronto tuvieron una gran demanda, y tras fundar su propio negocio en 1974, ayudado por su mujer y su hijo mayor Fritz, Rudolf consiguió construir 35 instrumentos en el primer año, seguidos de 70 al año siguiente. A finales de la década de 1970, la lista de espera se había ampliado a seis años. Originalmente, se tardaba unas 250 horas en construir un örgeli, aunque hoy en día se ha reducido a unas 150 horas, ya que ahora se pueden fabricar algunas piezas de forma mecánica.

“Cada instrumento es único y personalizado”, explica Hansruedi Reist, que fundó su propio negocio en 1986 para ocuparse de los “modelos especiales” en los que su padre y su hermano mayor no querían trabajar.

“Nuestros clientes todavía tienen que esperar unos dos años para recibir su örgeli, aunque una vez que lo tienen tienden a conservarlo para siempre”, afirma.

Andreas Liechti afina una placa tonal. (Wibke Carter)

El örgeli más antiguo que existe tiene más de 130 años y todavía se puede tocar.

Además de las ventas en Suiza, algunas piezas se exportan a Canadá, Estados Unidos y Corea del Sur, donde la música folclórica suiza es sorprendentemente popular. “Una vez recibimos a un joven que había viajado desde Seúl para recoger su örgeli. Y cuando lo probó, tocó de maravilla. Todo el equipo se quedó boquiabierto”, ríe Hansruedi.

Afinación de la placa metálica. (Wibke Carter)

Poseer un instrumento tan personal, por supuesto, tiene su precio. Los örgelis más baratos parten de unos 3700 dólares, y los más caros pueden costar hasta 15,000 dólares. Los clientes pueden elegir entre varios atributos, como el tamaño, el color, la madera, los botones, los adornos y el tono.

Los örgelis actuales son mucho más complejos, pero también más ligeros y bonitos, ya que se han hecho más populares entre las mujeres en las últimas décadas. Además, los örgelis mantienen su valor no solo porque Hansruedi Reist los vuelve a comprar para dárselos a nuevos clientes interesados, sino también porque son productos de calidad que duran mucho tiempo si se les hace un mantenimiento regular. A veces, el oriundo de Emmental encuentra piezas construidas por su padre, o incluso otras más antiguas acaban en su colección de antigüedades.

El örgeli Kat 3374. (Reist AG)

El proceso de producción

La historia de un örgeli comienza varios años antes de su producción, ya que la materia prima más importante es la madera. Hansruedi Reist recorre los bosques en busca de árboles de veta perfecta, principalmente arce o abeto. La madera fresada se deposita en almacenes durante 10 años, y luego se cortan las piezas más pequeñas y se guardan en depósitos mantenidos a un 55% de humedad y a temperaturas de entre 64 y 68 grados Fahrenheit. Una vez que las piezas de madera precortadas están completamente secas, la producción del instrumento, que dura seis meses, comienza finalmente con la puesta a punto en la carpintería. Las piezas se pulen, los diseños se marcan con láser y se perforan los agujeros para las válvulas y los botones.

Rudolf Reist con el profesor de acordeón Gottfried Strahm. (Reist AG)

En esta fase del proceso de producción, muchas piezas se pegan y se premontan. Una vez montadas todas las lengüetas metálicas con placas y las piezas de cuero para los respiraderos, comienza la etapa de afinación en una sala especial hasta conseguir el sonido perfecto. Este proceso, bastante engorroso, se reparte por igual entre los miembros del equipo de Reist. Y luego, finalmente, se puede armar todo el örgeli, lo que parece más fácil de lo que es porque muchas piezas personalizadas son específicas de cada instrumento en particular y no se pueden mezclar.

“Desgraciadamente, el oficio de artesano del acordeón ya no existe”, dice el empleado Roland Gerber, que trabaja para Reist desde hace casi 20 años.

“Toma proximadamente un año y medio en poder construir un örgeli y nunca resulta aburrido. Siempre existe la ambición de construir un acordeón mejor la próxima vez”, dice.

Roland Gerber en su trabajo. (Wibke Carter)

En 1989, Hansruedi terminó de inventar su “Turbo-Örgeli”, al que siguieron los modelos “One”, “Junior” y “Light”. El modelo “Pequeño” es el schwyzerörgeli más pequeño que existe. Aunque ofrece la escala de afinación completa de un instrumento normal, cabe en una mochila.

Hansruedi Reist no tiene planes de bajar el ritmo ni dejar de mejorar sus queridos örgelis, pero se quitó un peso de encima cuando sus dos hijos gemelos, Samuel y Richard, se unieron al negocio hace unos años para continuar la tradición familiar. Y cuando Rudolf pasa por el taller cada dos días, para “un poco de supervisión, un chiste divertido o algún ajuste”, tres generaciones de la familia Reist llevarán el sonido del valle Emmental al mundo en los años venideros.

Wibke Carter es una escritora de viajes originaria de Alemania. Ha vivido en Nueva Zelanda y Nueva York, y actualmente disfruta de la vida en Londres. Su sitio web es WibkeCarter.com.


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